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Autor: Oficina Nacional Israeli de Turismo | Fuente: www.turisrael.com Un viaje por el tiempo
Israel es hoy, y ha sido a través de los siglos, lugar de peregrinaciones de diferentes razas y culturas
Un viaje por el tiempo
Ningún país de la tierra ha estado durante tanto
tiempo tan íntimamente relacionado con viajar - o, tal como
se llama actualmente, turismo - como la tierra de Israel.
Ya hace más de 3.000 años que el concepto de
la peregrinación es una faceta fundamental del judaísmo.
Los investigadores creen
que hace 25 siglos atrás, no era desusado que alrededor
de un millón de peregrinos judíos subieran a Jerusalén tres
veces por año para celebrar Pésaj (Pascua judía), Shavuot (Pentecostés)
y Sukkot (Tabernáculos). Los fieles pernoctaban en gigantescas ciudades-carpa erigidas
para ellos al norte y oeste de la ciudad.
Después de
la destrucción del Templo a manos de los romanos en
el año 70, la devoción de los peregrinos judíos se
concentró en el único resto del Templo, la pared occidental
de retención del recinto del Templo. A través de los
siglos, sus angustiosas oraciones y la pena por la pérdida
del Templo crearon el apodo de los observadores no judíos
que la llamaron el "Muro de las Lamentaciones".
El advenimiento del
cristianismo agregó una segunda dramática dimensión a la peregrinación a
la tierra de Israel. Luego de la adopción del cristianismo
por el Imperio Bizantino en el S-IV, el emperador Constantino
le pidió a su madre, la reina Helena, que viajara
a Israel en el año 324 a identificar los lugares
del nacimiento, milagros, crucifixión y resurrección de Jesús. La autenticidad
de los lugares seleccionados por Helena unos cuatro siglos después
de los sucesos mismos, ayudada por los habitantes locales, ha
sido considerada cuestionable - particularmente el lugar de la iglesia
del Santo Sepulcro en Jerusalén, lugar tradicional de la crucifixión,
sepultura y resurrección de Jesús.
Sin embargo, en años recientes, muchos
arqueólogos e historiadores están regresando a creer que la cueva
sobre la cual está construida la iglesia es realmente la
tumba de José de Arimatea en donde, según relata el
Nuevo Testamento, fue sepultado Jesús. Para muchos cristianos, sin embargo,
la autenticidad de un sitio específico no tiene especial relevancia:
es que si Jesús fue sepultado en este u otro
lugar particular, o como muchos evangélicos y protestantes creen, unos
cuantos cientos de metros hacia el norte, no tiene importancia.
Su espíritu es lo que tiene un magnetismo trascendente.
Una tercera
dimensión se agregó tres siglos más tarde, cuando los árabes,
llevando la fe fundada por Mahoma en Meca y Medina
(en la Arabia Saudita de nuestros días), barrió el Medio
Oriente y el Norte de Africa, para penetrar España y
los Balcanes. Jerusalén se convirtió en sagrada para una tercera
fe – puesto que el Islam consagró la tradición de
que el Monte Moriah –el sitio de los Templos judíos
destruidos – donde tanto judíos como musulmanes creen que fue
la escena del sacrificio de Isaac (medio hermano de Ismael,
el antecesor del pueblo árabe) es también desde donde, 2.600
años más tarde, Mahoma dio un salto hacía los cielos.
Las grandes mezquitas del Monte del Templo se construyeron en
el siglo VII. Primero el Domo de la Roca, muy
a menudo llamado incorrectamente "Mezquita de Omar" y cuando ya
era demasiado pequeño para acomodar a las multitudes de peregrinos
musulmanes, la basílica de Santa María construida por el emperador
Justiniano en el siglo VI fue convertida en la gran
mezquita de Al-Aksa.
