Campaña Virtudes y Valores
en la familia. Regala una suscripción si aún no lo
has hecho. De octubre a noviembre, como preparación para el
Encuentro Mundial de las Familias, desarrollaremos esta campaña.
Los vecinos de aquella colonia de clase media
eran sumamente herméticos y celosos de su privacidad. Se saludaban
por cortesía cuando coincidían en el momento de guardar sus
autos y nada más. Fue un triunfo reunirlos para escoger
a una representante de la manzana que los ayudara a
obtener de las autoridades la mejoría de los deficientes servicios.
La flamante representante se presentó en la casa de una
vecina con algún pretexto. La vecina la recibió con educación
y la pasó a su sala en donde lucía un
bello nacimiento lleno de figuras antiguas y armoniosamente escogidas. Sonó
el teléfono y la vecina visitada acudió a otra habitación
a contestar la llamada y después regresó a seguir atendiendo
a su visita. Cuando la representante de manzana se fue,
mientras la vecina visitada arreglaba la sala, inmediatamente notó que
faltaban unas figuras de porcelana y los animalitos más bellos
del nacimiento. La seguridad de que la ladrona era la
representante de manzana se hizo absoluta porque nadie más había
entrado a esa casa. La vecina fue a reclamar sus
figuras y la ladrona fingió inocencia entre lágrimas e indignación.
Aquellos adornos tan queridos se perdieron. Pero también se perdió
la confianza en aquella mujer.
La confianza es esa seguridad que tenemos de la
rectitud y de las buenas intenciones de los demás. Lo
sano es que en nuestras relaciones con los demás supongamos
la buena fe de todos. Esa confianza sostiene nuestra esperanza
de recibir de los demás un trato que corresponda al
nuestro.
Cuando tenemos la oportunidad de escoger a los amigos que
forman nuestro círculo social, esa confianza se ejerce de un
modo sano. Cuesta más trabajo mantenerla cuando los que nos
rodean no han sido escogidos por nosotros y les damos
tan sólo un trato circunstancial.
Si nos conocemos y nos queremos
hay mayor confianza.
Vivir rodeados de personas en las que no
podemos confiar nos hace herméticos, reservados, temerosos, incapaces de entablar
una relación más íntima. Por no tener confianza nos encerramos
en nuestra casa y vivimos la vida de otros en
las telenovelas porque no tenemos una vida propia.
Si
vivimos buscando el mal, encontraremos el mal
El miedo a
las malas intenciones de los demás nos lleva a ser
obsesivamente precavidos, de tal modo que sufrimos un verdadero tormento
suponiendo que la persona que está junto a nosotros tiene
malas intenciones.
Decía un patrón con muchos empleados, que él prefería
que lo robaran a estar pensando mal de aquellos que
colaboraban con él. Curiosamente aquellos empleados sin vigilancia sabían corresponder
a la confianza de su jefe.
También hay que decir que
un exceso de confianza nos hace pecar de ingenuos y
vale la pena recordar aquí que “en arca abierta, el
justo peca” y que no es correcto poner tentaciones que
puedan hacer caer al inocente.
Enseñar a confiar
La
delincuencia creciente y omnipresente nos hace dar a los niños
normas para comportarse ante desconocidos. Pero también tenemos que enseñarles
a confiar sanamente en los demás. Y aquí como siempre,
los enseñamos a confiar teniendo confianza en ellos. Confiamos en
ellos cuando les creemos y les hacemos caso. Pero como
están en formación, debemos comprender que cuando fallen, no por
eso les retiraremos nuestra confianza.
Ellos también deben confiar en sus
padres y en las personas mayores, por eso procuremos no
defraudarlos ni prometerles cosas que no cumpliremos, porque a nosotros
fácilmente se nos olvidan, pero ellos las recordarán toda su
vida.
A veces llegan niños de otras parroquias a pedirme que
les firme un librito de asistencias a Misa que les
dan sus catequistas para que en ellos se haga realidad
eso de ir a misa por obligación. Con ellos mando
un mensaje a su catequista pidiéndole que confíe en la
palabra del niño, que es digno de crédito y que
no necesita llevar una firma para demostrar que sí cumplió.
Si no confiamos en ellos, ¿qué les estamos enseñando?
Confianza en Dios
Una de las definiciones de la fe
es: confiar en Dios. Ponemos nuestra confianza en la veracidad
y en la bondad de Dios. Pero también aquí hay
exageraciones, como cuando el diablo tentó a Jesús y le
pidió que se arrojara del pináculo del templo y que
los ángeles lo sostendrían para que no se hiciera daño.
Jesús le recordó a Satanás que no hay que tentar
a Dios. (Mt 4, 7) Tentar a Dios es exponernos
imprudentemente a un mal o a un peligro confiando en
que Dios nos salvará. Eso es abuso de confianza.
Un buen propósito:
Ser nosotros mismos personas dignas de
confianza por la rectitud de nuestra vida y por el
buen desempeño de nuestras obligaciones.
¡Vence el mal
con el bien!
El servicio es gratuito
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