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Autor: Llucià Pou Sabaté | Fuente: Catholic.net El secreto de Tierra Santa
Lugares de Tierra Santa, no sé cómo guardaros aquí dentro, dentro de mí
El secreto de Tierra Santa
Por su geografía y cultura, es punto de encuentro de
las antiguas civilizaciones de Egipto y Mesopotàmia, ese pequeño país
de paso fue conquistado y dominado por los persas, griegos,
romanos, imperio Otomano, Bizancio, los cruzados, los turcos... Edificado y
destruido muchas veces, es una tierra en continua construcción. El
secreto de esta Tierra santa es que ahí estuvo Jesús,
y por ello ahí está el eterno conflicto (dice Covadonga
O’Shea en su libro “Un viaje a Tierra Santa”). Ahí
están los Santos Lugares, en medio de un cúmulo de
riqueza arqueológica, antropológica y religiosa. Es la tierra de Abraham,
que fundó el pueblo de los creyentes; de Moisés que
lo volvió a fundar (aunque él no llegara más que
a las puertas de la tierra prometida); de los Profetas
y sobre todo del Rey David, aquel antecesor e imagen
de Cristo 1000 antes de que llegara el Mesías. La
capital de Israel, Jerusalén, gira en torno a un monumento
que ya no existe: el Templo de Salomón, reconstruido y
ampliado lujosamente por Herodes el Grande, para guardar un Arca
de la Alianza que tampoco existía en aquel entonces.
Los
cristianos de Tierra Santa piden hoy ayuda del resto de
la Iglesia, y el Viernes Santo se celebra la Colecta
por los Santos Lugares, es una ocasión de vivir la
solidaridad con esta Tierra donde hay una presencia pequeña de
seguidores de Jesús, en las distintas confesiones: un 2% del
total de la población. En medio de tensiones territoriales de
hebreos y palestinos, muchos han de emigrar pues no aguantan
la presión y la discriminación que ahí tienen los cristianos.
Orar y trabajar por la paz de los Santos
Lugares es tarea de todos. Esta Colecta en favor de
Tierra Santa ya se hizo en tiempos de San Pablo
ante las dificultades de entonces (1 Cor 16, 1-3).
La
arqueología bíblica tiene como objetivo conocer la verdad, dar el
contexto histórico-geográfico de la Palestina del tiempo de Jesús, y
sobre Jesús y sus paisanos. No pretende “hacer creyentes”, su
finalidad es mostrar las fuentes, la palabra escrita en la
piedra, que completa la que está escrita en los libros,
la memoria de las gentes, sus corazones. Aunque no deja
de tener emoción mística y/o también estética poder contemplar las
mismas calles y casas que vieron los ojos de Jesús
en Galilea, y monedas y utensilios de todo tipo que
encuadran las palabras de Jesús en el ambiente que se
va desvelando con esta ciencia histórica. El círculo de esos
yacimientos se va ampliando día a día. Van iluminando así
los relatos del Evangelio y la descripción más detallada de
Flavio Josefo. El desierto de Judá también es mina de
datos históricos (capítulo aparte son los manuscritos de Qumrán, papiros
de Murabbaat y Nahal Hever).
En los siglos IV-VI, ya
muchos cristianos eligen vivir en Palestina: monjes como Teodoro, Cantón,
Sabas, escritores como Jerónimo, Rufino, nobles matronas como Paula o
emperatrices como Eudoxia. Palestina se fue convirtiendo en una Tierra-Santuario.
De todo esto se salvó bien poco cuando en 614
los persas y en 636 las tribus islámicas lo destruyen,
y todo queda en abandono. Los siglos XII-XIII fueron de
cruzadas, nuevas construcciones y destrucciones. Singular papel jugaron en los
siglos posteriores los monjes griegos, armenios y franciscanos en la
custodia de los lugares santos, y atención de los peregrinos
–pocos- que se atrevían a ir. Por fin, gracias a
los incrédulos racionalistas “científicos” del siglo XIX, la ciencia arqueológica
avanzó en el sentido de que sí, de que todo
era auténtico: aparecen osarios con cruces y nombres cristianos, grafitos
en paredes sepulcrales de la comunidad cristiana de los siglos
I-V.
Los últimos yacimientos más extraordinarios son quizá los referentes
a las casas de María y Pedro. En Nazaret se
descubre la primera atestación de culto mariano, siglos II-III. Ya
el Anónimo de Piacenza, que visitó Tierra Santa en el
siglo VI, escribe: "La casa de Santa María es una
basílica y se suceden muchas curaciones". Fue una sorpresa cuando
al remover los mosaicos de la iglesia bizantina para restaurarlos,
se vieron los escombros de debajo, como era habitual se
ponían ahí los restos no aprovechados de la antigua construcción,
en este caso edificio sinagogal de los siglos III-IV, las
inscripciones mostraban que era un lugar de culto cristiano: “AVE
MARIA”, “SOBRE EL LUGAR SAGRADO DE MARIA HE ESCRITO”. Así,
la actual basílica de la Anunciación de Nazaret, construida sobre
la cruzada y ésta sobre otras más antiguas, es una
cadena de lugares de culto que se han sucedido a
través de la historia. La tradición está viva y vincula
las personas de la actual comunidad cristiana con los parientes
de Jesús. Otro sensacional hallazgo es la casa de San
Pedro en Cafarnaún. La basílica octogonal bizantina había sido erigida
sobre una capilla anterior, la domus-ecclesia de la que habla
la peregrina Egeria en el siglo IV: "En Cafarnaún, la
casa del Príncipe de los Apóstoles ha sido convertida en
iglesia; sus paredes están hoy como entonces fueron". El nivel
inferior pertenecía al primer siglo.
Son muchos otros los lugares
donde van emergiendo pruebas históricas. El arqueólogo ha visto en
sus excavaciones de los lugares santos de Palestina cómo hay
una veneración con señales de continuidad histórica (dentro de la
continua construcción/destrucción de santuarios en esos lugares, de la historia
de esas persecuciones). Esa continuidad de presencia cristiana como garantía
de devoción de esos lugares, “va desde los primeros discípulos
de Jesús hasta nuestros días” (Miguel Piccirillo). La Iglesia del
Santo Sepulcro es como la huella silenciosa del paso de
Dios por la tierra, como decía Juan Pablo II: “lugares
de la Tierra, Lugares de Tierra Santa, no sé cómo
guardaros aquí dentro, dentro de mí. No sé como pisaros,
no puedo: arrodillarme quiero ante vosotros. Doblo la rodilla y
callo. Algo mío te quedará tierra, te quedará mi silencio.
Y mientras tanto te llevo dentro para ser como tú
lugar de testimonio. Me voy, me marcho como testigo, me
voy para atestiguar lo que ha pasado a través de
los milenios”.
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