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"Claves para Educar a la Generación del Yo"
Educadores Católicos /La Misión del Educador

Por: Alejandro Llano | Fuente: interrogantes

Los problemas con los que me voy a enfrentar en esta breve intervencin se inscriben en el mbito ms amplio de la crisis de integracin social que padecen los actuales pases democrticos de nuestro entorno. Junto a una cierta satisfaccin con las libertades pblicas y el progreso econmico, experimentan estas sociedades fenmenos de disidencia, marginacin, paro, violencia e, incluso, terrorismo, que provocan el generalizado sentimiento de que "algo no marcha". Y eso que no acaba de ir bien se manifiesta con especiales relieves en el campo de la educacin de las generaciones jvenes.

Tiempo de efervescencia y descoordinacin afectiva, la adolescencia constituye un tramo clave en la formacin de la personalidad, no slo porque en l tienen lugar fuertes traumas que condicionan a veces el curso de la vida, sino sobre todo por que es el momento en el que comienzan a despuntar los ideales que muchas veces impulsarn el resto de la existencia individual. Se ha dicho, con razn, que una vida lograda es un ideal vislumbrado en la edad juvenil y realizado en la madurez.

Todos los conocedores de la psicologa evolutiva sealan la emergencia del yo, de la autoconciencia vital diferenciada, como uno de los fenmenos ms caractersticos de la primera juventud . Al tiempo que consideran que el normal desarrollo de esta conciencia de la propia identidad desemboca en el descubrimiento de la alteridad, de la realidad de esos otros que tambin pueden decir "yo", as como de un entorno ms amplio que el familiar o escolar: un mbito que cabe denominar social y, en un sentido ms estricto, ciudadano o cvico.

Pues bien, la integracin en ese territorio de ms dilatados horizontes se ha problematizado de una manera nueva y sorprendente a partir del final de los aos sesenta. La conciencia del "yo" individual se ha exacerbado o, al menos, descompensado en toda una generacin, a la que se ha denominado precisamente la me generation o "generacin del yo".

De la fiebre del sbado noche a la movida

Pero la crisis histrica cuya fecha de partida convencional es mayo del 68 ha adquirido una importancia mucho mayor de la que habitualmente se le concede. Han desaparecido, en buena parte, los fenmenos ms clamorosos de la revuelta estudiantil de aquellos aos. Los jvenes, se dice, ya no son revolucionarios: presentan ms bien rasgos de conformismo acrtico y de consumismo desbocado. Pero sigue presente la resistencia a integrarse en un tipo de sociedad que ya no consideran como suya y tambin permanece el individualismo que les lleva a desconfiar de la presunta capacidad de acogida de una sociedad cuya dureza materialista les desagrada profundamente. Por eso, como ha dicho Lustiger, "los jvenes acampan fuera de la ciudad". Si antes se entregaban a la "fiebre del sbado noche", hoy la "movida", que se prolonga hasta bien entrada la maana, triunfa tambin en la noche del viernes y comienza a extenderse hasta el mismsimo jueves.

Por qu los jvenes prefieren la noche tarda, la madrugada incluso? Quiz porque se es un tiempo vaco, libre, no sometido a los convencionalismos de una sociedad aburguesada, con la que no se sienten identificados. Si acaban por integrarse en ella, a edad ms tarda cada vez, lo harn en muchos casos sin grandes ilusiones, con planteamientos que seguirn siendo individualistas, y que raramente incluyen proyectos ambiciosos de tipo cultural, religioso o poltico.

A mi juicio, ninguno de estos fenmenos es casual o pasajero. Responden a la quiebra de todo un modelo social propio del capitalismo tardo, al que se suele llamar "Estado del Bienestar". Lo caracterstico de este paradigma es el dominio unilateral de los factores polticos, econmicos y mediticos que configuran lo que los socilogos denominan "tecnosistema" o "tecnoestructura". Se trata de una imbricacin entre Estado, mercado y medios de comunicacin social, en la que los medios de intercambio simblico son el poder, el dinero y la influencia persuasiva. Por consiguiente, lo caracterstico de tal configuracin social es que las transacciones decisivas se producen entre poder y dinero, dinero e influencia, influencia y poder.

