La cantidad de $170,000 que Catholic.net necesita alcanzar dividida entre los 250,000 usuarios diarios del portal corresponde a un importe de menos de ¡0.70 dólares por cada uno!
En la práctica es imposible recibir 0.70 dólares de cada uno de los 130,000 usuarios, ¡pero quizá sí es posible recibir 50 dólares de 3,400 de ustedes! ¿Podría usted formar parte de ese "grupo de los 3,400" de cuya generosidad depende la sobrevivencia y el desarrollo de Catholic.net? ¡Por favor, piénselo! ¡Envíe su donativo hoy mismo!
Virtudes y Valores
| colaboradores de catholic.net
Autor: Ricardo Saenz, L.C. | Fuente: Gama - Virtudes y Valores Huevitos de fe, esperanza y caridad
Así como dentro del cascarón se esconde un corazón que late y saldrá a su tiempo cargado de vida, análogamente Cristo dejó el sepulcro y ha resucitado.
Huevitos de fe, esperanza y caridad
El huevo
de Pascua en estas fiestas es un símbolo. Así como
dentro del cascarón se esconde un corazón que late y
saldrá a su tiempo cargado de vida, análogamente Cristo dejó
el sepulcro y ha resucitado. Al regalar chocolate en la
forma típica de huevos de pascua queremos recordar la victoria
de Jesús sobre la muerte. Así nació la tradición y
este es su sentido original.
Pero los símbolos tienen un
defecto, pueden con el tiempo vaciarse de sentido si no
se viven según su significado original. Podemos olvidarnos con qué
fin fueron creados y vivirlos tan sólo por tradición o
simplemente dejarlos de lado. No sucede así con los signos.
Aunque semejantes, son diversos. Estos no permiten la indiferencia. La
presencia del humo siempre me alertará del fuego, los 39º
de temperatura corporal me indicarán alguna enfermedad y una caminata
en la playa quedará registrada en las huellas impresas en
la arena. El signo es un testigo fiel que no
exige ninguna memoria para cumplir su función.
Por eso se pueden
regalar en estos días, además de ricos y decorados “símbolos”,
signos que sean muestras efectivas de la Resurrección del Señor
en nuestras vidas. Huevitos de fe, esperanza y caridad. Testimonios
reales de lo que produce la Pascua en un cristiano.
Huevitos
de fe. “La resurrección de Jesús es la verdad culminante
de nuestra fe en Cristo”, como nos dice el Catecismo
de la Iglesia Católica en el número 126. Esto
también nos lo recuerda san Pablo: “Si Cristo no resucitó,
vana es nuestra fe” (1Cor 15,14). Una aplicación concreta de
nuestra fe en estos días puede manifestarse al felicitar a
los demás con verdadero sentido pascual, dejando de lado la
superficialidad. Podemos hacer que cada felicitación sea, no una frase
repetida y vacía, sino un “con-celebrar” con quienes nos encontremos.
El gozo espiritual no está en contra de un sano
gozo material. Por ello, una comida familiar en casa o
un pastel compartido con los compañeros de oficina, una postal
o una llamada a quien hace tiempo no se ve,
nos ayuda a vivir también el gozo pascual.
Huevitos de esperanza.
“De nuestro obrar brota esperanza para nosotros y para los
demás” (Spe Salvi, 35) La alegría es contagiosa. Fomentemos estos
días una sonrisa o una palabra de ánimo a quien
la necesita. Dispensemos muestras de nuestra confianza en Aquel que
ha vencido también a la muerte, mostrando nuestra alegría a
los demás. Otra forma de transmitir esperanza es nuestra paciencia
ante el sufrimiento, especialmente el físico. Si Cristo ofreció sus
padecimientos, confiemos en que también nosotros podemos ofrecerlos. Si Dios
nos permite gozar de buena salud, no olvidemos visitar a
los enfermos y a los más necesitados.
Huevitos de caridad. Nuestra
delicadeza en el trato con los demás, el ejercicio de
la benedicencia y la reconciliación, pueden ser los mejores
huevos de pascua que recuerden a la gente que Jesucristo
vive para siempre. Una palabra cálida que comunique lo mismo
que Cristo Resucitado transmitió a los apóstoles: “La paz esté
con ustedes” (Jn 20, 19). El hablar bien de
los demás hace más amena una conversación entre amigos. Ofrezcamos
un abrazo, una palabra de perdón a quien la necesita,
imitando al Maestro que acaba de reconciliar al mundo con
Dios. Que la gente a nuestro alrededor pueda hacer la
experiencia de reconocernos cristianos por nuestra caridad, el distintivo auténtico
de los discípulos de Cristo.
Los actos de donación, además de
alegrar a otros, nos llenan también de felicidad. La octava
de Pascua, los ocho días después del domingo de Resurrección,
nos ofrece un tiempo precioso para “regalar” a Cristo. Que
el reproche “los cristianos no tienen cara de resucitados” quede
para siempre vacío y sinsentido. Entreguemos a manos llenas los
símbolos y signos de la Resurrección del Señor: huevitos de
fe, esperanza y caridad.
¡Vence el mal con el bien!
El
servicio es gratuito
Si quieres comunicarte con el autor de este
artículo, escribe un mensaje a rsaenz@legionaries.org
Todos los servicios de Catholic.net son gratuitos.
Sólo nos mantenemos gracias a los donativos que, voluntariamente, nos hacen algunos de nuestros visitantes.
Necesitamos de tu ayuda para continuar anunciando el mensaje de Cristo a través de la Red.
Ayúdanos, Dios te lo recompensará. DA CLICK AQUÍ PARA DONAR