La cantidad de $170,000 que Catholic.net necesita alcanzar dividida entre los 250,000 usuarios diarios del portal corresponde a un importe de menos de ¡0.70 dólares por cada uno!
En la práctica es imposible recibir 0.70 dólares de cada uno de los 130,000 usuarios, ¡pero quizá sí es posible recibir 50 dólares de 3,400 de ustedes! ¿Podría usted formar parte de ese "grupo de los 3,400" de cuya generosidad depende la sobrevivencia y el desarrollo de Catholic.net? ¡Por favor, piénselo! ¡Envíe su donativo hoy mismo!
Virtudes y Valores
| colaboradores de catholic.net
Autor: Monseñor Antonio González | Fuente: Conoze.com La sinceridad
Si cada uno se dedicara a exteriorizar, con palabras y con actos todo lo que piensa y siente, ninguna vida humana sería posible.
¿Deseas prepararte mejor para
Navidad? Recibe o regala el servicio especial de virtudes y
valores durante los domingos de adviento. !Es totalmente gratis! Para
más información entra aquí.
Uno de los rasgos más sobresalientes
de nuestra época consiste en poner en tela de juicio
y en subvertir todos los valores tradicionales. Intentar hablar, en
ciertos ambientes, de la verdad, la sabiduría o la virtud
es considerado como un anacronismo. Sólo la sinceridad escapa a
este naufragio universal; es el último valor aún admitido, el
que permite todos los demás y ocupa el lugar de
ellos.
He oído decir muchas veces, refiriéndose a un autor: «Es
una obra básicamente pornográfica, pero es sincero...», con un acento
lleno de indulgencia cercano a la aprobación...
No estoy seguro de
que todos estos campeones de la sinceridad sean sinceros. La
inconveniencia ha entrado en las convenciones, por lo tanto el
exhibicionismo obsceno, como los actos o relatos de violencia, aseguran
el éxito; la hipocresía puede muy bien consistir en fingir
las peores audacias al igual que antes consistía en salvar
las apariencias de la moralidad y del «buen tono».
El hombre
sincero es el que expresa con verdad lo que piensa
y siente. Esta definición del diccionario prueba que la sinceridad
absoluta no existe. Si cada uno se dedicara a exteriorizar,
con palabras y con actos todo lo que piensa y
siente, ninguna vida humana sería posible. Los ejemplos abundan: ¿es
sincero quien, bajo un bombardeo, temblando todos sus miembros, se
esfuerza por no traslucir sus emociones y anima y tranquiliza
a los otros? ¿No soy sincero cuando voy a trabajar
y tengo, en un hermoso día, unas ganas inmensas de
pasearme por el campo? ¿Y si al discutir con alguien
que mantiene tesis absurdas, domino mi irritación, y sin romper
la conversación continúo con calma, tratando de enseñarle a razonar?
Solamente los animales y los niños muy pequeños son total
y continuamente sinceros: gritan, golpean, comen o se niegan a
comer siguiendo el impulso del momento.
Pero volvamos a los ejemplos
citados: cuando el miedo se apodera de mí, ¿dónde está
la verdad más profunda? ¿en mi cuerpo que tiembla o
en mi espíritu que no cede ante el temblor?
Cuando trabajo,
en vez de pasearme... ¿la sinceridad está en mi pereza
o en mi fidelidad al deber de estado? Y finalmente,
¿dónde está mi verdad más profunda? ¿en mi irritación espontánea
o en mi deseo de benevolencia hacia otras personas? Soy
menos sincero en relación con mis emociones pero soy mas
auténtico con relación a mis deberes. Enseño menos lo que
soy, pero me acerco más a lo que debo ser.
Si
se hace de la sinceridad, a cualquier nivel y a
cualquier precio, un valor absoluto, se minan todas las virtudes
sobre las que reposa el edificio individual y social: dominio
de uno mismo, disciplina interior y exterior, pudor, etc. y
la única verdad que permanece es el del caos...
Todos los servicios de Catholic.net son gratuitos.
Sólo nos mantenemos gracias a los donativos que, voluntariamente, nos hacen algunos de nuestros visitantes.
Necesitamos de tu ayuda para continuar anunciando el mensaje de Cristo a través de la Red.
Ayúdanos, Dios te lo recompensará. DA CLICK AQUÍ PARA DONAR