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Virtudes y Valores
| colaboradores de catholic.net
Autor: Eric Gilhooly, L.C. | Fuente: Gama - Virtudes y Valores Más que un Quijote
Tomad las armas de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y después de haber vencido todo, manteneros firmes. San Pablo nos invita a embrazar el escudo de la fe, tomar el yelmo de la salvación y la espada del Espíritu.
Más que un Quijote
Campaña sobre las Virtudes
de san Pablo. Regala una suscripción gratis si aún no
lo has hecho. http://es.catholic.net/virtudesyvalores/regalo.php De abril a junio,
como preparación para la clausura del Año Paulino, desarrollaremos esta
campaña.
La caballería ha inspirado héroes y poetas en
todos los tiempos. Era un ideal, una visión del
mundo, un reto para vivir más allá del egoísmo, en
fin, algo que revolucionó el continente europeo. Miles seguían
este modo de vida: los reyes de las leyendas, los
cruzados, las órdenes militares… sus rasgos influyen aún hoy nuestra
conducta.
La caballería es todo un sector de la
literatura, especialmente amado por los jóvenes. Sin duda alguna vez
nos hemos ilusionado con castillos fantásticos, dragones feroces y, por
supuesto, nosotros encarnando la figura del “príncipe valiente”. Lamentablemente
estos sueños se van apagando con el paso del tiempo.
Pero la edad de la caballería no es algo
enterrado en el pasado o confinada a los libros medievales.
Vale más que las quimeras del Quijote. El
valor del Cid o los guerreros de la mesa redonda
del Rey Arturo tienen su fundamento en la fe eterna.
Sus principios son válidos, inmunes a la erosión de
los tiempos: defender a los débiles, a los desprotegidos, resguardar
la dignidad del hombre y sostener la soberanía de Dios.
La víspera de la ceremonia, cuando su señor lo
armaría caballero, el candidato velaba de rodillas toda la noche
en la capilla. Sus armas eran puestas sobre el
altar como símbolo de que siempre se usarían en el
servicio del Señor Celestial. Los valores de la nobleza medieval
se inspiran en el sacrificio de Cristo en la cruz,
quien nos salvó cuando no nos podíamos salvar: “Cuando todavía
estábamos sin fuerzas, en el tiempo señalado, Cristo murió por
los impíos... siendo todavía pecadores, murió por nosotros” (Rom. 5,
6 y 8).
Bien nos exhorta San Pablo: “Por eso, tomad
las armas de Dios, para que podáis resistir en el
día malo, y después de haber vencido todo, manteneros firmes”
(Ef. 6, 13). Luego el Apóstol de las gentes
nos invita embrazar el escudo de la fe, tomar el
yelmo de la salvación y la espada del Espíritu.
La vida del cristiano siempre será luchar, caer en el
polvo mil veces y levantarse otras mil veces. No
nos desanimemos, Cristo ya nos ha prometido la victoria final.
“El Señor me librará de toda obra mala y me
salvará guardándome para su Reino celestial” (2 Tim. 4, 18).
Sí,
todavía el espíritu del Medioevo tiene lugar en nuestras vidas...
Esto se da cuando nos centramos totalmente en Cristo.
Y nadie se siente tan caballero como el que
dobla la rodilla en la presencia de su Señor Eucarístico.
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