La cantidad de $170,000 que Catholic.net necesita alcanzar dividida entre los 250,000 usuarios diarios del portal corresponde a un importe de menos de ¡0.70 dólares por cada uno!
En la práctica es imposible recibir 0.70 dólares de cada uno de los 130,000 usuarios, ¡pero quizá sí es posible recibir 50 dólares de 3,400 de ustedes! ¿Podría usted formar parte de ese "grupo de los 3,400" de cuya generosidad depende la sobrevivencia y el desarrollo de Catholic.net? ¡Por favor, piénselo! ¡Envíe su donativo hoy mismo!
Autor: Notre Dame of Jerusalem Center, Pontifical Institute ¿Qué hay en Jerusalén para mi?
Visitar la Tierra Santa, es encontrarse cara a cara con la historia de la humanidad
¿Qué hay en Jerusalén para mi?
A todos les podría venir esta pregunta: ¿Por qué
Jerusalén? Entre los miles de lugares que hay para conocer
y para turismo, por qué ir a Jerusalén.
Desde luego
es una opción. En la vida hay un momento para
cada cosa. Diversión, ciencia, cultura, fe... todo tiene su tiempo
y su lugar. En los últimos años algunos grandes
exponentes de la Iglesia Católica, así como personajes de otras
religiones, se han expresado en los siguientes términos: “Toda
la gente tendría que ir a Jerusalén (léase, Tierra Santa)
al menos una vez en la vida”. Así
se expresó el mismo Juan Pablo II dirigiéndose a todos
los obispos italianos reunidos en asamblea, en mayo del 2002.
También el Card. Meissner de Alemania dijo casi lo
mismo: “todos los católicos deberíamos visitar la Tierra Santa al
menos una vez en la vida”.
La respuesta es muy
sencilla: Jerusalén concentra una historia milenaria, donde se han dado
cita las principales religiones y culturas del mundo. Visitar Jerusalén,
y más en general la Tierra Santa, es encontrarse de
frente, cara a cara, con la historia de la humanidad,
con los sentimientos más profundos y con las aspiraciones más
hondas. Quizá es por esto que en la zona ha
habido siempre tantas tensiones.
Más en particular, para los cristianos, es
el escenario de una gran parte de la vida, de
la predicación y del Misterio Pascual de Jesús. Permítasenos
un ejemplo: el cenáculo. Es un edificio sencillo, antiguo,
entre los miles de edificios que componen la ciudad antigua
de Jerusalén. Pero es absolutamente único, y un lugar
santo. Si se considera que ahí Jesús: instituyó la
Eucaristía y el sacerdocio; allí expresó el discurso de la
cena que nos refiere especialmente el evangelio de S. Juan;
ahí se apareció a los discípulos el día de la
resurrección e instituyó el sacramento de la penitencia donándoles el
Espíritu Santo; ahí en fin nació la Iglesia el día
de Pentecostés, donde “se reunían en un solo corazón los
discípulos, junto con María la Madre de Jesús y algunas
mujeres”.
Quien dice cenáculo, dice Monte de los Olivos, dice
Belén, dice el valle del Jordán y tantos otros sitios
escondidos en la geografía de Galilea o de la Samaria
o de la Judea.
Venir a Jerusalén es encontrarse con
el misterio de Dios y el misterio del hombre. Por
esto vale la pena visitar Jerusalén. Por eso durante todos
los siglos Jerusalén ha suscitado una atracción y una fascinación
tan especial. Por eso también hoy, miles de gentes de
todas las razas, credos y culturas, se dan cita entre
los muros de esta ciudad antigua y siempre nueva.
“¡Qué
alegría cuando me dijeron: vamos a la Casa del Señor!”
Todos los servicios de Catholic.net son gratuitos.
Sólo nos mantenemos gracias a los donativos que, voluntariamente, nos hacen algunos de nuestros visitantes.
Necesitamos de tu ayuda para continuar anunciando el mensaje de Cristo a través de la Red.
Ayúdanos, Dios te lo recompensará. DA CLICK AQUÍ PARA DONAR