La cantidad de $170,000 que Catholic.net necesita alcanzar dividida entre los 250,000 usuarios diarios del portal corresponde a un importe de menos de ¡0.70 dólares por cada uno!
En la práctica es imposible recibir 0.70 dólares de cada uno de los 130,000 usuarios, ¡pero quizá sí es posible recibir 50 dólares de 3,400 de ustedes! ¿Podría usted formar parte de ese "grupo de los 3,400" de cuya generosidad depende la sobrevivencia y el desarrollo de Catholic.net? ¡Por favor, piénselo! ¡Envíe su donativo hoy mismo!
Virtudes y Valores
| colaboradores de catholic.net
Autor: P. Antonio Rivero, L.C. | Fuente: Gama - Virtudes y Valores Adonai, Dios es el Señor
Adonai, Dios es y debe ser el Señor, el que determina cuál es el propósito para nuestra vida, y nuestra respuesta debe de ser la de rendirnos humildemente a su santa voluntad.
Campaña Virtudes y Valores
en la Liturgia. Del 16 al 25 de diciembre, como
preparación próxima a la Navidad, desarrollaremos esta campaña. Regala una
suscripción si aún no lo has hecho http://es.catholic.net/virtudesyvalores/regalo.php
Adonai, אֲדֹנָי es uno de los nombres hebreos de
Dios. Se usa más de 300 veces en el Antiguo
Testamento como una designación para Dios como Señor, Amo, Gobernante
de todo, Señor de señores, Gran Señor mío. Adonai era
el dueño de una propiedad, el jefe de familia, o
el gobernador de una provincia. Es un título de jerarquía,
honor y autoridad.
En contextos cristianos se considera el uso
del nombre Adonai como un reconocimiento claro de que "Dios
es el Señor".
En el judaísmo, el nombre de Dios es
más que un título distinguido. Representa la concepción judía de
la naturaleza divina, y de la relación de Dios con
el pueblo judío. Sobrecogidos por lo sagrado de los nombres
de Dios, y como medio de mostrar respeto y reverencia
hacia ellos, los escribas de textos sagrados «pausaban antes de
copiarlos, y usaban términos de reverencia para mantener oculto el
verdadero nombre de Dios».
¿Que nos revela, pues, el nombre Adonai?
Adonai
es el Dios Soberano lleno de poder y autoridad que
desea revelar su voluntad a los siervos que estén dispuestos
a creerle y obedecerle, como Abraham (cf. Gn 15, 2),
como Josué (cf. Jos 5,13-15), como Gedeón (cf. Jueces 6,14-16).
Principalmente el nombre Adonai enfatiza la relación del hombre con
Dios como su dueño, su autoridad y su proveedor.
Esto significa
que Dios es y debe ser el Señor, el que
determina cuál es el propósito para nuestra vida, y nuestra
respuesta debe de ser la de rendirnos humildemente a su
santa voluntad. El es el Señor, nosotros somos sus súbditos.
Debemos
grabar a fuego en nuestra mente y corazón estas grandes
verdades:
1. Dios es Señor, yo soy su siervo. 2. Dios diseñó
un plan para su siervo, y el siervo le obedece
con todas sus fuerzas, su corazón, su inteligencia y su
alma. 3. Dios manda con amor y por nuestro bien, nosotros
obedecemos sin cuestionarle. Y en nuestra obediencia amorosa y fiel
está nuestra realización como hombres, como criaturas y como cristianos.
Y está también el equilibrio, la paz y la
armonía de toda la creación.
En medio oriente para
acercarse al rey uno tenía que hacer un ritual muy
elaborado. Cuando uno se acercaba al rey, tenía que hacer
un ritual que consistía en tirarse a los pies del
rey. Era un gran honor que se permitiera besar el
borde de las vestiduras del rey, pues era considerado una
de las ofensas mas graves, aparte de las personas más
cercanas de la corte del Rey, mirar a los ojos
al Rey. Este ritual denotaba la autoridad del Rey sobre
todos sus súbditos.
Posición, autoridad, gloria. En estos tres sustantivos
se encerraba la esencia del nombre Adonai.
Y con Jesús,
el Hijo de Dios vivo, ¿qué pasó? ¿Sigue siendo también
Adonai?
Nuestro Dios, en Cristo, vino humilde, hecho Niño, pobre, inerme,
necesitado. Dios en Cristo, se quitó el manto de autoridad
para que no tengamos miedo. Se despojó de sus títulos
de honor para que nos acerquemos a Él con confianza.
Se hizo niño para que lo podamos abrazar y acariciar.
Se hizo impotente para fortalecer nuestra debilidad. Se hizo finito
para que vislumbremos desde aquí el infinito. Se hizo tiempo
para que lleguemos a la eternidad. Se hizo Palabra para
que escuchemos al Dios de cielo y tierra. Se hizo
hombre para que tengamos un modelo a quien mirar, seguir
e imitar.
¿No es hermoso este misterio de Dios en
Cristo? ¿No es tremendamente fascinante y luminoso? ¿No nos llena
de estupor y de gozo íntimo saber que esta tierra
fue cuna para este Señor Adonai? ¿No es un honor
que hayamos sido escogidos nosotros, y no los animales ni
los vegetales ni los minerales, para rendirle pleitesía y obediencia?
Ojalá
que en este adviento tengamos una revelación más clara del
Señor como Adonai, para que podamos conocer su propósito para
nuestras vidas y así someternos con alegría y humildad como
siervos de este gran Señor. Y si existiera una zona
de nuestra vida todavía no sometida a este Adonai, porque
está bajo nuestra égida… es hora de pedir perdón por
nuestra insolencia y soberbia, y prometerle vasallaje humilde y obediencia
sin condiciones.
Cada día deberíamos pasar tiempo en su presencia
eucarística para conocer mejor a este Dios Adonai que está
ahí, escondido bajo el velo del sacramento. ¡Cuántos secretos no
querrá comunicarnos! ¡Cuántas penas no querrá compartir con nosotros! ¡Cuántas
gracias no querrá derramar sobre nuestras almas!
Qué no sería este
mundo si todos obedeciéramos a este Señor de los señores.
¡Vence el mal con el bien!
El servicio es gratuito
Si
quieres comunicarte con el autor de este artículo, escribe un
mensaje a arivero@legionaries.org
Todos los servicios de Catholic.net son gratuitos.
Sólo nos mantenemos gracias a los donativos que, voluntariamente, nos hacen algunos de nuestros visitantes.
Necesitamos de tu ayuda para continuar anunciando el mensaje de Cristo a través de la Red.
Ayúdanos, Dios te lo recompensará. DA CLICK AQUÍ PARA DONAR