Autor: n/a | Fuente: peregrinacionnea.org.ar La Basílica de Itatí
El templo es sin dudas una impresionante obra arquitectónica de características únicas en esta parte del mundo, tanto por su diseño, como así también por su magnitud
La Basílica de Itatí
Si bien fueron numerosos los santuarios que sirvieron de
altar de veneración para la imagen de Nuestra Señora de
Itatí, sin duda el más adecuado e imponente es la
actual Basílica que se erige a pocos metros del Paraná.
Su piedra fundamental fue colocada en 1938, momento a partir
del cual se iniciaron las obras, bajo la supervisión del
italiano Pedro Azzano, concluyéndose (aunque su habilitación fue parcial) a
tiempo para que su inauguración coincidiera con el Cincuentenario de
la Coronación del Virgen, el 16 de julio de 1950.
A su frente, se encuentra la plaza central del
pueblo llamada Fray Luis Bolaños, de la cual la separa
una calle empedrada que, a modo de explanada, sirve como
lugar de concentración para los fieles durante las solemnidades. Allí
nace una escalinata que termina en las imponentes columnas que
custodian el portal del templo, en cuyo dintel se logra
divisar el escudo pontificio.
El templo es sin
dudas una impresionante obra arquitectónica de características únicas en esta
parte del mundo, tanto por su diseño, como así también
por su magnitud. Tiene un largo de 81 metros por
63 metros de ancho, llegando a cubrir una superficie real
de 2.900 metros cuadrados, aptos para albergar en su interior
a más de 9.000 personas. Su cúpula, custodiada por cuatro
torres, tiene un diámetro de 26 metros, cuya altura, incluyendo
la imagen de la Virgen que reposa en la cúspide,
alcanza los 80 metros, destacándose como la más alta de
Sudamérica. Al lado izquierdo de la edificación, se encuentra
el Museo Sacro, instalado en la antigua capilla que albergó
la imagen desde mediados del Siglo XIX y hasta la
construcción de la Basílica. Sus accesos más importantes son el
frontal y los laterales, por los cuales se ingresa a
sus tres naves, las que se encuentran ornamentadas con grandes
columnas, murales, bajorrelieves y hermosos ventanales, en los se pueden
apreciar imágenes de santos y secuencias de las Sagradas Escrituras.
En el primer piso, detrás del Altar Mayor,
al que se accede por las escaleras ubicadas a sus
costados, se encuentra el Camarín de la Virgen, un pequeño
reducto, diseñado a modo de capilla-oratorio, ideal para una contemplación
más íntima de la imagen, donde se conservan los tesoros
donados a la Virgen.
Es de destacar el hermoso
mural alegórico que sirve de fondo al pequeño altar, que
representa un grupo de indígenas a orillas del Paraná, que
con instrumentos musicales autóctonos, alaban a la Madre de los
Cielos.
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