Se trata de intercambios annimos y, a veces, opacos. De manera que la corrupcin generalizada que afecta a los pases del entorno -tambin a Espaa, aunque afortunadamente aqu ya empiecen a estar lejanos los peores aos de este fenmeno- no es una especie de desajuste o trastorno pasajero, sino que est posibilitada y no pocas veces casi exigida por la propia estructuracin social.

No es extrao que de manera ms habitual que consciente los jvenes, que comienzan desde temprana edad a descubrir la ndole descarnada y cnica de ese entramado, sientan escaso aprecio por l y teman (en lugar de esperar) su integracin en un ambiente social poblado por ese tipo de personas que, a comienzos del siglo XX, el socilogo alemn Max Weber anticip que secan "especialistas sin alma, vividores sin corazn".

A los jvenes les faltan maestros

Pero enseguida habra que preguntarse si la vigencia de este modelo social imperante es fatal, sin alternativa posible. Y mi respuesta es, desde luego, negativa. No solamente es deseable que esa configuracin de la sociedad industrial moderna d paso a comunidades de vida ms humanas y solidarias. Es que ese trnsito, aunque de forma escasamente advertida, ya se viene produciendo en las dos ltimas dcadas. Al cambio de mentalidad que este paso supone lo denomin en su momento "nueva sensibilidad" y, en los aspectos sociales que ahora nos ocupan, lo denomino "humanismo cvico".

El humanismo cvico que propugno se caracteriza porque, frente al modelo tcnico y annimo de una sociedad de masas, propugna la revitalizacin de las comunidades ciudadanas y la activa participacin en la esfera pblica. Es una nueva cultura de la responsabilidad cvica, que se opone tanto al estatismo agobiante como al economicismo consumista, pero que tambin rechaza el narcisismo individual, el cual lleva a no pocas personas a refugiarse en el cerco privado y a desentenderse de lo que antes se llamaba "bien comn" y hoy se denomina con menor fortuna "inters general".En mi opinin, toda propuesta de formacin cvica de las generaciones jvenes se ha de plantear desde una visin del hombre y de la sociedad en la que se valore por encima del dinero, del poder y de la influencia la dignidad intocable de la persona humana y su derecho y deber a participar en las cuestiones sociales y polticas que a todos nos afectan, y que comprometen el futuro de esas vitalidades que se estrenan en la vertiente nueva de la juventud. Las personalidades jvenes se hallan hoy, por lo general, casi completamente desasistidas en lo que concierne a esa preparacin tica y cultural que podra capacitarles, no tanto para integrarse en un tinglado mecnico y desmotivador, como para lanzar sus propias propuestas de regeneracin social y de perfeccionamiento humano. A los jvenes actuales les faltan autnticos maestros.

Aprender el oficio de la ciudadana

Lo primero que habra que decir de la formacin ciudadana es que no consiste en una informacin terica que hubiera que impartir en unas clases determinadas del curriculum escolar. Se trata de aprender el oficio de la ciudadana. Porque, efectivamente, la ciudadana es una especie de saber artesanal, hecho de capacidades de dilogo, de mutua comprensin, de inters por los asuntos pblicos y de prudencia a la hora de tomar decisiones. Se trata de un conocimiento prctico que slo se puede adquirir en comunidades vitales cercanas a las personas mismas, como son la familia, el colegio, la parroquia, o la Universidad. El aprendiz de ciudadano se integrar realmente en tales comunidades si descubre que en ellas hay unas prcticas que apuntan a lo bueno y lo mejor, si vislumbra que son grupos armnicos y abiertos que valoran a las personas por s mismas y que tienen finalidades de mejora tica y social.

Dicho de otro modo, la educacin cvica slo se logra cuando la joven o el joven se inserta en un ethos, es decir, en una ambiente frtil, moralmente denso, humanamente acogedor, que abra caminos para la autorrealizacin y sea capaz de suscitar el entusiasmo en quienes tienen la vida por delante. El ethos es la sntesis de bienes, virtudes y normas que se entrelazan para configurar un "estilo de vida", una cultura, un modo panormico de percibir el entorno social y el mundo fsico. No es un conjunto de reglas de comportamiento ni un artilugio pedaggico ms o menos sofisticado. El ethos es vida: es como el poso y el peso que se va depositando cuando se vive intensamente de acuerdo con una convicciones que superan con mucho las convenciones tpicas de la sociedad burguesa, en la que lo ms importante es "guardar las apariencias".

