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Virtudes y Valores
| colaboradores de catholic.net
Autor: José Luis Galarza, L.C. | Fuente: Gama - Virtudes y Valores Con paso firme
El triunfo, mediante la determinación, es la corona de los hombres luchadores. Este es el testimonio de san Pablo: los hombres resueltos no nacen, se hacen.
Con paso firme
Campaña sobre las Virtudes
de san Pablo. Regala una suscripción si aún no lo
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preparación para la clausura del Año Paulino, desarrollaremos esta campaña.
La duda continua es algo terrible, una enfermedad que
corroe por dentro. No se puede estar tranquilo, es desesperante.
Algunas personas viven en una incertidumbre constante, son víctimas de
una perpetua indecisión cuando tratan de contraer algún compromiso al
no saber cómo afrontarlo.
La determinación es la virtud que
ayuda al hombre para que con su voluntad deliberada tienda
hacia un fin concreto y busque poner los medios para
conseguirlo. El apóstol san Pablo es un modelo, digno de
imitar, de hombre valiente y decidido. Tres puntos claves formaron
este espíritu resuelto del Apóstol.
Él sabía lo que quería. El
hombre actúa en su vida buscando siempre un fin, algo
que quiere lograr o encontrar. San Pablo, después del encuentro
con Cristo en el camino de Damasco, halló lo que
quería. Fue tan clara la visión de Jesús, que decidió
vivir sólo para Él. En su corazón grabó la consigna
de luchar para poseerlo, hasta llegar a exclamar: “para mí
la vida es Cristo y la muerte una ganancia” (Fil
1,21). Así clavó los ojos en el cielo y puso
los pies firmes sobre la tierra.
San Pablo obró en consecuencia
con su decisión. Elegir es renunciar. Él tomó una resolución
y ordenó toda su vida de acuerdo a esa elección.
“Lo que era para mí una ganancia, lo he juzgado
una pérdida a causa de Cristo” (Fil 3,7-8). Por esto,
si alguna cosa le convenía para lo que buscaba, adelante,
si no, ni perdía tiempo. Después de encontrar a Cristo
se retiró a un periodo de preparación con la oración
y después se lanzó a predicarlo. No tenía miedo al
futuro porque lo iba construyendo conforme avanzaba la vida, como
el protagonista activo de la gran película de Dios.
El Apóstol
perseveró en su decisión. Lo que vale cuesta. Ser constante
es duro, pero muy valioso. San Pablo fue fiel porque
nunca perdió de vista su fin. Las dificultades le sirvieron
para fortalecerse y no para desanimarse, pues constantemente robusteció su
opción fundamental. “¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿La
tribulación?, ¿la angustia?, ¿la persecución?, ¿el hambre?, ¿la desnudez?, ¿los
peligros?, ¿la espada?” (Rm 8,35). Como al metal que se
elige para hacer una espada se calienta y se golpea
para darle forma, así la tribulación forjó la vida de
san Pablo para sacar de él una espada sólida y
brillante, premio de los hombres esforzados, para la defensa de
la fe de los primeros cristianos.
El triunfo, mediante
la determinación, es la corona de los hombres luchadores. Este
es el testimonio de la figura excelsa del Apóstol: los
hombres resueltos no nacen, se hacen. Más vale invertir un
poco de tiempo en trazar un fin, elegir los medios
y decidir, que permanecer toda la vida dudando.
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