La cantidad de $170,000 que Catholic.net necesita alcanzar dividida entre los 250,000 usuarios diarios del portal corresponde a un importe de menos de ¡0.70 dólares por cada uno!
En la práctica es imposible recibir 0.70 dólares de cada uno de los 130,000 usuarios, ¡pero quizá sí es posible recibir 50 dólares de 3,400 de ustedes! ¿Podría usted formar parte de ese "grupo de los 3,400" de cuya generosidad depende la sobrevivencia y el desarrollo de Catholic.net? ¡Por favor, piénselo! ¡Envíe su donativo hoy mismo!
Virtudes y Valores
| colaboradores de catholic.net
Autor: Ricardo Ruvalcaba, L.C. | Fuente: Catholic.net 7 consejos ante la muerte de un ser querido
Las dos verdades absolutamente ciertas de la vida son nuestra existencia y lo inevitable de nuestra muerte. Todos los hombres mueren, pero no todos viven.
“Ven, siervo bueno y
fiel; entra en el gozo de tu Señor” (Mt 25,
21) Ricardo Ruvalcaba, L.C.
1. La muerte es un momento de dolor donde
sólo la fe puede iluminar de esperanza ese momento de
tristeza. La muerte duele porque es un parto al cielo.
Cuando muera un ser querido piensa si existía un “derecho”
para retenerlo aquí y si era más tuyo que de
Dios. Mira si no es egoísmo querer privarle de lo
que ahora tiene: la felicidad eterna. ¿Estás seguro de que
más tarde se iba a salvar…?
2. ¿Qué es la muerte? La
muerte no tiene la última palabra: la vida no termina,
se transforma. Los hombres que contemplan el sepulcro de Jesucristo
viven en la esperanza de la Resurrección. La muerte nos
revela lo que el hombre es: “polvo, ceniza, nada”. Quien
muere deja una luz y alcanza otra. La muerte
es el paso a la eternidad. La muerte es fin
e inicio. Morir en gracia de Dios significa conquistar la
cumbre, la meta, el abrazo eterno del Padre. San Francisco
cantó: “Y por la hermana muerte, ¡loado mi Señor! Ningún
viviente escapa de su persecución; ¡ay, si en pecado grave
sorprende al pecador! ¡Dichosos los que cumplen la voluntad de
Dios!”.
3. ¿Es mejor vivir o morir? “Para mí la vida es
Cristo, y la muerte, una ganancia. Pero si el vivir
en la carne significa para mí trabajo fecundo, no sé
qué escoger... Me siento apremiado por las dos partes: por
una parte, deseo partir y estar con Cristo, lo cual,
ciertamente, es con mucho lo mejor...” (Flp 1, 21-23). La
felicidad del hombre consiste en amar y ser amado. Cuando
un alma parte a la casa del Padre ahí es
amada por Dios y ama a Dios. Un día el
hombre dejará de sonreír, de caminar y de cantar… pero
nunca dejará de amar. En vez de recibir la muerte
con lágrimas, deberíamos recibirla con una sonrisa porque nos conduce
al encuentro, cara a cara, con nuestro Creador.
4. ¿Qué podemos aprender
de la muerte? En la entrada de un cementerio español
está escrito: “Hoy a mí, mañana a ti”. Lo capital
para el hombre no es morir antes o después, sino
bien o mal. San Agustín confesó: “Como es la vida,
así es la muerte”. Ten presente que “Cuando un padre
muere es como si no muriese, pues deja tras de
sí –algunas veces- un hijo semejante a él”. (Si. 30,
4).
5. ¿Hay que temer la muerte? No, pero cuando se tiene
miedo, por algo será… Opta por una muerte que te
lleve al cielo. Que no te pase como aquel epitafio
que decía: “Aquí yace un hombre que murió sin leer
el libro que lo iba a salvar: la Biblia”. O
aquel otro que decía: “He aquí un ateo que no
tiene a dónde ir”. Hay que vivir de tal manera
que si volviéramos a nacer elegiríamos seguir el mismo camino.
Santa Teresa no temía la muerte, al contrario, ella decía:
“Muero porque no muero”. Para desear la eternidad es necesario
imaginar el abrazo del Padre.
6. ¿Por qué existe la muerte?
Porque el hombre quiere ver a Dios y para verlo
es necesario morir. El hombre surgido del polvo debe retornar
al polvo y el alma surgida de Dios debe volver
a Dios. Las dos verdades absolutamente ciertas de la vida
son nuestra existencia y lo inevitable de nuestra muerte. Todos
los hombres mueren, pero no todos viven. San Ambrosio predicó:
“Es verdad que la muerte no formaba parte de nuestra
naturaleza, sino que se introdujo en ella; Dios no instituyó
la muerte desde el principio, sino que nos la dio
como un remedio (...). En efecto, la vida del hombre,
condenada por culpa del pecado a un duro trabajo y
a un sufrimiento intolerable, comenzó a ser digna de lástima:
era necesario dar un fin a estos males, de modo
que la muerte restituyera lo que la vida había perdido.
La inmortalidad, en efecto, es más una carga que un
bien, si no entra en juego la gracia (…) No
debemos deplorar la muerte, ya que es causa de salvación”.
7. ¿Por
qué no sabemos el día que vamos a morir? Si
supiéramos el día de nuestra muerte no viviríamos cada día
con la misma intensidad. Nadie sabe ni cómo ni cuándo
morirá. Nadie por más que se esfuerce puede añadir una
hora al tiempo de su vida. La muerte es lo
más cierto, pero el día es lo más incierto. No
olvides que no es necesario ser viejo para morir. No
vale la pena indagar el cómo, el cuándo ni el
dónde moriré; pero sí vale estar preparado.
8. ¿Qué actitud debemos tomar
ante la muerte de un ser amado? No rechazar a
Dios porque nos lo ha quitado, sino agradecerle porque nos
lo ha dado. “¿Conviene llorar a un muerto? Sí, pero
no lamentarse cuando muere en aras de Dios”, como dijo
un amigo. Dios es misericordioso y “la misericordia se siente
superior al juicio” (St 2, 13) Porque “nuestra maldad es
una gota que cae en el océano de la misericordia
de Dios”. “Jesucristo crucificado está como un tapón entre la
muerte y el infierno”. Dios es comprensivo porque sabe todo
y saberlo todo es perdonarlo todo. Jesús nos enseñó: “Sed
misericordiosos como vuestro Padre celestial es misericordioso”. Mientras que el
apóstol Santiago escribió: “Habrá un juicio sin misericordia para el
que no tenga misericordia hacia los demás” (St 2, 13)
Recuerda: para obtener misericordia para uno mismo, es necesario tener
misericordia hacia los demás. “Al final de la vida sólo
queda lo que hayamos hecho por Dios y los demás”.
¡Vence el mal con el bien!
El servicio es gratuito
Si
quieres comunicarte con el autor, escribe un mensaje a esta dirección
Todos los servicios de Catholic.net son gratuitos.
Sólo nos mantenemos gracias a los donativos que, voluntariamente, nos hacen algunos de nuestros visitantes.
Necesitamos de tu ayuda para continuar anunciando el mensaje de Cristo a través de la Red.
Ayúdanos, Dios te lo recompensará. DA CLICK AQUÍ PARA DONAR