La sociedad del espectculo

Segn ha dicho recientemente Ratzinger, la realidad hace superflua la apariencia. Y esto adquiere una importancia crucial en una sociedad poblada de simulacros, como es la "sociedad del espectculo" en que vivimos. En la sociedad como espectculo lo que se valora es el brillo, es decir, la prestada claridad, el reflejarse y el resbalar de las luces artificiales por la superficie de objetos niquelados. En cambio, una sociedad que vive a fondo de su tica y de su cultura no valora el brillo, sino el resplandor, la luminosidad que brota del alma al rostro, la impronta exterior de una vida interna rica y cultivada. El brillo es artificial, aparente y superficial; el resplandor es natural, real y hondamente humano.

Si se puede decir que hoy estamos maleducando a toda una generacin, desde el punto de vista cvico, es porque les enseamos a que valoren el brillo y ni siquiera aprecien el resplandor. Les estamos induciendo a que piensen de acuerdo con la razn instrumental y no les dejamos sosiego ni libertad para que se esfuercen en ejercitar la inteligencia meditativa. Recapacitemos por un momento en el tipo dominante de mensajes que reciben hoy las chicas y los chicos. Tanto la familia como la escuela y los medios de comunicacin les impulsan, sobre todo, a valorar el xito individual, sin advertir que, como dice Leonardo Polo, "todo xito es prematuro". En cambio, se les disuade de embarcarse en empresas que les comprometan a servir a los dems, y que no estn encaminadas a triunfar rpidamente, sino a alcanzar una vida lograda desde la perspectiva tica, que es la nica que ofrece valores absolutos.

Poder decir tonteras en cinco idiomas

La propia enseanza reglada pone todo el nfasis en los procedimientos. Se habla, por ejemplo, de "aprender a aprender". Pero se deja sin contestacin o ni siquiera se formula la pregunta clave: "aprender, qu? Los contenidos son lo de menos, se arguye, porque pueden encontrarse en cualquier base de datos. Lo importante es que estos jvenes, llamados a vivir en la sociedad de la informacin, dominen las nuevas tecnologas informticas y telemticas que van a poner a su disposicin inmediata todo el saber disponible en el mundo entero. Tan vano y falso planteamiento hace cada vez ms actuales los versos de T. S. Eliot en los coros de La roca:Dnde est la sabidura que se nos ha perdido en conocimiento? Dnde est el conocimiento que se nos ha perdido en informacin?Como deca (injustamente) el castizo Miguel de Unamuno del cosmopolita Salvador de Madariaga, "es capaz de decir tonteras en cinco idiomas".

Pensemos un momento, por favor, en el enorme esfuerzo y la gran cantidad de dinero que se pone en que los muchachos y las chicas espaoles aprendan a malhablar el ingls, la lingua franca del siglo XXI. Si recala uno durante el verano en los aeropuertos de Londres, Dubln, Nueva York o Chicago, le parecer que se ha trasladado como por arte de magia al patio de un colegio de Madrid, Bilbao o Jerez de la Frontera o, peor an, a algn pub o discoteca para espaolitos menores de edad. Si, como el avin de Iberia se retrasa, entabla uno conversacin con esos jvenes, no dar crdito al conjunto de vulgaridades y tpicos que han sido capaces de recolectar durante ese mes carsimo transcurrido en alguna poblacin de lengua inglesa. No se les pregunte por la poltica de Tony Blair, el problema del Ulster o la economa americana, porque sencillamente son temas que ignoran. Eso s, estn completamente "al loro" de lo ltimo en msica pop y en marcas de zapatillas deportivas, vaqueros o cazadoras. Ni uno solo ha ledo un libro, en cualquier idioma, durante esas semanas, y desde luego tienen otros proyectos ms interesantes para el resto de las vacaciones de verano.

Informtica e ingls, como preparacin para estudiar empresariales o ingeniera, y conseguir as una buena posicin econmica. En esto se agota el panorama cultural y social que se suele abrir ante las prometedoras inteligencias, potencialmente infinitas, de quienes pronto tomarn el relevo en la direccin de la cosa pblica y de las empresas privadas. Que se hizo del frondoso rbol de las ciencias? Dnde quedan las humanidades clsicas y los grandes libros? Qu fue de los ideales para cambiar el mundo que germinan en la primera juventud? Se ignora: no saben, no responden. Sobre base tan somera es inviable que se desarrolle una formacin ciudadana, reducida hoy a ser una pintoresca lnea transversal de la ESO.

