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Autor: Archimadrid.es Mariano, un seminarista que fue monaguillo
Así comencé a guiar mi vida hacia este camino de ser sacerdote
¿Hasta qué punto puedo separar mi vida personal de
mi vocación al sacerdocio?, pues mi llamada la recibo cuando
aún me estoy formando como persona y no soy un
adulto que esté formado. Así que la primera objeción que
pude poner pudiera haber sido que era un niño y
tenía que crecer por lo que podía dejar a un
lado esa llamada. Pero ¿cómo fue esa llamada?. Sucedió en
un pueblo el 10 de noviembre de 1992. Al ir
a este pueblo, nos enteramos por casualidad, de que el
cura del pueblo había muerto hacía un mes el 10-10-1992.
Ese día que fui al pueblo en una de las
misas de la tarde me quedé en la sacristía sin
poder salir fuera a escucharla y allí solo en aquella
habitación grande me pregunté; y yo, ¿no puedo ser cura?.
Tenía 12 años e iba a cumplir trece en diciembre.
Pero este punto del que Dios se sirvió está basado
en una pequeña experiencia de ser monaguillo desde el 9
de noviembre de 1990, cuando me pidieron sencillamente traer las
vinajeras a la sacristía, en la que ayudar a misa
era un juego divertido en el que jugabas con las
cosas de Dios y así me divertía realmente en mi
niñez. No quiero decir que no jugaba con chavales de
mi edad al fútbol o las chapas o iba a
darme una vuelta por ahí sino que mis relaciones era
con otros monaguillos que jugábamos juntos al mismo juego y
luego tomábamos a escondidas algo del vino de misa o
tomar formas sin consagrar. Este es el mejor recuerdo que
tengo del que, como digo, se ha servido Dios para
llevarme al Seminario.
No tardé nada más que una hora en
decírselo a mis padres, nada más terminar la misa. Mis
padres se quedaron sorprendidos y me dejaron hacer lo que
yo viera. Así comencé a guiar mi vida hacia este
camino de ser sacerdote. Por esto mi vida no es
separable de mi vocación. A partir de ahí entré a
formar parte más activa de mi parroquia a la que
tenía olvidada y a la que no iba muy a
menudo pensando sólamente formarme y crecer en la fe para
poder servir a Dios y a todos los hombres desgastando
mi vida. Yo solo tenía la catequesis de la Primera
Comunión y quise crecer por esta llamada o moción del
Espíritu Santo en todas las virtudes cristianas. No me llevaba
esta llamada a alejarme de todo problema humano sino a
asumirlo y enfrentarme a él con seriedad y profundidad según
iba creciendo
Continué en la parroquia en un grupo de preas,
era el último año ya que al año siguiente pasaba
al bachillerato. A la vez me incorporé en el Seminario
Menor, lugar donde van los " gérmenes vocacionales ", esto
es, aquellos que como yo quieren ser sacerdotes y son
bastante pequeños como para ir al Seminario Mayor.
La experiencia del
Seminario Menor es la experiencia de vivir con un grupo
durante cuatro años que viví yo con chavales que comparten
contigo una vida de oración, de juegos, de inquietudes y
algunos una misma vocación. Igual que había sido mi experiencia
de monaguillo, la experiencia del Seminario Menor me ayudó a
acercarme a Dios viviendo toda mi vida según iba creciendo
en mi confianza en Dios. Aquí la llamada se me
iba haciendo cada vez más palpable y más clara para
dar el paso al Seminario Mayor. Ha habido momentos fuertes
como han sido las convivencias, los campamentos o un encuentro
de seminaristas en Italia o la Jornada Mundial de la
Juventud en París.
A la par en la parroquia seguía mi
labor de acólito en la que ya no me limitaba
a ayudar a misa sino a enseñar a hacer lo
que a mí me ayudó a encontrarme con Dios. También
comencé con un grupo el proceso de catequesis de adolescentes
tras el de preas. Ese grupo me ha ayudado a
abrirme en una vocación que llama a la apertura a
todos. Esto es un ejemplo de cómo Dios va moldeándome
con una delicadeza de alfarero y una técnica de artista.
Y siempre hacia su servicio.
El paso a Introductorio fue el
paso siguiente. Este es el curso donde se discierne tu
entrada al Seminario Mayor, tiempo fuerte de formación y de
discernimiento vocacional. Fue un curso duro por los estudios y
por las catequesis que comencé a dar Este curso fue
un golpe mi fuerte a "mi" vocación ya que no
era tanto mía sino de toda la Iglesia y de
todas las personas a las que me entregue. Entonces comprendí
que todo lo que hiciera no es por mí sino
por la Iglesia.
Ya estoy en el Seminario Mayor y tras
de mí una experiencia de niñez y de adolescencia en
la que Dios se ha manifestado para hacer su voluntad.
Ahora vendrán las preguntas que siempre se hacen a alguien
que se decide tan joven a aceptar la voluntad de
Dios a ser cura. ¿ No seria bonito y cristiano
formar una familia y tener hijos? ¿Por qué no estudias
antes una carrera por si no es tu vocación? ¿No
vas a tirar tu vida por la borda por un
ideal?. Todas estas preguntas me han hecho y me han
puesto estos impedimentos o inconveniencias. No es que no las
haya considerado, que sí lo he hecho, sino que he
visto mi vida y mis experiencias y no he podido
no sorprenderme y no cambiar todas las estructuras de mi
mente por estas experiencias. Esto es el cambio radical de
vida.
Para finalizar este relato vocacional, entre tantos que ha ido
entretejiendo Dios, me gustaría volverme a Dios y por medio
de Nuestro Señor Jesucristo darle las gracias por todas las
gracias que me ha dado su amor. Que si muchas
son mis deudas infinito es su perdón. Siempre te prometo
que mañana seré mejor y al amparo del Altísimo me
refugio y te pido Dios que nunca me abandones y
que siempre tenga tu bendición. Amen.
Si tienes dudas vocacionales,
eres o quieres ser monaguillo y necesitas que alguien calificado
te acompañe en el proceso utiliza este enlace para ponerte
en contacto con el P. Jaume. Sacerdote de
la diócesis de Barcelona, España
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que quieras compartir, o quieres darnos tu opinión, te esperamos
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