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"Éste es el discípulo que ha escrito estas cosas, y su testimonio es verdadero"
Hispanos Católicos en Estados Unidos /Homilías Mons. Enrique Díaz

Por: Mons. Enrique Díaz | Fuente: Catholic.net

Hoy parece concluirse la misión de Jesús en las dos lecturas que nos ofrece la liturgia, pero a través de sus discípulos. En la primera lectura encontramos a Pablo, en una especie de prisión pero predicando con toda libertad el Reino de Dios y explicando la vida de Jesús.

En el evangelio nos encontramos a San Juan que  junto a Pedro sigue a Jesús pero sobre todo que en la conclusión de su evangelio nos ofrece su testimonio como discípulo. Pablo y Juan se han transformado en verdaderos seguidores de Jesús y su testimonio suscita nuevas conversiones y mueve el corazón de sus oyentes, aunque ellos tengan que sufrir por el evangelio.

Lo grandioso es que ambos se mantienen fieles y ofrecen su experiencia de Jesús. Se sienten testigos de Jesús y presentan su doctrina y manifiestan ante todo su resurrección. Al cerrarse este ciclo de Jesús y prepararnos para abrir el ciclo del Espíritu, quedamos abiertos a esta nueva fuerza que nos mantendrá en un dinamismo constante para manifestarnos como discípulos.

La misión de los discípulos continúa en nuestros días y tanto Aparecida como los últimos documentos del Papa Francisco, nos insisten en esta necesidad de evangelizar y renovar la fe en nuestros ambientes. Nos dice que no puede ser verdadero discípulo quien no proclama el Evangelio. México necesita una profunda renovación de su fe y de sus valores. México necesita que el evangelio impregne nuestras culturas y nuestros ambientes para transformarlos y salir adelante de las situaciones de injusticia, narcotráfico y violencia en que nos encontramos.

Sólo viviendo el evangelio lograremos transformar nuestra realidad. Los testigos, los discípulos del evangelio y del Reino, ahora somos nosotros y tendremos que aportar, con entusiasmo y coherencia, nuestra proclamación del mensaje de Jesús. Preparémonos a recibir el Espíritu Santo que nos llenará de su fuerza y de su luz. Que esta víspera de Pentecostés se escuche nuestro clamor: “Ven, Espíritu Santo, llena nuestros corazón con tu luz divina”