La marginacin de las disciplinas ms formativas

El humus, la tierra frtil, donde podran asomar los primeros brotes de un humanismo cvico, es precisamente el cultivo de las Humanidades, es decir, de la Historia, la Filosofa, la Literatura, el Arte, las Lenguas Clsicas. Tan maltratadas estn que incluso algunos polticos se han dado cuenta del tremendo error que se est cometiendo al marginar las disciplinas ms formativas de los programas de estudio, tanto en la Enseanza primaria y secundaria como en la Universidad. Pero ya se ha visto a lo que ha conducido la vampirizacin poltica de un tema tan serio, de cuyo recuerdo slo quedan las lgrimas de la valiente Ministra de Educacin, cuando rechazaron su interesante proyecto en un Congreso de los Diputados donde el "Marca" parece ser la lectura de mayor consumo.

Se ha empezado a notar qu sucede cuando una chica o un chico conocen perfectamente su "entorno", dominan la vida de los hroes locales, hablan de corrido el bable asturiano, utilizan la jerga de la semitica y la teora de conjuntos, pero no saben nada de historia universal, Shakespeare no les suena, ni siquiera en ingls, y cuando se les pregunta qu significa cogito, ergo sum y quin pronunci tan famosa frase, responden: "Me han cogido, yo soy", Jesucristo en el huerto de los olivos.

El olvido de las Humanidades conduce a la incomunicacin, la incomunicacin lleva al aislamiento, y el aislamiento como advirti Hannah Arendt es pretotalitario. La mejor manera para asegurarse de que nadie piense algo "polticamente incorrecto" por ejemplo, que hay que tratar a los emigrantes magrebes como a seres humanos es sencillamente que no piense. Muerto el perro, se acab la rabia. Y as tendremos la paz de los cementerios y de las crceles.Las Humanidades facilitan que se logren cuatro metas educativas de la mayor trascendencia: 1) La comprensin crtica de la sociedad actual; 2) La revitalizacin de los grandes tesoros culturales de la humanidad; 3) El planteamiento profundo de las cuestiones fundamentales que afectan a la vida de las mujeres y de los hombres; 4) El incremento de la creatividad y la capacidad de innovacin. Y estas finalidades poseen hoy la mayor actualidad.

Porque, sorprendentemente, el gran desarrollo de los sistemas informticos no se ha debido, como inicialmente se pens, a la construccin de poderosas mquinas de calcular, sino al proceso de textos desarrollado sobre todo en ordenadores porttiles o microcomputadores. La cultura postliteraria que se anunciaba para el final del milenio se ha transformado en un mundo poblado de libros, en el que el personaje del ao 2000, segn la revista Time, es precisamente un librero: el promotor y presidente de Amazon, la librera virtual a la que se puede pedir cualquier libro desde cualquier lugar del mundo, y adems llegan pronto y sin excesivo gasto.

Los padres, los polticos, los educadores, tienen que plantearse muy a fondo esta cuestin, en la que nos jugamos nuestro futuro inmediato. No podemos olvidar algo que se lleva experimentando con indudable xito desde hace un veinticinco siglos, es decir, dos milenios y medio. Y eso que no debemos dejar que se pierda es la realidad de que las mentalidades jvenes slo podrn formarse en el oficio de la ciudadana si se logra que su educacin sea un simbiosis con las grandes creaciones de nuestra civilizacin occidental. Sera una lstima que ahora que existen los medios tcnicos para que todos los ciudadanos conozcan los fundamentos de la cultura en la que viven, dispersaran su vida en espectculos, aficiones y entretenimientos sin sustancia alguna.

Abrirse a otras vidas

El gran acervo de ideas, creencias, valoraciones y narraciones acerca de la vida del hombre en sociedad se encuentra en los grandes libros, en los clsicos antiguos y modernos. Al leer esos libros, nuestra vida se abre a otras vidas, reales o imaginadas, en las que se reflejan los tipos bsicos de personas y de comportamientos, las situaciones ms hondas en las que las personas pueden encontrarse, los discursos y hazaas que nos han conducido a ser lo que somos. Esos grandes libros mejoran tanto al que por ellos transita que le hacen capaz de entender la riqueza humana que tales obras literarias o filosficas contienen.

