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Virtudes y Valores
| colaboradores de catholic.net
Autor: P. Fernando Pascual, L.C. | Fuente: Virtudes y valores La vida ¿valor laico o religioso?
La vida es un valor religios y laico a la vez porque se fundamenta en el primer derecho de todo ser humano: derecho a la vida. Creyentes y no creyentes debemos defenderla porque es un valor humano, y lo humano nos une a todos.
Algunos oponen como si
fueran contradictorios dos modos de valorar la vida humana: la
valoración “laica” y la valoración “religiosa”. Piensan que, en la
vida pública, el valor de la vida humana no puede
radicar en principios religiosos que no son compartidos por algunos
(tal vez muchos) miembros de la sociedad. Creen que la
“sacralidad” de la vida es algo que debería quedar relegado
a las sacristías o al bisturí de algún médico religioso.
La
oposición entre estas dos perspectivas, sin embargo, no está tan
clara, pues el valor de cualquier vida humana puede ser
descubierto siempre, tanto desde un punto de vista laico como
desde un punto de vista religioso.
Cada vida humana vale porque
es la raíz de la libertad, de la autonomía, de
la participación en el mundo del trabajo: valores profundamente “laicos”
y, a la vez, profundamente religiosos. A la vez, cada
vida vale porque permite al hombre creyente dar gracias a
Dios, acoger una religión, rezar y entregarse al servicio del
prójimo: valores profundamente religiosos que también se ofrecen a los
laicos que quieran aceptarlos libremente.
Por lo mismo, defender la vida,
cualquier vida humana, no es algo reservado a los creyentes.
Todos podemos, mejor, todos debemos, identificarnos con este valor, defenderlo
como propio, como universal, como absoluto. Todos podemos y debemos
unirnos para eliminar cualquier injusticia que vaya contra la vida
de otros seres humanos: el aborto, el infanticidio, el hambre,
la falta de medicinas y de higiene para amplios sectores
de población (especialmente para asistir a la mujer embarazada), la
eutanasia y la pena de muerte.
No dejemos que algunos nos
engañen: defender el valor de la vida no puede ser
un asunto reservado sólo a los creyentes. Es, más bien,
el valor que más nos puede unir a todos los
seres humanos. Precisamente por eso: porque queremos que nadie sea
excluido de la aventura del vivir, porque sabemos que la
justicia empieza cuando reconocemos el derecho primario, fundamental (que fundamenta,
que sostiene) todos los demás derechos.
Decir no al aborto, a
la pena de muerte y a la eutanasia es decir
sí a lo mejor que hay en todos, creyentes y
no creyentes. Es poner las bases para construir un mundo
justo, fundado en el respeto al otro, al distinto, al
pequeño, al débil, al desamparado. Es decir sí a esa
vida que nos permite, a ti y a mí, caminar
juntos en el tiempo hacia un destino eterno en el
que (así lo creo) podremos quizá algún día abrazarnos como
hermanos.
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