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Virtudes y Valores
| colaboradores de catholic.net
Autor: Laureano López, L.C. | Fuente: Virtudes y Valores Longanimidad: alarga el corazón para esta Navidad
La longanimidad nos ayuda a vivir con grandeza y constancia de ánimo en medio de las dificultades cotidianas.
Campaña Virtudes y Valores
en la familia. Regala una suscripción si aún no lo
has hecho. De octubre a noviembre, como preparación para el
Encuentro Mundial de las Familias, desarrollaremos esta campaña.
Si tienes
un corazón de uva pasa o de camisa fina sin
planchar, estira tu alma esta Navidad. Para lograr un corazón
sin arrugas, practica la virtud de la longanimidad.
Esta virtud nos
sabe más a platillo de cocina o a tacos de
la esquina, que a alimento espiritual. Sin embargo, la longanimidad
es un fruto del Espíritu Santo que nos ayuda a
vivir con grandeza y constancia de ánimo en medio de
las dificultades cotidianas. Nos invita a tener un espíritu magnánimo
y bondadoso aún a pesar de las tribulaciones.
Nosotros debemos suplicar
constantemente a Dios: ¡danos un corazón grande para amar! Lejos
del espíritu cristiano las almas mezquinas y apretadas.
Las dificultades
económicas y sociales de este año seguramente han repercutido en
nuestro entorno familiar, por ello la longanimidad nos ayuda a
prepararnos para esta Navidad. A este respecto escribía san Pablo
a los primeros cristianos: “más aún: nos gloriamos hasta en
las tribulaciones, sabiendo que la tribulación engendra la paciencia; la
paciencia, virtud probada; la virtud probada, esperanza; y la esperanza
no falla, porque el amor de Dios ha sido derramado
en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos ha
sido dado” (cf. Rm 5,5). Por ello, esta Navidad económicamente
difícil, ensancha tu alma y no dejes de ayudar a
alguna obra de caridad: un orfanato, un hospital, una asociación
que lucha contra la discapacidad, etc. Acrecienta también su Navidad.
Eso puede hacer la diferencia.
No es suficiente agigantar tu corazón
sólo en una ocasión. La constancia forma la virtud. Los
gimnastas para conseguir la elasticidad de sus brazos y piernas
se entrenan día tras día. Hoy un poco, mañana un
poco más, hasta lograr una extraordinaria flexibilidad. Por ello empiezan
desde niños. Así también los adultos debemos aprender de nuestros
niños que por naturaleza son de espíritu más grande que
nosotros.
Los años pasan, el ceño se frunce, nos hacemos roñosos,
se arruga la piel y se arruga el corazón. Así
que para evitar los desgarres y calambres espirituales necesitamos ejercicios
de maleabilidad para el alma.
Por ello, este Adviento incrementa
la ayuda y el perdón en la familia. Márcale al
hermano con quien estás peleado. Escríbele a tu padre si
se encuentra lejos. No dejes de visitar al abuelo. Platica
con tu hijo aunque sea un descarriado. Reconcíliate con Dios
si lo has abandonado. No te sientes a comer el
pavo si todavía hay alguno con quien no te hayas
reconciliado.
En 1948 había un hombre llamado Giovanni, tenía varios
hijos, era labrador y vivía en condición extrema de pobreza.
Su única posesión era media vaca. ¿Media vaca? Sí, pues
la tenía a medias con un dueño, del que era
aparcero. Su aspiración, por necesidad vital, era ser dueño exclusivo
de una vaca. En una carta del 19 de marzo
del mismo año el hermano, que estaba al corriente de
su situación, le mandó 50.000 liras para cubrir otra urgencia
improrrogable y le comentó: “por lo que se refiere a
la vaca, ya te dije una vez que no te
preocupes. Yo me encargaré del asunto. No hace falta que
te diga más, pues tú me sabes comprender”.
Angelino, que así
le llamaban, cumplió con su hermano y el 7 de
agosto de 1948 le mandó otra carta diciendo: “adjunto, para
tu consuelo, un cheque por 150.000 liras, como precio de
tu vaca, que antes poseías a medias. Este cheque ya
está pagado. Es decir, ya no estás en deuda. Asumir
yo toda esta carga me cuesta un poco, como te
dije de palabra, pero la Providencia se ocupará de ti
y de mí”.
Angelino, Angelo Roncalli, 10 años más tarde llegó
a ser el Papa Juan XXIII. Un hombre, ya beatificado,
al que todo el mundo recuerda como el “Papa bueno”.
Toda su vida practicó la virtud de la longanimidad y
Dios lo premió. Porque Dios bendice a las almas grandes
y ama a las que dan con alegría.
¡Vence
el mal con el bien!
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