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Autor: P. Fernando Pascual | Fuente: Catholic.net Jóvenes... y sacerdotes
Cada joven sacerdote nos trae el olor fresco de Galilea, de Judea, de Belén, del Cenáculo
Jóvenes... y sacerdotes
¿Todavía hay jóvenes que deciden ser sacerdotes? La pregunta es
legítima, porque sorprende encontrarse con jóvenes que deciden seguir la
vocación sacerdotal.
La respuesta, gracias a Dios, es afirmativa: sí, todavía
hay jóvenes que desean ser sacerdotes. Porque el hombre sigue
siendo hombre, a pesar de tantos progresos y de tanta
técnica. Porque hay pecados que perdonar, porque hay corazones hambrientos
de esperanza, porque hay miserias materiales y espirituales, porque la
vida humana no termina cuando se apagan nuestras neuronas.
Sí, hay
jóvenes que desean ser sacerdotes. Sobre todo, porque Dios está
enamorado del ser humano. Nos amó desde el inicio, en
el magnífico momento de la creación. Mantuvo en pie su
amor a pesar de la caída de los primeros padres.
Lo ratificó con la llamada de un pueblo, Israel, que
es fuente de bendición para todas las razas de la
tierra. Lo confirmó para siempre con la llegada del Hijo,
el Salvador, Jesús; un Jesús que es presencia del Amor
en el mundo, que es anuncio de paz y de
justicia, que invita a la conversión y enseña el Camino
que lleva a la Vida y a la Verdad.
Para muchos,
sin embargo, el joven sacerdote resulta un misterio. Quizá no
llegan a ver que la vida tiene un horizonte que
supera la frontera de la muerte. Quizá piensan que la
medicina, la informática, la psicología, la sociología, la filosofía, son
capaces de llenar todas y cada una de las necesidades
del corazón humano. Quizá creen que la religión católica estaría
llamada a desaparecer tras la conquista de la Luna, después
de las teorías de Darwin, con los estudios sobre el
genoma humana.
Cada joven sacerdote es misterio y provocación. Porque nos
obliga a confrontarnos con verdades profundas, porque nos lleva a
pensar en lo que exista tras la muerte, porque nos
lanza la pregunta sobre Dios y su misterio de Amor
hacia los hombres.
A la sorpresa que se esconde tras pregunta
“¿todavía hay jóvenes que deciden ser sacerdotes?” necesitamos responder con
la sorpresa de una pregunta respetuosa: “¿todavía hay hombres que
no reconocen lo mucho que Dios les ama?”
Cada joven sacerdote
nos trae el olor fresco de Galilea, de Judea, de
Belén, del Cenáculo. Las bienaventuranzas, entonces, llegan a ser vida.
La Cruz adquiere un valor personal, salvífico, profundo para las
almas. La Tumba vacía nos grita, desde los labios y
las manos de un nuevo sacerdote, que el Padre puso
todo su Amor en el Hijo, que el Hijo nos
dejó como regalo su Espíritu; que la vida, desde entonces,
tiene un sentido.
Joven sacerdote, eres mucho más de lo que
tú mismo sueñas. Porque es el mismo Dios quien sueña
dar amores desde tus labios, desde tus manos, desde tu
corazón enamorado. Aunque muchos se sorprendan, aunque algunos te rechacen,
aunque haya quien te ignore. Serán muchos más los que,
gracias a tu sí, que es un eco del Sí
de Cristo, descubrirán un Amor inmenso y bello, encenderán una
llama de esperanza en sus vidas hasta ahora tristes, empezarán
a descubrir que toda ser humano tiene un precio infinito:
el de la Sangre del Cordero, el del perdón que
darás a manos llenas...
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