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Virtudes y Valores
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Autor: Laureano López, L.C. | Fuente: Gama - Virtudes y Valores Cortesía, virtud del día a día
La cortesía es la virtud que promueve el respeto hacia las personas y que nos ayuda a salir de nosotros mismos para atender las necesidades de los demás
Cortesía, virtud del día a día
De noche, de
día, en la casa o la cafetería, dentro de la
escuela o en la peluquería, esta virtud se puede vivir
día a día.
La cortesía es la virtud que promueve el
respeto hacia las personas y que nos ayuda a salir
de nosotros mismos para atender las necesidades de los demás.
Mediante la repetición consciente de pequeños actos de “buenos modales”,
el hombre se perfecciona al tratar a los demás como
se merecen.
El saludo, ceder el paso, el protocolo, lo usual
y acostumbrado “se hace” porque lo hace la gente. Pero
¿quién es la gente?, se preguntaba el filósofo español Ortega
y Gasset, “¡ah!, pues todos y nadie determinado”. Una masa
más o menos extraña que se convierte en un “social
anónimo” y donde se pierde la dimensión interpersonal.
Las normas
de educación, practicadas sin reflexión, pueden desembocar en un automatismo
mecanizado. Cuando éstas se viven conscientemente se convierten en cortesía,
porque ya no tratan con la “humanidad” sino con personas
concretas. Por ello esta virtud no rebaja al hombre, sino
que lo transforma en más humano.
“En la mesa y en
el juego se conoce al caballero”. Así, se puede practicar
la cortesía en las comidas familiares. No soy raro si
uso en la mesa las palabras mágicas “por favor”, “por
fa” o “plis” en su versión anglo-hispana más juvenil; cuando
me preocupo de que los otros tengan agua y pan;
si paso la sal antes de que me la pidan
o si espero a que otros se sirvan para comenzar.
Qué hermoso regalo nos dejó el Maestro en aquellas palabras:
“el que quiera ser grande entre ustedes sea su servidor.
El Hijo del hombre no ha venido a ser servido
sino a servir” (cf. Mc 10,43-45).
Saludar es algo de
todos los días. Este es otro campo en donde se
puede trabajar. La sabiduría popular nos enseña que “lo cortés
no quita lo valiente” y un claro ejemplo lo encontramos
en la vida de san Pablo. Él vivió como un
“campeón” del cristianismo y también fue un “campeón” de cortesía.
Así lo manifiestan los saludos en sus cartas a las
primeras comunidades creyentes. “Doy gracias a Dios cuando me acuerdo
de ustedes, rogando siempre y en todas mis oraciones por
todos. Dios es testigo de cuánto les aprecio en el
afecto entrañable de Cristo” (cf. Flp 1,3-7).
Allí está el
reto para las cartas, los mensajes de correo electrónico de
Internet y los recados que se dejan en la mesa
o el refrigerador. Añadiendo al “Bye” un “te encomiendo en
mi oración”, puedo hacer que la persona se sienta más
apreciada al leer la nota. Si pienso que quien está
delante de una pantalla es una persona con la que
me comunico, el correo electrónico se convertirá en un medio,
un instrumento mejor para facilitar el diálogo interpersonal.
Vivir dentro de
una sociedad es una parte integral del hombre y continuamente
nos presenta oportunidades para relacionarnos con “los demás”. La cortesía
convierte el saludo, las palabras y el trato dirigido a
“los demás” en actos mucho más personales.
El ensayista y moralista
francés Joseph Joubert sintetizó la virtud de la cortesía diciendo
que ésta “es la flor de la humanidad y el
que no es suficientemente cortés, no es suficientemente humano”.
¡Vence
el mal con el bien!
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