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Virtudes y Valores
| colaboradores de catholic.net
Autor: Juan Alejandro Palacios, L.C. | Fuente: Virtudes y Valores Una amistad que no se paga a ningún precio
Donde verdaderamente hay amistad, los éxitos de uno son los éxitos de todos, donde el dolor de uno es el dolor de todos.
Campaña Virtudes y Valores
en la familia. Regala una suscripción si aún no lo
has hecho. De octubre a noviembre, como preparación para el
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“El
amigo es aquel que es como otro yo” (Cicerón, De
Amicitia, 21,8) En el mar las tormentas son dueñas del
pánico, mucho más si ocurren durante la noche: no se
ven estrellas, ni luna, ni luces en la costa que
puedan orientar al angustiado pescador. En cierta ocasión un padre
de familia, que era pescador, navegó con sus hijos a
unas cuantas millas de la costa mar adentro para pescar
lo que sería el sustento familiar del día siguiente. Su
pensamiento se dirigía a su esposa quien los esperaba ansiosa
en el jardín de la casa familiar la cual no
distaba mucho de la playa. Entró la noche y con
ella la tormenta, la esposa, al ver que su esposo
y sus hijos no regresaban a tierra y presintiendo algo
terrible que hubiera acabado con su razón de ser madre
y esposa, tomó una mecha empapada en aceite, le prendió
fuego y la lanzó al techo de la casa familiar,
en pocos instantes la casa se convirtió en una hoguera
que subía hacia al cielo, ¡qué locura! ¡Bendita locura de
una madre que ama! El padre con sus hijos, al
ver la hoguera supieron dónde se encontraban -ya que la
borrasca y la oscuridad los había desorientado y esa noche
no hubieran regresado a casa-, pudieron bregar hacia la costa
y encontrar a una madre que los esperaba como lo
más grande de su vida, ese otro yo del que
habla Cicerón que era lo más importante. Una familia donde
la amistad no se pagaba a ningún precio.
¿Quién no se
ha interrogado sobre una posible definición de amistad? Algunos con
talento práctico habrán esculcado las páginas de cualquier diccionario para
dar con la respuesta, otros más pragmáticos hubieran navegado en
Internet tratando de pescar la respuesta a su duda. Quizá
el de menor interés habrá preguntado a su maestro de
valores o a sus amigos. Pero ¿cómo conocer la verdadera
“amistad”? Amistad con los empleados de mi empresa, con los
amigos de clase, con los amigos de mis amigos… Algunos
opinan que la amistad es una verdadera interacción de cualidades
y pareceres semejantes entre dos personas, es verdadera porque está
llena de confianza. ¿Y qué tiene que ver la familia
en este asunto? Hay hermanos que no son amigos, esposos
que no se tienen confianza, primos que no se conocen…
no hay amistad. En la familia la amistad es el
eslabón que une todas las características propias de la misma.
San
Pablo, que no investigaba en diccionarios, ni mucho menos accedía
a internet, pero que sí era un hombre con mucho
sentido común escribió a los Efesios: “Maridos, amad a vuestras
mujeres como Cristo amó a la Iglesia y se entregó
por ella”, “El que ama a su mujer se ama
a sí mismo”, “y la mujer, que respete a su
marido”, “Hijos, obedeced a vuestros padres en el Señor, porque
esto es justo”, una serie de consejos de cómo vivir
cristianamente el matrimonio y, en consecuencia la vida familiar, para
aquellas personas que años atrás no conocían absolutamente nada a
cerca de Cristo.
Y es que es de sentido común,
para cualquier persona, que el matrimonio no debe ser un
negocio o una simple unión de palabras en aquella hermosa
y recordada ceremonia donde se prometieron amor eterno y sellaron
una alianza en la entrega de los anillos; más que
eso el matrimonio, sobre el que se va a fundar
una nueva familia, debía estar marcado desde un inicio con
el sello de la amistad: respeto, amor que se demuestra
en la ternura y en el cariño, sinceridad, comprensión entre
los esposos y de los esposos con los hijos, en
definitiva: una familia donde los integrantes no son padres, ni
madres, ni hermanos, sino algo más que eso: amigos porque
el amigo comprende, el amigo corrige, el amigo comparte las
angustias y pesares así como los éxitos; en una auténtica
familia donde verdaderamente hay amistad, los éxitos de uno son
los éxitos de todos, donde el dolor de uno es
el dolor de todos.
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