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Virtudes y Valores
| colaboradores de catholic.net
Autor: H. Laureano López, L.C. | Fuente: Virtudes y Valores Ser una familia de Palabra
Emprender en familia un nuevo viaje espiritual donde se descubra, viva y anuncie la Palabra de Dios.
Campaña Virtudes y Valores
en la familia. Regala una suscripción si aún no lo
has hecho. De octubre a noviembre, como preparación para el
Encuentro Mundial de las Familias, desarrollaremos esta campaña.
¿Por qué ser
familias cristianas “de palabra”, cuando se puede vivir como auténticas
familias de Palabra? El 26 de octubre de 2008, llegaron
a su fin los días de reflexión del Sínodo de
la Palabra presididos por el Santo Padre en Roma. En
uno de los documentos conclusivos, presentado por Mons. Gianfranco Ravasi,
se nos invita a emprender un nuevo viaje espiritual donde
se descubra, viva y anuncie la Palabra de Dios. ¿Cómo
hacerlo en familia? Siguiendo estas cuatro etapas:
La familia que descubre
la voz de la Palabra
La Revelación se nos presenta como
un mensaje vivo para el entorno familiar. La lectura atenta
y sabrosa de la Palabra de Dios es el alimento
exquisito para cada uno de sus miembros. La familia que
reza unida, permanece unida. Quienes beben del manantial de la
Biblia quedarán saciados, sin necesidad de saturarse con los riachuelos
del mundo. La meditación de la Sagrada Escritura debe ser,
para la familia, la experiencia de una lectura viva que
nos interpela en las actividades del día a día. Aprender
a recitar los salmos o a orar con el Evangelio
es poner en nuestros labios, en muchas ocasiones, las mismísimas
palabras usadas por Cristo.
La familia que contempla el Rostro de
la Palabra
¿Cómo contemplar este Rostro? Aprendiendo de la escuela de
la Virgen María. Ella supo degustar con la mirada la
faz de Cristo en aquella casa humilde de Nazareth. Fue
la convivencia de la Sagrada Familia con el Hijo de
Dios, que habitó durante treinta años con sus padres, lo
que permitió apreciar la Palabra en familia. De la misma
manera, en nuestras familias tenemos que deleitarnos en la contemplación
de nuestro Salvador que murió por nosotros para darnos la
vida. Al mismo tiempo, podemos aprender a encontrar este Rostro
en el rostro de cada una de las personas con
las que nos topamos a diario. Porque, como dice el
apóstol san Juan, quien dice que ama a Cristo, a
quien no ve, pero no ama a su hermano a
quien ve, es un mentiroso (Cf. 1 Jn 4, 20).
Por ello, la familia se debe convertir en escuela de
contemplación de la Palabra.
La familia que se reúne en la
casa de la Palabra
El núcleo familiar está llamado a ser
el motor que impulse la vida interna de las parroquias.
Sus miembros se insertan en la Iglesia, que es el
hogar de la Palabra. Por lo tanto, es imprescindible estimular
la participación atenta en la Liturgia de la Palabra durante
la misa dominical. La familia debe nutrirse, tanto del banquete
de la Palabra, como del banquete de la Eucaristía. Esto
únicamente se puede conseguir si en el seno familiar se
enseña a valorar el don de la Lectio Divina y
si se interiorizan las exigencias de la misma por medio
del testimonio, para no dejar que esta proclamación se quede
en palabras huecas que lleguen a unos oídos insensibles.
La familia
que anuncia el camino de la Palabra
La trasmisión del Evangelio
nos apremia. Muchas familias ya han experimentado el gozo de
entregarse, en alguna ocasión, a una misión evangelizadora. Hoy, más
que nunca, la Iglesia necesita de familias comprometidas que anuncien
la Buena Nueva. Las carencias de nuestro mundo actual nos
exigen, a gritos, el testimonio coherente de la familia. Nos
reclaman el ejemplo constante de la autenticidad en la vivencia
cristiana. Nos exhortan a que cada familia se convierta en
un espejo de Cristo por su unidad, por su caridad,
por su coherencia de vida. Nos obligan a que cada
familia viva genuinamente el mensaje del amor para que arrastren
a otras muchas a ser verdaderas familias de Palabra.
¡Vence
el mal con el bien!
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