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Virtudes y Valores
| colaboradores de catholic.net
Autor: Eric Gilhooly, L.C. | Fuente: Gama - Virtudes y Valores La esperanza de San Pablo
No podemos dejar de luchar. Con la esperanza en Dios lo podemos todo, aún en los días oscuros y difíciles de la vida.
La esperanza de San Pablo
Campaña sobre las Virtudes
de san Pablo. Regala una suscripción gratis si aún no
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como preparación para la clausura del Año Paulino, desarrollaremos esta
campaña.
La historia de la humanidad traza la imagen
de una batalla por el mundo, una guerra sin tregua
ni respiro entre las fuerzas de la oscuridad y los
seguidores de la luz. Cada persona se encuentra en
medio de estas huestes.
Desde el momento del bautismo, hemos sido
llamados a militar en favor de la bandera de Cristo.
Es nuestro deber como cristianos luchar por vivir con coherencia:
“Porque en otro tiempo fuisteis tinieblas; mas ahora sois luz
en el Señor. Vivid como hijos de la luz”. (Ef
5,8)
Pero, esta pelea por la salvación, ¿la podemos ganar?
Cada día escuchamos noticias de ataques contra la fe,
el creciente materialismo, persecución contra los cristiano, una creciente cultura
de la muerte… Algunos medios de comunicación bombardean constantemente a
sus espectadores con ideales de placeres instantáneos: sin límite ni
responsabilidad. Jóvenes encadenados por la seducción de la droga, adultos
que viven con indiferencia… con este panorama ¿es posible una
victoria?
En estos tiempos difíciles hay una virtud indispensable. “En la
esperanza fuimos salvados” (Rm 8,24) nos recuerda el Apóstol de
los gentiles. Y así, Benedicto XVI intituló su encíclica:
Spe Salvi, indicando la cura más apta para nuestras vidas
y para la sociedad actual. “Está claro que el
hombre necesita una esperanza que vaya más allá. Es evidente
que sólo puede contentarse con algo infinito, algo que será
siempre más de lo que nunca podrá alcanzar”. (Spe Salvi,
30) El hombre es más que polvo, más que
su carne y hueso: tiene un alma inmortal que sólo
puede encontrar satisfacción en su Creador. Esta virtud de la
esperanza la vemos encarnada en la vida del apóstol san
Pablo.
San Pablo nos anima en el combate: “Nosotros, por el
contrario, que somos del día, seamos sobrios; revistamos la coraza
de la fe y de la caridad, con el yelmo
de la esperanza de salvación” (1Tes 5,8). No podemos
dejar de luchar. Con la esperanza en Dios lo
podemos todo, aún en los días oscuros y difíciles de
la vida.
Podemos mirar a Cristo como ejemplo. ¿Cuál
fue el momento más doloroso en su vida? Ciertamente
fue el Calvario. Así Pablo, siguiendo el ejemplo del Maestro
“ante la promesa divina, no cedió a la duda con
incredulidad; más bien, fortalecido en su fe, dio gloria
a Dios, con el pleno convencimiento de que poderoso es
Dios para cumplir lo prometido” (Rm 4,20-21). Con Cristo en
la cruz parecía que todo se había perdido... pero allí
estaba el triunfo más grande de la historia, y esto
lo entendió muy bien san Pablo.
El hombre sin esperanza no
tiene sentido, es como una noche sin estrellas: hostil e
inhumana. Pero con ellas, el cielo cambia de aspecto
por completo y nos asegura que hay algo más allá
de nuestros problemas presentes.
Cristo mismo dijo a sus apóstoles la
noche antes de la prueba más fuerte de su fe:
“En el mundo tendréis tribulación. Pero ¡ánimo!: yo he vencido
al mundo” (Jn 16,33). Estas palabras nos dan fortaleza...
Y es el parpadear tenue de la vela que
proclama la presencia del Señor entre las sombras circundantes que
tanto nos consuela: “La luz brilla en las tinieblas, y
las tinieblas no la han vencido” (Jn 1,5).
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