La cantidad de $170,000 que Catholic.net necesita alcanzar dividida entre los 250,000 usuarios diarios del portal corresponde a un importe de menos de ¡0.70 dólares por cada uno!
En la práctica es imposible recibir 0.70 dólares de cada uno de los 130,000 usuarios, ¡pero quizá sí es posible recibir 50 dólares de 3,400 de ustedes! ¿Podría usted formar parte de ese "grupo de los 3,400" de cuya generosidad depende la sobrevivencia y el desarrollo de Catholic.net? ¡Por favor, piénselo! ¡Envíe su donativo hoy mismo!
Virtudes y Valores
| colaboradores de catholic.net
Autor: P. Mariano de Blas, L.C. | Fuente: Virtudes y valores Es mejor dar que recibir
Es una paradoja que nos puede parecer contradictoria. El hombre que da y se da a sí mismo es una persona más feliz y realizada, dando recibe más de lo que da.
Hay en Tierra Santa
dos lagos alimentados por el mismo río, situados a unos
kilómetros de distancia el uno del otro, pero con características
asombrosamente distintas. Uno es el “Lago de Genesaret” y el
otro el llamado “Mar Muerto”.
El primero es azul, lleno de
vida y de contrastes, de calma y de borrasca. En
sus orillas se reflejan delicadamente las flores sencillas amarillas y
rosas de su bellísimas praderas. El Mar Muerto, es una
laguna salitrosa y densa, donde no hay vida, y queda
estancada el agua que viene del río Jordán.
¿Qué es lo
que hace tan diferentes a los dos lagos alimentados por
el mismo río? Es sencillamente esto: El lago de Genesaret
trasmite generosamente lo que recibe. Su agua, una vez llegada
allí, parte inmediatamente para remediar la sequía de los campos,
para saciar la sed de los hombres y de los
animales: es un agua altruista. El agua del Mar Muerto
se estanca, se adormece, se salitra, mata. Es agua egoísta,
estancada, inútil.
Pasa lo mismo con las personas. Las que viven
dando y dándose generosamente a los demás, viven y hacen
vivir. Las personas que egoístamente reciben, guardan y no dan,
son como agua estancada, que muere y causa la muerte
a su alrededor.
Pensamos que, cuando repartimos nuestro dinero, tiempo, honor,
nos empobrecemos, que los demás se van quedando con lo
nuestro, y nosotros nos vamos vaciando y empobreciendo cada vez
más. Eso nos parece, estamos seguros de que así es,
pero ocurre exactamente lo contrario.
Cuanto más damos, más recibimos. Cuanto
menos repartimos de lo nuestro, más pobres nos volvemos. Es
una ley espiritual, que se cumple puntualmente; es una ley
difícil de aceptar, por eso pocos se arriesgan a ponerla
en práctica; pero hay un reto muy interesante para el
que lo quiera aceptar. El que quiere vivir de acuerdo
a esa ley de dar y darse a los demás,
se llevará sorpresas muy agradables. Es mejor dar que recibir.
Muchas
gentes se parecen al Mar Muerto: sólo reciben, acumulan, no
se dan, y así, se fabrican una vida amarga, desdichada
e infeliz. Hay otros que dan y se dan a
sí mismos con generosidad y sin esperar recompensa... Esta gente
es la más feliz de nuestro mundo.
El que acumula para
sí sólo, llama a gritos a la infelicidad y ésta
llega. El que reparte, abre la puerta a la felicidad.
Acaparar y ser egoísta cierran la puerta.
Todos los servicios de Catholic.net son gratuitos.
Sólo nos mantenemos gracias a los donativos que, voluntariamente, nos hacen algunos de nuestros visitantes.
Necesitamos de tu ayuda para continuar anunciando el mensaje de Cristo a través de la Red.
Ayúdanos, Dios te lo recompensará. DA CLICK AQUÍ PARA DONAR