Calificar las invasiones de los cruzados en Israel
como "peregrinaciones", es hacer caso omiso a la terrible brutalidad
de su paso. Ellos torturaron y asesinaron a miles de
judíos y musulmanes en el intento de liberar Jerusalén. Sin
embargo, por más crueles que fuesen, los cruzados fueron, sin
duda, peregrinos, y dejaron una huella de iglesias y basílicas,
fortalezas y murallas que permanecen en pie hasta nuestros días.
Después
de la derrota final de los cruzados en 1291, peregrinos
judíos, cristianos y musulmanes, continuaron viajando a Tierra Santa, pero
sus números habían disminuido. El siglo XIX trajo consigo no
sólo los comienzos de los tiempos modernos a Palestina, sino
también una pequeña corriente, lenta al comienzo y luego como
un torrente, de judíos que regresaban de la Diáspora para
reavivar su patria, física y espiritualmente.
En 1869, Thomas Cook trajo
su primer grupo de "excursionistas" a Palestina, servidos por equipos
de guías-escoltas y rebaños de camellos y asnos que cargaban
carpas, alfombras orientales, camas de bronce, bañeras de estaño, plantas
en macetas, sillas de comedor y mesas damasquinadas para proporcionar
el confort del hogar a los intrépidos peregrinos. American Express
lo imitó muy rápidamente. Y en 1876, Karl Baedeker publicó
su primera guía de "Jerusalén y sus alrededores". En 1892,
los turcos construyeron una línea férrea para cubrir los 60
serpenteantes kilómetros de Jaffa a Jerusalén, reduciendo comparativamente el viaje
de dos días a unas 4 horas descansadas; siete años
más tarde, para proporcionar la pompa apropiada a la llegada
del Kaiser Guillermo de Alemania, una imponente estación ferroviaria fue
construida en Jerusalén. Y en vísperas del nuevo siglo, se
inauguró un hotel cerca de la puerta de Jaffa de
Jerusalén. El Hotel Fast, que ya no existe y que
fue el primer establecimiento en la ciudad diseñado solamente para
turistas.
Con la llegada de los británicos en 1917, Palestina se
convirtió prácticamente en parte del Imperio Británico. Hacia el final
de los años veinte una inundación de inmigración judía había
transformado el país a todos los niveles, inclusive turístico. El
antiguo puerto de Jaffa fue superado por Tel Aviv, un
suburbio de jardines surgido de Jaffa en 1909. Tel Aviv
aportó una nueva dinámica a Palestina – un sentido europeo
de estilo y vida al aire libre. Como en Miami,
Tel Aviv creó su propia arquitectura, una versión mediterránea y
tropical del Bauhaus. Hasta hoy, Tel Aviv tiene más arquitectura
Bauhaus que ninguna otra ciudad en el planeta. Mientras que
las antiguas ciudades de Israel habían construido murallas para protegerse
del mar, Tel Aviv fue diseñada para abrazar al Mediterráneo,
con un paseo junto al mar de cafés y playas,
y muy especialmente pequeños hoteles, abiertos a mediados de los
años 30 por judíos originarios de Alemania. Y en 1930,
judíos de Egipto, que tenían experiencia en recibir viajeros suntuosamente
en Cairo y el alto Egipto en sus hoteles Shepherd,
Winter Palace y Kataract, inauguraron un hotel igualmente imponente y
de estilo colonial en la calle Julián de Jerusalén llamándolo
King David en honor del rey que hizo de Jerusalén
su capital.
El puerto de Haifa se convirtió rápidamente tanto en
una base principal para la Royal Navy como un importante
terminal marítimo, agregando Palestina a las rutas de la marina
mercante mundial. En 1936 los británicos construyeron un aeropuerto en
Lod, entre Tel Aviv y Jerusalén, en el lugar donde
San Jorge luchó contra el dragón según la leyenda. Rápidamente
se convirtió en una escala importante para las aerolíneas coloniales
en ruta hacia el oriente. Y en 1935, la Agencia
Judía – la institución casi gubernamental creada por los judíos
de Palestina como un precursor de un gobierno independiente, creó
su "Asociación para el desarrollo turístico de Palestina" y en
una pancarta de estilo Art-Decó llamaba a los viajeros a
visitar Palestina.
