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La
renovación de la imagen del Beato Juan Diego,
con motivo de su próxima Canonización, debe
contemplar elementos que la actualicen y
con ello le den validez y aceptación ante
la Iglesia. Los elementos que he considerado
tomar en cuenta al realizar esta propuesta
iconográfica son:
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1°
La imagen de un indígena adulto ; cuyo
rostro iluminado es muestra de la transformación
que el encuentro con Jesucristo resucitado
le ha causado. Es la impronta de la Santidad,
que debe inspirar a quien lo ve, a encontrar
y seguir ese proyecto personal de perfección
cristiana en su vida. Hoy el Beato Juan
Diego, mañana será San Juan Diego y con
ello, tendremos un nuevo aliado en el proceso
de la reevangelización de la Arquidiócesis
de esta gran Ciudad de México y la de toda
la América Latina.
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2°
La Cruz de la Misión. Un símbolo que todos
los que trabajamos en este gran proyecto
arquidiocesano de la Misión 2000, podemos
reconocer de inmediato. El Beato nos señala
que ese es el camino (La Cruz de Cristo),
que no debemos quedarnos en el ayate y mucho
menos en la adoración del Santo, eso sería
idolatría, el modelo de perfección que debemos
seguir es: Jesucristo.
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3°
El ayate y la rosa. En esta pintura, el
ayate ocupa un lugar secundario, pues el
tema central es la imagen del Beato Juan
Diego. Sin embargo, aparece para recordar
la relación de la Virgen de Guadalupe con
Juan Diego, de alguna manera es una forma
didáctica para todos aquellos que no conocen
la historia del hecho Guadalupano. La rosa,
es el símbolo de la prueba que la Virgen
ofrece para que creamos en el portento de
las apariciones. ¡Aquí está la prueba,es
verdad!
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4°
El paisaje que sugiere el valle de
México, lugar físico de las apariciones,
lugar del nacimiento del Guadalupanismo.
La estrella de la mañana (Venus),
que anuncia un nuevo amanecer, el
despertar a una nueva Fé, luz que
se abre paso entre las tinieblas de
la noche, San Juan Diego, una nueva
luz que ha de alumbrar el camino de
los nuevos misioneros, evangelizadores
que con su testimonio calienten a
un mundo que muere de frío por falta
de Dios.
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JAIME
DOMÍNGUEZ MONTES
Acrílico sobre tela
80 x 70 cms.
Febrero del 2002
MÉXICO
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