El conocimiento de la Literatura, de la Filosofa y de la Historia nos ayuda a distinguir lo pasajero de lo permanente, lo esencial de lo accidental, lo humano de lo inhumano, el bien del mal. La mujer y el hombre de muchas y buenas lecturas es difcil que caiga en los extremos del dogmatismo o del escepticismo, del relativismo o del fanatismo. Porque aprender que en el ser humano conviven una vocacin sublime y una profunda miseria, que el hombre supera infinitamente al hombre, y que no hay soluciones automticas o puramente tcnicas para los problemas sociales.

Las Humanidades nos descubren los maravillosos secretos del lenguaje, como vehculo del pensamiento e instrumento de comunicacin. Nos ensean a hablar y a escribir correctamente, no como los guionistas o locutores de radio y televisin que martirizan da tras da, hora tras hora, el pobre idioma castellano, mejor usado hoy en los pases hispanoamericanos que en su tierra natal, la "espaciosa y triste Espaa".

Una tragedia familiar: "Mam, quiero estudiar filosofa"

Deca Jorge Luis Borges que un caballero slo defiende causas perdidas. Y yo s bien que casi perdida est la causa de un cultivo de las Humanidades que, como deca el Beato Josemara Escriv, implica la supremaca del espritu sobre la materia. Porque resulta que una chica que lee mucho "es un poco rara", mientras que el chico que se pasa las horas tontas ante la televisin o con los videojuegos hace lo que corresponde a un muchacho de su edad. No digamos la tragedia familiar que se produce cuando la chica en cuestin dice que quiere estudiar Filosofa y Letras, en lugar de una carrera de provecho, que la ayudar a labrarse un porvenir seguro (y aado por mi cuenta aburrido o tal vez desgraciado).No es prudente tampoco que los jvenes tomen, en su inmadurez, decisiones de tipo social o religioso que puedan condicionar su futuro. En cambio, no parecen tan inmaduros a la hora de iniciarse en las prcticas menos virtuosas y ms disolventes que la sociedad de consumo les brinda hoy en bandeja, sobre todo cuando pueden disponer sin esfuerzo de unas cantidades de dinero que superan el salario mnimo interprofesional.

La formacin cvica es asunto estrechamente relacionado con la adquisicin de las virtudes morales e intelectuales: la fortaleza, la prudencia, la sabidura, la templanza, el arte y la justicia. Las virtudes son excelencias del carcter que no se pueden desarrollar a travs de una enseanza meramente terica. En realidad, como decan los filsofos griegos, las virtudes no se pueden ensear: slo se pueden aprender. Lo cual equivale a decir que el protagonista de la educacin no es el padre, la madre, la profesora o el profesor: el gran protagonista y autoresponsable de su educacin es el propio educando, es decir, el hijo o el alumno.

Queremos a los jvenes?

Por ello es imprescindible que nos tomemos a los jvenes en serio. Como deca el maestro Corts Grau, a la juventud hoy se la adula, se la imita, se la seduce, se la tolera... pero no se la exige, no se la ayuda de verdad, no se la responsabiliza... porque, en el fondo, no se la ama. Y esto es, en definitiva, lo que los jvenes sospechan y, aunque no se atrevan a declararlo, proceden en consecuencia.

