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| El calabozo (cachot) |
Los Soubirous se hubieran quedado en la calle si
un primo, Aimé Sajous, no les hubiera dado cobijo en
"el Calabozo", en la calle "des Petits Fossés", la antigua
cárcel. Era un tugurio húmedo y malsano, de 3,77 por
4,40 metros, con una sola ventana nada grande. Francisco y
Luisa recogieron lo que les quedaba de su mobiliario y
se instalaron allí con sus cuatro hijos, desde 1856 hasta
el otoño de 1858. De aquí salió Bernardita hacia la
Gruta para encontrarse, 18 veces, con la Santísima Virgen.
Mientras sus
padres trabajan, contratados por jornadas, Bernardita, que tiene diez años,
cuida de sus hermanos. Imposible para ella ir a la
escuela.
Restaurado en los años 1995-96, el Calabozo está limpio, pero
desprovisto de muebles. Este lugar nos recuerda que la Virgen
escogió a la más pobre e ignorante, una paradoja que
no es otra que la del mismo Evangelio.
"Tras
las huellas de Bernardita"
Un itinerario propuesto a los peregrinos, una
invitación a seguir las huellas de Bernardita Soubirous para descubrir
su mensaje de fe