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Encuentro con un sacerdote anciano
Clero /Hombres de la Iglesia

Por: Eva González Suñer |


Nunca antes había oído unas palabras tan hermosas sobre la vida, la fe y el amor a Cristo. La sencillez de cada gesto y la humildad de cada opinión, durante ese largo rato de entrevista, me hicieron sentir admiración por este anciano tan joven de espíritu y tan activo en su servicio a la Iglesia.

Podía adivinarse el largo camino en su entrega diaria al amor de Jesucristo. Toda una vida dedicada a la obediencia y al trabajo apostólico. Una vida por Cristo que, al final de su jornada, mostraba con más fuerza que nunca, la coherencia de su misión.

Sentido de vida que le ha llevado a amar al Papa como cabeza de la Iglesia y representante de Cristo en la Tierra. Amor, honesto en palabras y lúcido en pensamientos, que agradecía sin cesar el gesto amable de La Carta a los Ancianos.

Sacerdos ha entrevistato a Mons. Pietro di Fabio, párroco de S. Michele Arcangelo en Guarcino, un pequeño pueblo de la provincia de Frosinone, ciudad a 100 km. de Roma. Mons. Pietro Di Fabio actualmente está a cargo de dos parroquias, y celebró sus bodas de oro sacerdotales el año pasado.

¿Qué sentido tiene para usted que el Papa escriba una carta refiriéndose a los ancianos?

Pienso que es la carta más bonita que el Papa ha escrito jamás. En ella encontramos palabras de acercamiento e identificación para con todas las personas de edad avanzada. Es una carta llena de humanidad en la que nuestro Santo Padre expresa sus más hondos sentimientos de forma realista y sin especulaciones, haciendo una evaluación del paso del tiempo.

¿Por qué una carta tan directa y personal?

Porque desde el principio ésta ha sido unas de las características que han definido al Papa Juan Pablo II. Se trata de un hombre optimista que siempre ha tenido valor para saber cómo denunciar la realidad.

¿Qué le ha impactado más de la carta?

Las constantes referencias a citas bíblicas. En todas ellas habla del respeto a los ancianos como fuente de sabiduría y experiencia. Gente que pudiendo estar a la sombra de la mirada divina ésta los recuerda resaltando su ancianidad como algo maravilloso, en algunos casos concediéndoles milagros. Recordemos casos tan singulares como el de Abraham y Sara (con la concepción de su hijo), Moisés (como legislador), Zacarías e Isabel, y tantos otros del Nuevo Testamento.

Dios saca de cada hombre los mejores talentos, al margen de la edad que tenga.

¿Qué reflexión saca de ella?

Que debemos dar gracias a Dios, porque a la luz de la Bíblia, en la ancianidad todo converge: el sentido de la vida, la sabiduría del corazón… la ancianidad consiste en la etapa donde toda enseñanza de vida descansa y consigue, a su vez, la bendición divina. Podría decirse que la longevidad aportaba a cada persona la bendición de Dios. El reconfortante testimonio de esta carta es que Dios saca de cada hombre los mejores talentos, al margen de la edad que tenga.

¿Es alentador para usted que el Papa se dirija especialmente a la tercera edad?

Por supuesto, somos los grandes abandonados y muchos están llenos de nostalgia por el tiempo pasado. Mire usted, los recuerdos del pasado no nos deben traer tristeza. Debemos dar gracias a Dios en todo momento por el don de la vida. Dios nos ha estado instruyendo durante toda nuestra juventud y al final de nuestros días no nos va a abandonar. Es ahora, al mirarle tan de cerca, cuando debemos magnificarle y agradecerle, más que nunca, todos sus beneficios. No hay motivo de pesimismo en la vejez. El verdadero significado de nuestro existir es la vida eterna e inmortal, por eso nuestro espíritu no envejecerá jamás, porque tiene vida eterna. Ésta, debe ser una carta que todos los ancianos tienen que leer, para que comprendan que nuestro caminar en este tiempo va a ser de la vida a la vida.

¿De alguna manera, se identifica con Juan Pablo II por el hecho de pertenecer ambos a la misma época, haber vivido circunstancias semejantes y servir a la misma Iglesia Católica?

