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Virtudes y Valores
| colaboradores de catholic.net
Autor: Laureano López, L.C. | Fuente: Gama - Virtudes y Valores La paciencia hace más llevadero lo que no tiene enmienda
La marabunta de la tecnología y el progreso de las comunicaciones nos han traído enormes beneficios y comodidades. Sin embargo, nos han hecho olvidar la paciencia. Hoy todo es urgente.
Campaña Virtudes y Valores
en la familia. Regala una suscripción si aún no lo
has hecho. De diciembre a enero, como preparación para el
Encuentro Mundial de las Familias, desarrollaremos esta campaña.
Se pierde,
se cansa, se agota, se debilita, se satura, se irrita,
se quiebra, se acaba, se recobra, se sofoca, se agobia,
se troncha, se restablece, se quebranta, se abruma, se termina,
se encuentra, se muele, se hastía, se consuma, se rescata,
se liquida, se remata, se molesta, se sufre, se desborda,
se recupera, se destruye, se atosiga, se extenúa, se harta
y se colma la paciencia. Si has llegado a esta
línea sin que te reviente la paciencia, habrás dado un
paso importante para conseguir esta virtud.
La paciencia es la virtud
por la cual se sabe sufrir y tolerar los infortunios
y adversidades con fortaleza, sin lamentarse. También significa ser capaz
de esperar con serenidad lo que tarda en llegar.
Vivimos en
un mundo frenético. La marabunta de la tecnología y el
progreso de las comunicaciones nos han traído enormes beneficios y
comodidades. Sin embargo, nos han hecho olvidar la paciencia y
la serenidad. Hoy todo es urgente. Te mandé un mail
y no lo viste. Te llamé cinco veces y no
me contestaste. Te envié un mensajito por el celular y
no me respondiste. Te estuve esperando quince minutos y no
llegaste. ¿Dónde te has metido? ¿Por qué no me avisaste
inmediatamente? ¡Date prisa! ¡Al grano! ¡Apúrate! ¿Qué estás esperando?
Por estas
circunstancias es importante que se aprenda a formar virtud de
la paciencia desde el seno familiar. Las dificultades cotidianas vividas
con amor y paciencia nos ayudan a prepararnos para la
venida del Reino de Dios. Cuando el niño pequeño llora,
cuando el adolescente es rebelde, cuando la hija es respondona,
cuando la esposa grita, cuando el marido se enoja, cuando
el abuelo chochea, cuando otra vez han dejado entrar al
perro en la casa y ha llenado todo de pelos…
nos llevamos las manos a la cara y exclamamos: ¡Señor,
dame paciencia… pero ahorita!
Es cierto, la paciencia es un fruto
del Espíritu Santo y debemos pedirlo constantemente. Esta virtud es
la primera perfección de la caridad, como dice san Pablo:
“La caridad es paciente, es servicial; no es envidiosa, no
es jactanciosa, no se engríe; es decorosa, no busca su
interés; no se irrita; no toma en cuenta el mal;
no se alegra en la injusticia; se alegra en la
verdad. Todo lo excusa. Todo lo cree. Todo lo espera.
Todo lo soporta” (1 Co 13,4-7)
La vida familiar aquí en
la Tierra es un gimnasio para entrenarnos en esta virtud.
Las adversidades diarias nos invitan a sufrir con paciencia la
ignorancia, el error, los defectos e imperfecciones de los miembros
de la familia. Sufrir con paciencia, se convierte en una
hermosa obra de misericordia espiritual. ¡Cuánto más paciente ha sido
Cristo con nosotros!
Señor, enséñanos a orar en familia como santa
Teresa: “Nada te turbe. Nada te espante. Todo se pasa.
Dios no se muda. La paciencia, todo lo alcanza. Quien
a Dios tiene, nada le falta: sólo Dios basta”.
¡Vence el mal con el bien!
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