El amor noble y normal de padres y maestros para con los jvenes est siendo sustituido por el emotivismo, por la inundacin afectiva, por esas demostraciones de cario tan ostentosas como superficiales que se aprecian por ejemplo en las paradas de los autobuses escolares: tal parece que los nios y la nias partieran como voluntarios hacia Kosovo, de donde no se sabe si volvern vivos, o al menos no afectados por las radiaciones de las cabezas de misiles americanos y britnicos. La familia es algo mucho ms serio que esa carga de sentimentalismo que hoy padecemos. La familia es una escuela de vida personal y social, en la que el modo de existir en cada edad va aprendiendo de los modos de existir de las dems edades. El nio aprende de jvenes y adultos. Los jvenes de nios y viejos. Y los viejos aprenden de todos y a todos ensean, si es que no se les ha internado en eso que un colega mo llama "ancianarios". De ah que sean tan interesantes y formativas las familias numerosas, en las que todos aprenden de todos, continuamente, cuestiones esenciales acerca del mundo y de la sociedad.Si me permiten esta confesin personal a m que no me puedo poner como ejemplo de nada yo no cambiara a mis ocho hermanos y hermanas por nada de este mundo. De mis padres y de ellos he aprendido casi todo lo que s acerca del hombre en sociedad. Por lo que se refiere a la educacin cvica, tambin aprend bastante durante los aos que viv en un Colegio Mayor Universitario. De manera que, desde hace unos treinta aos a esta parte, el mundo no me ha enseado nada esencialmente nuevo. Y, por supuesto, cuando cruc el umbral de la Universidad de Madrid, tras vencer la correspondiente resistencia paterna a que estudiara Filosofa y Letras, yo tena muy claro que deba participar activamente en la vida intelectual y poltica de la Universidad, entonces en ebullicin, lo cual me proporcion experiencias, aventuras y riesgos que como saben mis amigos y mis alumnos son tan sorprendentes como largas de contar.

Ms voluntad de aventura de "arriesgar la vida"

Me temo que el actual modelo de vida familiar y escolar aunque sea ms libre y menos severo presenta un cierto carcter unvoco y montono, que no facilita precisamente el crecimiento en las virtudes ciudadanas. La sociedad de hoy parece pensada a la medida del adulto infantilizado, se que compone las millonarias audiencias de programas televisivos con encefalograma plano. Deberamos tener ms voluntad de aventura, ms capacidad de riesgo, ms disposicin para esa actitud que Teresa de vila sintetizaba en la expresin "arriesgar la vida".Para "arriesgar la vida", la virtud ms necesaria es, paradjicamente, la sobriedad, la templanza. Porque el exceso de comodidades y satisfacciones materiales embota la imaginacin y la facultad de sorprender y dejarnos sorprender. Mucho ms interesante que ese estado en el que "no falta de nada", es la actitud de estrenar la vida cada da, de no dejarse atrapar por la rutina y la mediocridad. Quien no sufre alguna carencia material se encuentra en la situacin que los griegos llamaban apatheia, es decir, apata. No sentir ni padecer es una de las mayores desgracias que a uno le puede deparar la vida y uno de los peores legados que se pueden transmitir a las generaciones jvenes. Con lo cual tambin est ntimamente relacionada la virtud de la justicia, especialmente en su aspecto social, con relacin a los ms pobres y necesitados. Es un autntico escndalo que una sociedad democrtica y bsicamente cristiana tolere que haya unas diferencias de nivel de vida clamorosas y, adems, crecientes.

La formacin cvica ha de enraizarse en un ambiente de libertad, en un modo austero de comportarse, en actitudes estables de servicio, en hbitos de compartir lo que se tiene con los que ms lo necesitan, en la fortaleza para denunciar la injusticia y no ser cmplices de la corrupcin, en el compromiso de decir siempre la verdad... aunque se hunda el mundo, como decimos en Navarra. "Una palabra de verdad vale ms que el mundo entero", reza el proverbio ruso que Solzenytsin incluy en su discurso para la recepcin del Premio Nobel del Literatura, ceremonia a la que las autoridades soviticas le prohibieron asistir. "Qu puede la verdad contra la rueca de la violencia?", se preguntaba Solzenytsin en aquel discurso que nunca pronunci. A la actitud de amor a la verdad siempre le cabe decir que no: mientan todos ustedes, pero no cuenten para ello con mi colaboracin; finjan que son honrados mientras participan en la corrupcin, pero hganlo sin mi ayuda; pliguense dcilmente a leyes inmorales que permiten el dominio de los ms dbiles por parte de los ms fuertes, pero les anticipo mi desobediencia civil; difundan los medios de comunicacin social todo tipo de falsos estereotipos acerca de instituciones y personas intachables, pero no esperen que yo les crea ni me haga eco de sus insidias y sectarismos. Desde luego, vivir el humanismo cvico resulta peligroso, pero como deca Platn es un "bello riesgo".Una actitud as, de seria rebelda ante los poderosos de este mundo, no se puede mantener si no es con la ayuda de Dios. Por eso, el humanismo puramente secular o laico acaba en la inconsistencia y en el drama. La religin es el lazo de solidaridad ms fuerte que une a personas de las ms distintas condiciones e ideas. Y el cristianismo no slo nos habla acerca de la verdad, sino que es la Verdad misma, encarnada por Jesucristo, que al mismo tiempo es Camino y Vida. Al menos en una tradicin histrica y religiosa como la nuestra, no es posible una formacin cvica sin un slido fundamento cristiano. Lo cual no quiere decir que se haya de profesar el cristianismo porque es socialmente positivo. Ms bien resulta socialmente positivo porque, como ha escrito Michel Henry en Cest moi la verit, el cristianismo es la Verdad misma, la verdad que libera, que se hace Vida y Camino para quienes se atreven a vivir como hijos de Dios. Claro aparece, entonces, que las exigencias sociales del cristianismo, sus demandas cvicas, sern mucho ms altas y certeras que las que pueda transmitir cualquier doctrina cientfica, tica o poltica.