Sí, me identifico con él porque hemos vivido las mismas circunstancias históricas. Apenas cinco años de edad nos separan y eso hace que le sienta muy cercano. Ambos, además, trabajamos para mejorar el futuro de la sociedad.

¿Cómo influye en usted el ejemplo de vida que nos da el Papa?

El servicio al Evangelio no es una cuestión de edad, como dice la carta, y el Papa es un gran ejemplo de ello. Él, es la representación de Pedro en la tierra y éste fue llamado por Dios para testimoniar la grandeza divina a través de su martirio. Cuando eres joven todo lo puedes, pero cuando eres anciano necesitas que otros te ayuden.

El Papa siempre dice que las cosas de Pedro le tocan muy de cerca, y así es. Trabaja sin descanso y su aguante, teniendo en cuenta su condición física, sólo puede entenderse pensando que su fuerza radique en querer responder a la llamada de Jesús. Todas las referencias que se hacen a Pedro en la carta son tan preciosas…

¿Cuál ha sido la mejora más relevante que ha aportado el Papa a este siglo?

El Papa es, a la vez, un padre y un hermano para nosotros, y ésto ha sido así porque siempre ha buscado acercarse más al hombre, tener un contacto más directo con él. Ha buscado la reoxigenación de la juventud desprendiendo calor humano y acercándose más a la gente. El Papa se ha convertido en un símbolo con su ejemplo. Ha hecho cosas nuevas, su atención a los hombres ha sido tan grande que ha llegado a conseguir dialogar con representantes de otras religiones. Ha logrado verdaderamente romper barreras.

¿Qué significado tiene para usted ser anciano y cuál cree que debería ser la función de éstos en la sociedad?

Los ancianos ayudan a guardar la memoria de todo lo que sucede en una sociedad. Son sabiduría y conocimiento de los valores que rigen la convivencia social. Intérpretes privilegiados de lo que acontece durante toda una vida. La vejez, es custodia de la memoria general de todos los hombres, legado de cada generación.

El hombre actual vive sólo pendiente del presente rechazando el pasado, y eso es un grave error. Hay que proponer a los jóvenes que acojan a las viejas generaciones y se reconcilien con ellas, sólo así la fuerte enseñanza de la madurez anciana podrá revelarnos, a través de su experiencia, todo conocimiento preciso.

...nuestro caminar en este tiempo va a ser de la vida a la vida

¿Cree que los ancianos cargan el peso de los problemas de la sociedad?

Creer que los ancianos cargan con los problemas de la sociedad es una forma injusta de desentenderse de la problemática social del momento. Es un pensamiento puramente racional que escuchamos con frecuencia en la actualidad. La sociedad se funda a través de la gente que trabaja en el momento presente, lo que pasa es que como actualmente faltan valores y referencias a Dios muchas veces en vez de luchar por ella, más bien la destruyen.

Los ancianos transmiten la fe a las nuevas generaciones y más que cargar con los problemas de la sociedad, cargan con el conocimiento y la experiencia de ésta. Son los verdaderos custodios de los ideales que tan rápidamente están desapareciendo.

¿Por qué no sigue existiendo el respeto que se tenía a los ancianos antiguamente?

Porque el hombre tiene una visión utilitarista de la vida y vive exclusivamente para el presente. Urge recuperar la justa perspectiva de la vida, los que creen que ésta es sólo presente deben saber que existe un después y que la vida es preparación para ese después. Sacerdotes y religiosos debemos estar preparados para vivir la vida tal y como es, con todas sus dificultades.

¿Usted se siente apartado por la sociedad actual?

A mí esta carta me ha dado fuerzas, porque recuerda que los ancianos son una parte importante de la sociedad y debe volver el respeto hacia ellos. Hay que imaginar el dolor que sentimos todos nosotros, gente anciana, cuando nos marginan por no ser ya una parte productiva de la sociedad. ¡Eso es un atentado a la vida!

