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Virtudes y Valores
| colaboradores de catholic.net
Autor: Antonio Rivero, LC | Fuente: GAMA-virtudes y valores La ilusión en la vida
¿Qué podemos decir de la ilusión positiva, la que no deforma la realidad, como veremos después, sino que es el soporte de la acción, la energía emocional que nos mueve en pro de la consecución de nuestro proyecto?
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“Sin ilusiones la humanidad moriría de desesperación o
de aburrimiento”, dijo Anatole France.
Todas las aventuras, los inventos, los
hallazgos arqueológicos...se han llevado a cabo gracias a personas ilusionadas
en la vida.
Acuérdense del alpinista Edmund Hillary, el neozelandés que
escaló por vez primera la cima del Himalaya, clavando lleno
de ilusión y sano orgullo su bandera nacional. La ilusión
de los conquistadores españoles que se echaron a la suerte
y se lanzaron a alta mar, conquistando México, Perú y
las Américas, y llevando la fe cristiana, aunque a muchos
les costó la vida. El bacilo de Koch, la penicilina
de Fleming, la máquina a vapor de James Watt y
Stephenson, el cine de los hermanos Lumiére, el submarino de
Monturiol e Isaac Peral, el avión de los hermanos Whright...todos
estos inventos se llevaron a cabo gracias a la ilusión
de estos hombres. Sin ilusión no hay avances, ni progreso,
ni heroísmo. Sin ilusión la humanidad muere de desesperación o
de aburrimiento. La ilusión da ganas de vivir y nos
hace crecer las alas de nuestra alma.
La ilusión empuja, arrastra,
tira, fascina por su contenido y pone en marcha la
motivación. Es como sentirse hipnotizado ante aquello que queremos conseguir.
¡Cuántas veces hemos oído de algún amigo que, con el
rostro radiante, nos dice con palabras rotundas: “Estoy muy ilusionado”!
¿Qué podemos decir de la ilusión positiva, la que no
deforma la realidad, como veremos después, sino que es el
soporte de la acción, la energía emocional que nos mueve
en pro de la consecución de nuestro proyecto?
No pocas veces
la realidad cotidiana se nos presenta “gris”, enormemente rutinaria, por
seguir una pauta marcada y, por tanto, desprovista de incentivos.
Es verdad que cada día nos vemos obligados a realizar
una serie de tareas que son más o menos iguales;
pero detengámonos y pensemos:
1) ¿Por qué, en vez de mantener
fija nuestra vista en el componente negro del gris, no
impregnamos mucho más nuestra mirada del componente blanco?
2) Aunque desempeñemos todos
los días las mismas tareas, no quiere decir que tengamos
que realizarlas de la misma manera. Podemos hacer intervenir a
nuestra fantasía, de manera que demos calor y alegría a
lo que es rutinario y repetitivo.
3) Por otra parte, siendo el
hombre ser inacabado y continuo proyecto, siempre es posible diseñar
proyectos que se salgan de lo cotidiano, que sean asequibles
y nos motiven.
Tanto si nos ocupamos en las tareas necesarias
del cotidiano vivir, como si proyectamos cosas nuevas, debemos vivir
con ilusión y realizando un constante ejercicio de esperanza. Un
buen resultado se obtiene haciendo bien lo que debemos hacer,
con ilusión positiva, fundada en la percepción real de las
cosas.
¡Vence el mal con el bien!
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gratuito
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