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Autor: Juan Pablo Montes | Fuente: www.dialogoreligioso.org La ciudad de Belén en la Sagrada Escritura
Y tú, Belén, tierra de Judá, no eres, no, la menor entre los principales clanes de Judá; porque de ti saldrá un caudillo que apacentará a mi pueblo Israel
La ciudad de Belén en la Sagrada Escritura
“Belén es nombre simbólico: en árabe “casa de la
carne” y en hebraico “casa de pan”[1]. Se encuentra a
solo 8 kilómetros de la ciudad de Jerusalén.
Es un poblado
árabe, de unos 35.000 habitantes.
Belén en el Antiguo Testamento
La ciudad de Belén es la cuna del Rey David,
el hijo menor de Iese, elegido por Dios[2], ungido por
el profeta Samuel para ser “el 2º Rey de Israel”
y cabeza de la dinastía, de la cual nacería el
Mesías.
“Belén y David quedarían a partir de entonces como una
nota destacada en los oráculos mesiánicos”[3].
El profeta Miqueas le correspondió
revelar donde nacería el “Ungido de las naciones”: Mas tú,
Belén Efratá, aunque eres la menor entre las familias de
Judá, de ti me ha de salir aquel que ha
de dominar en Israel, y cuyos orígenes son de antigüedad,
desde los días de antaño.
Por eso él los abandonará
hasta el tiempo en que dé a luz la que
ha de dar a luz. Entonces el resto de sus
hermanos volverá a los hijos de Israel.
El se alzará
y pastoreará con el poder de Yahveh, con la majestad
del nombre de Yahveh su Dios. Se asentarán bien, porque
entonces se hará él grande hasta los confines de la
tierra (Miq 5,1-3).
Belén en el Nuevo Testamento
Conocemos por los
Evangelios que allí nació Jesús: En aquel tiempo, apareció un
edicto del César Augusto para que se hiciera el censo
de toda la tierra. (...) Y todos iban a hacerse
empadronar, cada uno a su ciudad. Subió también José de
Galilea, de la ciudad de Nazaret, a Judea, a la
ciudad de David, que se llama Betlehem, porque era de
la casa y linaje de David, para hacerse inscribir con
María su esposa, que estaba encinta. Ahora bien, mientras estaban
allí, llegó para ella el tiempo de su alumbramiento. Y
dio a luz a su hijo primogénito; y lo envolvió
en pañales, y lo acostó en un pesebre, porque no
había lugar para ellos en la hostería (Lc 2,1.3-7). El
profeta Miqueas lo había profetizado siglos antes[4].
Los contemporáneos de Jesucristo
conocían muy bien esa profecía, pues los Santos Evangelios hacen
mención de ello: Ellos le dijeron: En Belén de Judea,
porque así está escrito por medio del profeta: Y tú,
Belén, tierra de Judá, no eres, no, la menor entre
los principales clanes de Judá; porque de ti saldrá un
caudillo que apacentará a mi pueblo Israel (Mt 2,5-6).
[1] LOMBARDI, LUIGI; La Tierra Santa,
Edizioni Plurigraf, Narni-Terni, 1986, 23.
[2] Cf. 1º Sam 16,1ss.
[3] DÍEZ,
FLORENTINO; Guía de Tierra Santa, Editorial Verbo Divino, Madrid, 1993,
167.
[4] Pero tú, Belén de Efrata, pequeña para ser contada
entre las familias de Judá, de ti me saldrá quien
señoreará en Israel, cuyos orígenes serán de antiguo, de días
de muy remota antigüedad (Miq 5,2).
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