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Autor: P. Mariano Huidobro | Fuente: www.seminariotlalnepantla.org Hablemos de la vocación
La vocación y la profesión no están peleadas entre sí, al contrario se unen mutuamente para que la persona se descubra y se realice
Hablemos de la vocación
Cuando en nuestra vida diaria nos damos a
la tarea de buscar una opción preferencial, comúnmente los jóvenes
nos encontramos con un gran dilema; ¡no sabemos para dónde
orientar nuestra vida! Y comenzamos a vivir una de las
crisis más fuertes de la vida, pues de esta decisión
dependerá nuestro futuro, próximo y remoto. Se nos ofrecen una
gama de elementos que nos llevan a vislumbrar las facilidades
que nos ofrece el mundo, y empezamos por recorrer planes
de estudio, nos interesamos por alguna carreras especialmente por aquellas
que nos ayuden a una realización humana; conforme la sociedad
lo necesita; pero lo cierto es que muchas de ellas,
al terminarlas, nos dejan con una sensación de vacío; no
nos llevan a la realización que esperábamos.
¿Por qué sucede esto?,
la respuesta en muy sencilla, el hombre lo que va
a buscar, por naturaleza, es su propia satisfacción; pero olvidamos
que el hombre es un ser religioso, que está ligado
a un ser supremo, a alguien a quien podemos llamar
Dios, aquí no importa el credo, la condición social, el
nivel económico. Ese “Alguien”nos llama a compartir con él la
vida, pero si lo que nos preocupa es la realización
humana, luego entonces ese “alguien” queda excluido de nuestros proyectos,
nos queremos realizar como profesionistas, pero ¿Cómo nos podremos desarrollar
humanamente, si estamos dejando aún lado un campo de la
persona muy importante, como lo es el espiritual, lo que
concierne a la fe?
En el momento en que nos arriesgamos
a pensar, no solamente en lo económico, en la realización
humana conforme el mundo lo quiere, si no también en
mi felicidad, en mi realización como persona, en donde lo
que importe no es tanto el obtener un bien material,
sino el descubrir que por lo que he optado, me
realiza a mí y a otros junto conmigo, que no
sólo yo obtengo beneficios de mi opción, sino también otros
resultan beneficiados, es ahí donde estamos entrando en el ámbito
del servicio, en el ámbito de la donación de la
persona misma, en el ámbito, ya no de una profesión,
si no de una VOCACIÓN, exactamente esta es la parte
donde nosotros le damos cavidad a ese “alguien” de quien
hablamos hace un momento y lo invitamos a ser parte
de nuestra realización, es aquí donde nos descubrimos como personas
y los vacíos quedan saciados, la vocación nos ayuda a
la realización personal desde la perspectiva de la fe.
Pero, qué
queremos decir con esto, la vocación y la profesión no
están peleadas entre sí, al contrario se unen mutuamente para
que la persona se descubra y se realice; pero bueno,
aquí podríamos plantear una interrogante ¿Qué es en sí la
vocación? La vocación es un llamado echo por ese “alguien”
(Dios), que nos invita a transformar nuestra realidad, podríamos decir
que es un diálogo con Dios, pero es un diálogo
con una clave, que es el amor; podemos decir, pues,
que también es un diálogo amoroso con Dios; este diálogo
nos cuestiona, nos empuja a dar una respuesta; y esa
respuesta debe estar dada en una realidad y contexto histórico
concreto, sí, en nuestra propia realidad Dios nos llama, nos
interpela, nos invita a participar en algo; y ese algo
se constituirá nuestra misión, la respuesta dada es parte de
la misión que todos tenemos que dar, no como obligación
sino acción de agradecimiento a ese diálogo con quien nos
habla en clave de amor con nosotros.
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