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Virtudes y Valores
| colaboradores de catholic.net
Autor: Santiago Giraldo, L.C. | Fuente: GAma - Virtudes y Valores San Pablo, el CEO de Cristo
Si Dios está con nosotros, ¿quién contra nosotros? Terminemos el año paulino con coraje, con pasión, con celo apasionado por la salvación de las almas.
San Pablo, el CEO de Cristo
Campaña sobre las Virtudes
de san Pablo. Regala una suscripción gratis si aún no
lo has hecho. http://es.catholic.net/virtudesyvalores/regalo.php De abril a junio,
como preparación para la clausura del Año Paulino, desarrollaremos esta
campaña.
Eficaz. Creativo. Humilde. Sacrificado. Bondadoso. Inteligente. Sabe trabajar
en equipo: delega, escucha, anima y exige. Tiene celo. Es
un líder.
Estas son algunas de las cualidades que empresas
y marcas prestigiosas a nivel mundial buscan condensadas en una
persona. En lenguaje empresarial esta figura la denotan como CEO:
chief executive officer, y no es poca la confianza que
se le deposita.
Un CEO tiene la responsabilidad de conservar y
potencializar al máximo la empresa a él encomendada. De él
depende, en gran medida, el éxito de la compañía y
los miles de trabajadores que con su esfuerzo la hacen
grande. Un error suyo puede ser desastroso para las entidades
y personas que dependen de él.
San Pablo, en sentido
análogo, era el CEO de Cristo. No carecía de las
cualidades arriba mencionadas y poseía en gran medida, una a
la que no se le da tanta importancia, y que
unida a su gran carácter apasionado, le daba una personalidad
arrolladora y una fuerza enorme para cumplir su difícil misión.
Se trata del celo apostólico.
El celo es sinónimo de laboriosidad,
diligencia y eficacia. Se contrapone a la pereza, a la
pusilanimidad y al desánimo.
Dicen los expertos en mercadotecnia que
el éxito de un buen vendedor de productos estriba en
el conocimiento del objeto. Cuanto más se conoce la cosa,
más se ama, más se estima. Y una vez conocido
se difunde con pasión, con celo.
El secreto del éxito del
apóstol de las gentes está aquí. “Todo lo tengo por
basura, con tal de ganar a Cristo” (Flp 3,8). Este
era su único amor, su única ilusión y su único
motor. Tanto es así, que gracias a su colosal esfuerzo
y a la gracia de Cristo que lo sostenía, esta
gran “empresa”, que es la Iglesia, se sostiene y camina
con paso firme después de 2000 mil años.
Desde que san
Pablo escuchó la voz de Dios que le decía: “Saulo,
Saulo, ¿por qué me persigues?” (Hch 26,14) se entregó con
un celo apasionado a la extensión del Reino de Cristo
en el mundo. No escatimó esfuerzos y los problemas no
le amedrentaron. Seguramente hacía eco de aquellas palabras del salmo
69: “Me devora el celo de tu casa, y caen
sobre mí los insultos de los que te insultan”.
Las dificultades
fueron la constante de su vida, pero la fuerza del
amor de Cristo fue el motor de su celo apostólico.
Nada lo detenía. Es bien conocido el pasaje de (2Co
11,24-27), donde san Pablo habla de sus pruebas, azotes, naufragios
y fatigas. Pero si pensamos bien, se requiere mucho valor
para sufrir todo esto y seguir predicando un mensaje que
para muchos estaba condenado al fracaso.
Gracias a su celo muchos
hombres de su tiempo pudieron conocer el tesoro del cristianismo.
Esta certeza no nos puede hacer olvidar que el futuro
del cristianismo depende de Dios en primer lugar y, por
lo que toca a nosotros, los “san Pablos” de hoy,
del testimonio con el que vivamos y transmitamos nuestra fe.
En
este mes de junio se concluye el año paulino. La
Iglesia, a través del Papa, lo ha presentado como ejemplo
de vida y como ideal a imitar. Las virtudes que
hemos aprendido de san Pablo en este año paulino no
pueden quedar inertes en nuestra memoria. La teoría no tiene
ningún sentido si no se pasa a la práctica. Y
los cristianos de hoy tenemos una tarea enorme en la
evangelización y recristianización del mundo.
“Si Dios está con nosotros, ¿quién
contra nosotros?” (Rm 8,31). Terminemos el año paulino con coraje,
con pasión, con celo apasionado por la salvación de las
almas. Tenemos la mejor garantía de nuestra vida: Cristo. “¿Quién
nos hará temblar?”.
¡Vence el mal con el bien!
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es gratuito
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