Una visin cristiana de la vida

La visin cristiana de la vida pone en el centro el amor a los dems, la solidaridad de quienes forman un slo Cuerpo y saben que la salvacin no es un asunto individualista. Todos dependemos de todos, en un sentido muy profundo y esencial. Por eso, una educacin cvica cristiana y humanista ha de fomentar lo que Alasdair MacIntyre llama en su ltimo libro "virtudes de la dependencia reconocida", entre las que se encuentran la generosidad, el agradecimiento, la compasin, el cuidado de discapacitados o enfermos, la alegra, la solidaridad y, en ltimo trmino la misericordia o piedad.

La propia independencia, la libre actuacin personal, slo se logra desde la base de la dependencia, y nunca la elimina del todo. Porque la libertad humana no consiste en la carencia de vnculos, sino en la calidad de esos vnculos y en la fuerza vital con la que uno los acepta y permanece fiel a ellos.

La completa independencia o personal autonoma es una ficcin que ya apuntaba en la satisfecha autarqua propuesta por la tica griega, y que se consider como el gran ideal humano en la Ilustracin moderna, especialmente en su versin kantiana. Las derivaciones actuales de este planteamiento son el utilitarismo y el emotivismo, que muchas veces se presentan asociados entre s. El que es a un tiempo utilitarista y emotivista, piensa que slo hay dos tipos de motivos para decidir la propia conducta. Uno de ellos es la eleccin racional, la rational choice, el clculo de la mayor cantidad de bien posible para el mayor nmero de gente posible, aunque se presente el problema de qu gnero de bienes hemos de valorar ms o menos, y resulta difcil decidir a qu gente se procura beneficiar, si especialmente a m mismo y a los que me rodean, o bien a los que ms lo necesiten; y si hemos de primar a los actuales habitantes del planeta, o hemos de comportamos de modo que no dejemos una tierra contaminada y desertizada a los que vengan despus.

El otro tipo de motivacin es el que procede de los sentimientos de simpata hacia otras personas; pero este emotivismo inmediato, si no est ordenado por hbitos morales firmemente adquiridos, conduce al relativismo tico y a la arbitrariedad sentimental.

Est claro que tales planteamientos utilitaristas y emotivistas (dominantes en la tica actual) no dan cuenta de las relaciones mucho ms diversificadas y abiertas que realmente se establecen entre las personas humanas. Nos encontramos en un continuo proceso de dar y recibir, casi nunca sometido estrictamente a la crispacin egosta del do ut des. La mayor parte de nuestras relaciones interpersonales no estn motivadas ni por el clculo racional ni por emociones inmediatas, sino que responden a relaciones de amistad, de familia o de trabajo, en las que muchas veces y en algunos casos durante largo tiempo ayudamos a otros sin esperar nada a cambio, o lo que quiz es ms difcil de aceptar nos dejamos ayudar sin expectativas de poder devolver los favores en el futuro. Si los humanos slo hiciramos lo que pensamos que nos conviene o lo que enciende nuestras emociones inmediatas, casi todo quedara por hacer; la sociedad se parara, porque habra una gigantesca huelga de brazos cados. Como han demostrado recientemente economistas que han merecido el Premio Nobel, las actividades que realizamos con mayor atencin y cuidado son precisamente aqullas por las que no recibimos ninguna retribucin econmica. Y, adems, no es cierto que si todos buscan su inters egosta, resultar de la suma y difusin de esos beneficios el inters general. Tal planteamiento neoliberal no funciona, entre otras cosas porque como ha sealado Amartya Sen en situaciones de extrema miseria (que afectan hoy da a un tercio de la poblacin mundial), las personas no estn en condiciones de pararse a pensar cul es su inters, presionadas como se hallan por encontrar el puro y simple sustento diario.

