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Virtudes y Valores
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Autor: Jesús Manuel Valencia, LC | Fuente: GAMA- Virtudes y valores Hacerse en gerundio (valor: realizarse a si mismo)
En la aceptación de la propia vocación se encuentra la autenticidad personal, la realización plena de nuestra existencia.
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Es bien conocida la fábula de la rana
y el buey. Por azares del destino, una rana (si
se quiere puede ser la rana-René) se encuentra frente a
un gran buey. El anfibio, con sus ojos saltones y
desorbitados, contempla fascinado al rumiante, que pace indiferente a su
lado.
-¡Ay! -exclama la rana- Si yo tuviese tal estatura.
Y
como la rana además de verde, es vanidosa, ni corta
ni perezosa comienza a inflarse más y más para emular
al corpulento buey...De la rana ya no supimos más, sino
que dejó como único rastro unas ancas muy largas y
estiradas. De ordinario la moraleja de la historia se aplica a
la soberbia, a la vanidad o a algún vicio del
género. Hoy vamos a verlo desde otro punto de vista.
Encontramos
las realidades con las que nos tropezamos en la
vida en diversas posiciones y con diversas jerarquías: como una
acción, el lugar donde se realiza, el momento, las circunstancias.
Pero sobre todas éstas impera el sujeto que actúa, que
es, por decirlo así, la condición de las demás modalidades
en que la realidad se inscribe ante nuestros ojos.
Concretemos
esta breve constatación en la criatura más grande que pisa
la tierra: el hombre. Él tiene una capacidad que es
la “envidia” de los demás seres: mientras que aquellos sólo
hacen cosas, el hombre cuando actúa, se hace a sí
mismo. Es una de esas dimensiones de las que no
debe escapar, pues de hacerlo, se embrutecería hasta hacerse casi
un animal “a secas,” sin el honroso apellido de racional.
Es un hecho que no venimos a este mundo
ya formados. Ni tampoco nos hacemos de golpe y porrazo.
El ser humano –dice Ortega y Gasset- es un continuo
hacerse…un gerundio, no un participio. Y nada más cierto que
esto. Sólo falta echar un vitazo a nuestra vida. Existe
en ella una continua tensión entre ese proyecto modelo, esas
metas e ideales que nos han cautivado y la situación
actual en la que nos encontramos. ¡Cuánto esfuerzo por romper
nuestras limitaciones y defectos, por dejar atrás las derrotas, por
abrazar la victoria!
Hoy en día se nos proponen un
centenar de modelos, de ideales: la moda, la figura, el
deporte, la ciencia y un largísimo etcétera. A decir verdad
muchos son irrealizables. Pero la opinión pública los retiene
como modelos fiables e indiscutibles; y, claro, uno después se
encuentra, no ya con ranas reventadas, sino con vidas frustradas,
llenas de amargura, porque la amargura consiste en la desproporción
entre los que anhelamos y lo que alcanzamos.
Detrás de
todo esto se halla un aspecto fundamental de la vida
humana: encontrar la vocación para la que se existe,
ese proyecto de lo que debo ser, formando mi verdadero
yo. Este proyecto –de nuevo Ortega- se encuentra al inicio
oculto y tenemos de él un vago conocimiento; sólo poco
a poco se desvela a la conciencia. Debemos buscarlo con
fidelidad, mas podemos traicionarlo, falsificarlo, cambiarlo por un plato de
lentejas. Sin embargo él continúa como norma inexorable, juzgando nuestro
actuar. Lo lamentable sería falsificar la propia vida, ser un
sucedáneo de lo que debía ser, lamentándolo en la vejez
e incluso, Dios no lo permita, en la eternidad.
En
la aceptación de la propia vocación se encuentra la autenticidad
personal, la realización plena de nuestra existencia. Los creyentes tenemos
la ventaja de saber que es Dios mismo el que
nos ha pensado con un camino que seguir, con
la compañía del Espíritu Santo. Pero incluso los que piensan
que toda se acaba aquí abajo, tienen la oportunidad de
realizarse siguiendo honestamente su conciencia. Si lo hacen, terminarán ellos
también allá arriba. ¡Así de grande es la misericordia divina!
Nadie
va a sustituir a nadie. Cada uno es irrepetible. El
hombre auténtico será el que se posee a sí mismo,
y determina las líneas de la propia existencia no bajo
la presión externa, sino sobre la base de las opciones
personales libres. Si se ve claro que la opción
para ser feliz es ser astronauta, hay que
inténtalo. Si doctor, lanzarse. Si maestro, atreverse. Si sacerdote, no
tener miedo. Lo importante es que esa elección sea la
que nos haga auténtica y totalmente hombres, e irreversiblemente realizado.
Ahí
está la solución. Si nos ha tocado en suerte ser
rana, no debemos vender nuestra personalidad. Pero si podemos esforzarnos
por ser la mejor que haya croado en este mundo...
sin envidiar a ningún buey que se ponga enfrente.
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