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Virtudes y Valores
| colaboradores de catholic.net
Autor: Ignacio León, L.C. | Fuente: Gama - Virtudes y Valores Faros oscurecidos o tinieblas luminosas
Sufrimientos hay de todos colores y sabores. A cada uno le toca sufrir de diversa manera pero se puede aprovechar la oportunidad o irse a pique con ella.
Faros oscurecidos o tinieblas luminosas
A todos
les llega el momento de enfrentarlo. Nadie se salva de
toparse ante él. ¿Por qué huir? ¡Tan sólo hay que
aprovechar la oportunidad de vivirlo!
Su aspecto no es agradable, es
cierto. El sufrimiento podríamos asemejarlo a un baúl de madera
polvoriento, apolillado y podrido. Nuestra naturaleza humana tiende a rehuir
este horroroso baúl. Sin embargo, ese cofre está lleno de
perlas preciosas. Alegrías sin par. Lo único que hace falta
es aceptarlo, abrazarlo con decisión y vivirlo. Después viene el
tesoro (Mt 5, 5).
Hay ejemplos clarísimos de hombres exitosos que
teniendo la oportunidad de sus vidas para brillar deciden ser
faros obscurecidos. Kurt Cobain, el famoso cantante de la banda
de rock “Nirvana”, después de llegar a la cima de
la fama se dejó arrastrar por el dolor y el
sinsentido. Un poco de sufrimiento tocó a la puerta de
su existencia… al no encontrar escapatoria... fundió el foco de
su vida.
Nosotros no estamos lejos de experimentar el peso
de las tinieblas del sufrimiento. Basta concretarlo: estudios, trabajo, vida
familiar, situación económica, dolores físicos, etc. Cada quién puede encontrar
la punzada que acongoja su vida.
Sufrimientos hay de todos
colores y sabores. A cada uno le toca sufrir de
diversa manera pero se puede aprovechar la oportunidad o irse
a pique con ella. La diferencia está en la aceptación
del dolor físico o moral. Éste puede convertirse en un
trampolín que me impulsa hacia la felicidad o puede transformarse
en indiferencia y abandono.
Es un hecho, el sufrimiento
lo enfrentan todos. ¿No será que es parte esencial de
la vida? Siendo así, ¡basta sacar un buen partido de
nuestros sinsabores! Conviene saber dar luz a las tinieblas que
nos asechan, con la confianza de que después encontraremos el
consuelo (Mt 11, 28-30).
La madre de Myriam Fernández decidió enfrentar
el gigante que le acongojaba. Convirtió su sufrimiento en tiniebla
luminosa. A los diecinueve años se percató de estar encinta.
Su bebita venía con parálisis cerebral. El novio la abandonó;
su fuga fácil era la de abortar para deshacerse del
sufrimiento. Sin embargo, prefirió aguantarse el dolor de la angustia
y la zozobra, el “qué dirán”, y finalmente dio en
adopción a su hija a una pareja que pudiera hacerse
cargo de su enfermedad. El dolor no se lo quitó
de encima, pero al final encontró la maravilla de ser
feliz. Encontró el tesoro precioso detrás de las tinieblas. Actualmente,
Myriam se encuentra sana y ha triunfado como cantante en
el foro de la familia “Tú sí que vales”.
Detrás del
sufrimiento siempre hay una pizca de sal que da sabor
a la vida. Una pizca del amor y de bondad
por parte de Dios que lleva al hombre a su
plenitud. Es bueno sufrir, hay que saber sufrir, pues es
un camino seguro para llegar a la plenitud.
Está claro
que es más fácil escaparse, es más sencillo el aborto,
más sencillo desconectar al enfermo terminal, más rápido jugar a
la ruleta rusa o quebrantar el amor conyugal, etc. Somos
personas humanas, tendemos a la comodidad y a lo fácil.
Aún así ¿Por qué huir del sufrimiento si al final
sacamos un gran tesoro de él? ¿No será que el
sufrimiento es una de las mejores maneras para subir un
escalón hacia la felicidad?
Como decía el escritor francés Alain, “en
cada instante de la vida… se nos ofrece una vida
nueva”
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