Slo hay una tica

En la base de no pocos de estos errores tericos y prcticos se halla la separacin entre tica pblica y tica privada. La tica pblica sera puramente procedimental, y se agotara en el cumplimiento de las normas constitucionales y en el respeto al derecho positivo. En cambio, la tica personal se vera relegada exclusivamente al cerco privado, sin ninguna manifestacin poltica o econmica. Cuando lo cierto es que slo hay una tica que, ciertamente, presenta aspectos privados y aspectos pblicos, que no son delimitables entre s de modo neto, ni se deben separar de manera drstica. Si alguien no es honrado o limpio en su vida personal o familiar, ser muy raro que se comporte con honestidad en la esfera pblica, porque le faltar el temple moral necesario para acometer acciones que sean a la vez justas y arduas, o para evitar comportamientos que seducen por su encanto inmediato pero acaban por corromper a las personas y perjudicar gravemente al bien comn. Y, a su vez, si alguien no se conduce rectamente en el nivel pblico, ese desgarramiento existencial se traducir rpidamente en las relaciones ms ntimas y personales, segn se manifiesta en la inestabilidad familiar de no pocas personas que estn obligadas por la autoridad que representan a tener una conducta intachable en el terreno personal.La formacin ciudadana presenta, por lo tanto, un carcter tico con esenciales proyecciones polticas, en el ms amplio sentido de esta palabra. El hombre bueno ha de procurar, simultnea e inseparablemente, ser tambin un buen ciudadano, lo cual sobre todo en el caso de regmenes injustos no siempre supone el dcil seguimiento de las normas establecidas, sino puede implicar la resistencia civil que lleve a no cumplir leyes que prescriben o permiten comportamientos intrnsecamente malos, como es el caso del aborto provocado, la eutanasia, la retribucin insuficiente del personal subordinado, el maltrato a extranjeros y emigrantes, el abuso de menores o la difusin indiscriminada de material pornogrfico.Reducir la moral al mbito exclusivamente personal, familiar o profesional, con abandono de la esfera estrictamente pblica, es un enfoque burgus y completamente insuficiente de la tica. Nadie puede ser moralmente bueno en una campana de cristal, entre otros motivos porque tales reductos incomunicados ya no existen. En la nueva sociedad del conocimiento y la informacin se registra un altsimo grado de complejidad, segn el cual los mensajes pblicos estn penetrando continuamente en el terreno privado, y las personas particulares han de tomar todos los da decisiones que afectan a otra mucha gente. Por otro lado, la inteligencia y el carcter de las personas se manifiestan ms claramente en un entramado global de redes ciberespaciales que un mundo de mquinas y altas chimeneas.

Lo que demanda la sociedad que est surgiendo en nuestras manos a comienzos del nuevo milenio es una nueva ciudadana, mucho ms activa y responsable, en la que las personas no se conformen con ser convidados de piedra en el concierto pblico, sino que ejerciten con energa y decisin su libertad social, su responsabilidad cvica y su creatividad cultural. Los nuevos ciudadanos, quienes habrn de tomar el relevo de la cosa pblica dentro de pocos aos, tendrn el honor y la carga de configurar ese mundo tan distinto al actual de una forma hondamente humana. Para ello necesitan aprender una asignatura que no est en los libros de texto ni se puede incluir en los planes de estudio. La formacin cvica se adquiere como por smosis en la familia, en el colegio, en la Universidad, en las relaciones de parentesco y de vecindad. Esto pone en primer trmino la necesidad del buen ejemplo. Slo el que conviva con buenos ciudadanos aprender a ser un buen ciudadano. En esta disciplina, todos somos maestros y discpulos a un tiempo. Cada uno de nosotros debe pensar: que no sea yo el que les falle.


Revista "Nuestro Tiempo", I-II.01