Al finalizar la segunda Guerra Mundial, con el trauma
del Holocausto que la acompañó, los judíos de Palestina concentraron
todos sus esfuerzos en ganar la independencia y en 1948
– luego de una pausa de 1878 años – un
Israel independiente fue restaurado. La primera tarea – fuera de
rechazar la invasión coordinada de sus cinco vecinos – era
rescatar a cientos de miles de sobrevivientes del Holocausto, de
refugiados e inmigrantes de Europa, Africa del Norte, Irak, Irán
y Yemen. Viejos aviones de combate fueron obtenidos y puestos
en servicio y, basados en una cita del libro de
Oseas que quiere decir "hacia lo alto", los israelíes llamaron
a su recién nacida compañía aérea "El Al".
Durante casi 10
años los israelíes trabajaron para construir un estado, rechazar a
sus enemigos y absorber, alimentar, vestir, emplear y alojar a
un millón de inmigrantes. No había mucho tiempo para pensar
sobre una cosa tan superflua como el turismo. Pero la
infraestructura estaba allí. Hacia 1956, El Al se había convertido
en una aerolínea conocida internacionalmente. En 1953 otra familia judía
de origen alemán, los Federmann, convirtió su pequeña casa de
huéspedes en la costa de Tel Aviv en el lujoso
hotel Dan, cuya opulencia y arquitectura futurística para la época
asombró tanto a israelíes como visitantes. El gobierno intentó interesar
a inversores extranjeros en la estructura del Hotel King David,
cuya ala sur había sido destruida por terroristas en 1946.
Y ahora cuando Jerusalén estaba dividida por alambres de púas
y barreras antitanques, el King David no sólo estaba semidestruido
sino ubicado al lado de la frontera de la "tierra
de nadie". Nadie lo quería comprar. En 1950, hasta los
propietarios judíos del hotel Willard de Washington y los de
Palmer House de Chicago se negaron a adquirirlo por el
precio ridículo de los manteles, las sábanas y la platería
del hotel. Pero los Federmann tuvieron más visión. Compraron el
King David, lo reconstruyeron a su grandeza y hasta fines
de esa década se convirtió una vez más – tal
como continua siéndolo – el hotel más emblemático de Israel.
Recién
en 1957, cuando Israel se preparaba a celebrar su décimo
aniversario, el gobierno decidió que las bases del estado ya
eran lo suficientemente firmes como para permitir el gasto de
esfuerzo y dinero en turismo. Unos años más tarde se
inauguró el hotel Sheraton, la primera empresa turística en Israel
financiada por una cadena hotelera extranjera.
Cuarenta años más tarde, y
en el último año del Siglo XX, cuando Israel celebra
su 52º Aniversario, los israelíes acogen a unos dos y
medio millones de turistas al año en un país que
sigue siendo exótico, pero que también ha llegado a ser
sorprendentemente sofisticado y occidental. La moderna flota de El Al
conecta lo que es hoy día el aeropuerto internacional Ben
Gurion con cuarenta países. A través de todo Israel, abundan
los hoteles, los restaurantes y las atracciones turísticas, con la
presencia de la mayoría de las cadenas internacionales.
Para cada vez
más viajeros, Israel es hoy un lugar de vacaciones con
una extraordinaria variedad de ambientes, atracciones, facetas y posibilidades.
Y todo
eso, contra viento y marea, particularmente en las décadas recientes,
cuando reportajes exagerados sobre conflictos y violencia reales o imaginarios
han dominado la percepción pública. No hay otro lugar en
la tierra que aparezca tan frecuentemente en los titulares, casi
invariablemente en un espíritu antagónico a todo turismo, que a
pesar de ello continúe siendo un destino turístico de importancia
y en pleno desarrollo.
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