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Pensamiento en la civilización de la comunicación
Comunicadores católicos /Ética y valores en la Comunicación

Por: P. Felipe Santos sdb | Fuente: .


Pensar es un verbo de capital importancia en la civilización de la comunicación.

Hay quien dice que la búsqueda del sentido es algo típicamente cristiano. Quizá. Sería en todo caso un punto a favor de cuantos tienen la fortuna de creer que su esperanza no engaña.

La búsqueda del sentido no se detiene sólo en pedir una explicación al dolor, la enfermedad, la muerte, a los instantes desesperanzados que constelan la vida de todos y que, hoy, han tomado la dimensión de enfermedad social con el nombre de depresión.

Hay millones de depresivos en España. Esto debe recordarnos que algo no funciona en nuestro modelo de vida. Y se da la circunstancia de que creemos que es el mejor y que vale la pena exportarlo a otros lugares.

La búsqueda de sentido parece en apariencia menos intensa cuando experimentamos la felicidad.

No obstante, no cesan las preguntas que se hacen aquellos que viven la frágil felicidad. No es fácil que la felicidad sea duradera incluso cuando se transforma en egoísta, es decir, vivida a solas.

Todo el mundo anhela que la felicidad sea estable y que, ante los problemas que tiene que afrontar, no se sienta perdida.

En la película “La Strada” de Fellini hay una mujer de apariencia a la que le gusta mirar las estrellas y le dice a su compañero: Tú no piensas. Y como tú hay muchos que han perdido el hábito del pensamiento.”.

Si se observa a nuestro derredor, nos daremos cuenta de que existen fatuos interese que nos convencen de la existencia de paraísos más o menos artificiales hacia los que se encaminan las personas de cualquier edad.

Cuando se piensa en el futuro de la sociedad que nos rodea, en la europea y mundial, nos quedamos un tanto perplejos acerca de la calidad de este futuro terrenal.

PENSAR
Pensar se convierte en verdad en algo importante, así como el aprendizaje de pensar siempre, en cualquier parte, sea de la manera que sea y sobre todo, el pensamiento es un espacio educativo por excelencia.

Nos ayuda a hacernos preguntas de sentido incluso cuando vivimos momentos de felicidad, ya que és se refleja o manifiesta efímera y huidiza. La búsqueda de sentido va más a lo profundo y eleva el corazón y la mente hacia lo indecible que nos ofrecen las coordenadas del día a día.

Pensar y saber pensar nos garantiza el gusto por la libertad. El miedo al pensamiento es propio de los regímenes dictatoriales y de las personas autoritarias.

Hoy también se sufre porque existe un pensamiento
único dominante que no sólo llega a globalizar sino que también lleva a reducir la libertad, la igualdad y la justicia.

Hoy se busca el control de las mentes, de la cultura...ya unos cuantos deciden en nombre de todos.

Se nota en la confrontación de los adultos y de los jóvenes. El joven se siente frustrado ante esta situaciones que padecen los adultos y buscan la pedagogía del diálogo y de la escucha.

Pero la edad joven es se transforma en una gran lección respecto a la búsqueda del estilo de sentido.

Son jóvenes que se plantean preguntas sin tener en cuenta el desencanto de los mayores.

El debilitamiento de la pérdida de sentido conduce y lleva a la falta de dinámica de la propia existencia. Es como perder poco a poco la brújula o el faro orientadores.

También hay que saber dar respuestas a las preguntas que se hacen los niños. Hay que saber responderles con palabras convincentes y con la certeza de que se vive una vida con sentido pleno. Sin pensamiento todo va a la deriva.


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