La carta muestra la utilidad de los ancianos, no los margina.
La vida es siempre un bien que Dios nos concede, por eso hay que utilizar todos los medios de vida para seguir viviendo. "Las canas hacen venerable al anciano", hay que acogerlos, asisitirlos y quererlos.

El problema que viven los ancianos actualmente es que se ven apartados, y la gente no sabe que el peso de la edad no se siente cuando somos respetados por los jóvenes. ¿Dónde deben vivir su vida los ancianos? Tanto el Papa como el Génesis dicen que deben vivirla en su ambiente, rodeados de los suyos, donde siempre han estado y a donde siempre han pertenecido. Realmente, no hay nada como el calor humano.

Teniendo en cuenta que servir correctamente al Evangelio no es una cuestión de edad, como indica el Papa en su carta, ¿cree que en la madurez de la vida este servicio se lleva a cabo mejor?

No lo sé, los sacerdotes nos preparamos durante toda la vida y con esta carta el Papa nos da la importancia que merecemos. Aceptar nuestra condición desde un principio es lo que tenemos que hacer, y en estos últimos años prepararnos bien para nuestra vida futura.

¿Qué piensa de la frase: "si la vida es una peregrinación hacia la patria celestial, la ancianidad es el tiempo en el que más naturalmente se mira hacia el umbral de la eternidad"?

Es una frase maravillosa, aporta verdadero coraje y resume perfectamente el pensamiento de la vida. El final siempre llega, ¿cómo debemos vivirlo entonces? Teniendo en cuenta que la vida es un largo peregrinar hacia una meta que no está en esta Tierra. El pecado original nos dio la dimensión de oscuridad con que vivimos la vida y el miedo al "después", pero la palabra de Dios nos reconforta.

¿Qué perspectivas tiene para sus años futuros?

En la ancianidad la muerte nos llama, pero la esperanza que hay en las oraciones de todos los cristianos hace que no disminuya la felicidad del momento presente. La vida debe vivirse siempre así, con felicidad. Ahora más que nunca debemos pasar de la felicidad insegura a la felicidad segura, como decía anteriormente: de la vida a la Vida. El Papa nos dice que toda la vejez es espacio para la oración, tiempo de oración prolongada. La oferta de mi vida a Dios, en este momento, es a través de la oración.

La oferta de mi vida a Dios, en este momento es a través de la oración.

¿La fe, le aporta mayor serenidad en estos años de su vida?

La muerte no estaba en el proyecto original de Dios, y la fe es explicación de muchas cosas. Nos previene contra la creencia de que la muerte es el final de todo, nos ilumina y hace que superemos nuestro sufrimiento. Ciertamente infunde serenidad en la vejez.

Frente a la muerte, incluso Jesucristo tuvo miedo. Contemplarle ahora en el cielo me tranquiliza, saber que aunque suframos vamos a hacerlo con él me consuela, me da esperanza porque sé que la muerte no es el final. En este tiempo se hace la síntesis de todo y se es más capaz de vivir la fe, se vive más plenamente porque se vive la fe pasada, presente y futura.

¿Aún conserva el gusto por la vida?

La vida es el don más grande que tenemos. Sigo teniendo ganas de vivir a pesar del dolor de la soledad a la que nos exponen los demás. Dios guarda para todos la vida eterna por eso hay que vivir con tranquilidad y felicidad.

Me ha gustado el trato cercano que ha tenido el Papa con nosotros cuando dice: "Mis queridos ancianos, que os encontráis en precarias condiciones por la salud u otras circunstancias, me siento afectuosamente cercano a vosotros. Cuando Dios permite nuestro sufrimiento por la enfermedad, la soledad u otras razones relacionadas con la edad avanzada, nos da siempre la gracia y la fuerza para que nos unamos con más amor al sacrificio del Hijo y participemos con más intensidad en su proyecto salvífico". Una vez más, nos recuerda que el Padre es rico en amor y misericordia.

El Papa sabe cómo reconfortarnos, sabe acercarse siempre más, para animar y decir, a nosotros sus hermanos, que la Iglesia aún nos necesita.


Eva González Suñer es licenciada en Humanidades y especializada en periodismo socio-cultural.