La cantidad de $170,000 que Catholic.net necesita alcanzar dividida entre los 250,000 usuarios diarios del portal corresponde a un importe de menos de ¡0.70 dólares por cada uno!
En la práctica es imposible recibir 0.70 dólares de cada uno de los 130,000 usuarios, ¡pero quizá sí es posible recibir 50 dólares de 3,400 de ustedes! ¿Podría usted formar parte de ese "grupo de los 3,400" de cuya generosidad depende la sobrevivencia y el desarrollo de Catholic.net? ¡Por favor, piénselo! ¡Envíe su donativo hoy mismo!
Virtudes y Valores
| colaboradores de catholic.net
Autor: P. Fernando Pascual, L.C. | Fuente: Equipo Gama-Virtudes y Valores Paz y Espiritualidad
La paz es una conquista que deseamos para todos. Promover espiritualidades sanas nos llevará a reducir conflictos entre los hombres.
¿Deseas recibir trabajos de
análisis, artículos de fondo, opinión y reflexiones sobre temas de
actualidad? Recibe el servicio semanal de Gama. Para solicitarlo
envía un mensaje a equipogama@arcol.org
¿Deseas
estar informado sobre las actividades semanales del Papa? Recibe Antorcha,
el servicio de resumen semanal de las actividades del Santo
Padre. Solicita suscripción aquí.
¿Existe una relación entre la paz
que une a pueblos e individuos, y la espiritualidad que
cada uno alberga en el propio corazón?
Para afrontar el tema,
podemos partir de un dato inicial: existe conflictualidad no sólo
entre personas y pueblos, sino que se da también en
el interior de cada corazón humano. Porque surgen conflictos cuando
en la propia interioridad se enfrentan ideas y emociones, deseos
y proyectos, decisiones y resultados.
Es difícil encontrar a alguien que
se sienta plenamente satisfecho consigo mismo. Su dinamismo interior le
lleva con mayor o menor frecuencia a tensiones internas, a
una lucha que necesariamente y en formas no siempre claras
termina por reflejarse hacia afuera, en las relaciones con los
demás.
Demos un paso ulterior. Una vez que hemos evidenciado que
la lucha es parte integrante de la vida de cada
ser humano, descubrimos que el modo de afrontar los propios
conflictos internos varía mucho de persona a persona.
Unos aceptan las
tensiones y luchas de cada día con serenidad, con optimismo,
incluso a veces con una sana dosis de humor. Otros
las viven de modo dramático, incluso trágico, lo que genera
consecuencias graves no sólo para uno mismo, sino para los
demás.
Aquí es donde podemos reflexionar sobre la espiritualidad, entendida como
visión profunda desde la cual todos valoramos la vida en
sus múltiples dimensiones y orientamos y dirigimos las propias decisiones.
Según la perspectiva que cada uno asume sobre lo que
significa vivir, con las tensiones inevitables de toda existencia humana,
es posible alcanzar un cierto estado de equilibrio que lleva
a la paz con uno mismo. Igualmente, es posible mantener
y aumentar la conflictualidad interna, lo cual no queda circunscrito
a la propia conciencia, sino que repercute de modo inevitable
entre quienes nos rodean.
Las espiritualidades son muy diversas, y los
resultados que se alcanzan con cada una de ellas varían
de persona a persona. Una espiritualidad realista, capaz de asumir
las propias responsabilidades, de reconocer los errores, de pedir perdón
a uno mismo, a Dios, a los demás, conlleva una
serie de ventajas importantes en orden a la conquista de
la paz. Una espiritualidad ingenuamente optimista, que avanza por la
vida sin ponerse preguntas serias, sin observar con atención los
peligros y tensiones que surgen de modo inevitable en tantas
ocasiones, puede provocar choques y fracasos que generan luego sensaciones
de derrota y amargura. Una espiritualidad pesimista, cerrada, dominada por
el miedo y la sospecha, encadenará corazones e impedirá ese
mínimo de energías que permiten desarrollar una psicología sana, en
paz. Una espiritualidad consumista y tecnicista subordinará los juicios y
las opciones según el mayor o menor grado de satisfacción
que uno crea alcanzar desde los productos adquiridos y usados
como centro de la propia realización en clave muchas veces
egoística.
Desde las distintas espiritualidades cada uno ingresa en la vida
social. Hay quienes vuelcan sus tensiones en la familia, en
el trabajo, en la calle, incluso en el tiempo de
vacaciones. Basta con ver las caras de algunos automovilistas para
comprender quién vive en paz y quién está controlado por
la amargura y la rabia.
Otros, en cambio, difunden a su
alrededor una paz y una dicha profunda, que contagia y
suscita remansos de armonía y de concordia. Da gusto hablar
con un familiar equilibrado, trabajar con un compañero sereno y
reflexivo, ir por la calle entre personas que sonríen o
que simplemente tienen un rostro amable y relajado.
Lo que vale
para la vida social pequeña, cotidiana, vale para los pueblos
y las naciones. Los conflictos que destruyen y dañan regiones
pequeñas o países inmensos nacen, ciertamente, desde situaciones económicas y
políticas muy complejas. Pero ello no quita que haya individuos,
pueblos y culturas que superan las pruebas desde una perspectiva
de paz. En otros lugares, en cambio, personas y grupos
reducidos (pero llenos de rabia y, por desgracia, a veces
muy bien financiados) lanzan ataques contra soldados, policías o incluso
contra personas inocentes y sencillas. Provocan así conflictos sangrientos que
pueden durar años y que desgastan y destruyen los esfuerzos
de muchos por conseguir una sociedad más justa y más
pacífica.
La paz es una conquista que deseamos para todos y
en todos los niveles. Promover espiritualidades sanas llevará a reducir
conflictos y a levantar caminos de diálogo y de encuentro
entre las personas, los grupos y las culturas. Denunciar y
aislar espiritualidades violentas y desequilibradas permitirá reducir males que dañan
enormemente a miles de inocentes que sufren como víctimas de
conflictos absurdos y endémicos.
La tarea es cosa de todos, y
empieza de un modo silencioso, humilde, pero decisivo, en uno
mismo. Se trata simplemente de mirar el propio corazón, de
ver con qué ideas es alimentado, de sentir si vive
de amor o de egoísmo. Cuando haga falta, será necesario
arrancar rencores y marginar ideales falsos que llevan a conflictos
dañinos. En la mayoría de los casos, se tratará simplemente
de nutrir lo mucho bueno que hemos recibido en el
hogar, en la escuela, en la parroquia. Existen muchos elementos
de paz y de concordia que son propios de la
gran mayoría de las culturas humanas, y que merecen ser
protegidos y difundidos a todos los niveles: familiar, escolar, laboral,
local, regional, nacional e internacional.
Todos los servicios de Catholic.net son gratuitos.
Sólo nos mantenemos gracias a los donativos que, voluntariamente, nos hacen algunos de nuestros visitantes.
Necesitamos de tu ayuda para continuar anunciando el mensaje de Cristo a través de la Red.
Ayúdanos, Dios te lo recompensará. DA CLICK AQUÍ PARA DONAR