Autor: Ramiro Pellitero Iglesias | Fuente: iglesiaynuevaevangelizacion.blogspot.com.es Formación litúrgica y nueva evangelización
Toda la vida cristiana está llamada a ser liturgia: culto a Dios y servicio a los demás
Formación litúrgica y nueva evangelización
La película El festín de Babette (G. Axel, 1987) recoge
el relato de una misteriosa cena que consigue cambiar la
vida de los invitados, mostrando el esplendor de la belleza
que posee el mensaje cristiano. Puede verse como una "parábola"
de lo que la Eucaristía, centro de la liturgia, hace
en los cristianos, y, a través de ellos, en el
mundo.
Cuando estamos celebrando el
50 aniversario del Concilio Vaticano II, cabe recordar que la
liturgia fue uno de sus temas principales. Y que la
formación litúrgica es esencial en la nueva evangelización.
La liturgia,
centro de la vida cristiana
1. ¿Qué es la liturgia? Dice el Catecismo de la
Iglesia Católica que "liturgia" significa, en la tradición cristiana, "que
el Pueblo de Dios toma parte en la obra de
Dios" (n. 1069). Es decir, liturgia es el ejercicio de
la obra redentora de Cristo tal como se continúa en
su Iglesia, con ella y por ella. En este sentido
amplio toda la vida cristiana (oración y vida corriente en
la familia, el trabajo y las relaciones sociales) está llamada
a ser liturgia: culto a Dios y servicio a los
demás (cf. Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1070)
En un sentido más concreto
y habitual, el término liturgia se refiere a "la celebración
del misterio de Cristo", mediante el culto ritual cristiano. Esto
supone no sólo "hacer fiesta", sino manifestar así, hacer presente,
comunicar lo que Cristo hizo y sigue haciendo por nosotros
(cf. Ibid., n. 1076).
Así se
entiende que la celebración de la liturgia es el centro
de la vida cristiana. Participando plenamente en la celebración llegamos
a hacer que toda nuestra vida sea también celebración de
ese misterio.
Por eso quien
asiste a la misa y solo ve en ella el
festejar un acontecimiento social (un nacimiento, una boda, un funeral,
etc.), capta algo cierto sin duda; pero se pierde la
raíz, y, por tanto la profundidad y la plenitud de
lo que ahí acontece.
Tampoco
se trata simplemente de una fiesta donde recordamos lo que
Cristo hizo (su vida, sus milagros, su muerte y resurrección);
sino que, por una acción divina, todo ello se hace
presente. Y nos permite participar en esa obra redentora, llevando
ahí nuestros trabajos y tareas, alegrías y penas, nuestra vida
entera que queremos sea transformada por la gracia divina.
Por tanto, en la liturgia,
lo primero no es lo que hacemos las personas humanas,
sino lo que hacen las personas divinas (el Padre, el
Hijo y el Espíritu Santo). Junto con eso, es importante
también lo que hacemos nosotros. Con terminología de San Agustín,
es el "Cristo total", Cabeza y miembros, el que hace
memoria viva, "actualiza" la obra de Cristo. Esto sucede sobre
todo en la Eucaristía (la misa).
En la celebración litúrgica Cristo mismo está presente
y obra por la Iglesia y con la Iglesia. Lo
que aconteció realmente en la historia "de una vez para
siempre" (Rm 6, 10; Hb 7, 27; 9, 12) se
hace ahora presente.
¿Cómo puede acontecer esto?
2. El Concilio Vaticano II, en su constitución
sobre la liturgia (Sacrosanctum concilium) –el primero de los documentos
aprobados en el Concilio–, señaló que todo esto se realiza
mediante el poder y a los méritos del Señor. El
Catecismo de la Iglesia Católica es más explícito. Afirma que
esto es posible por las características únicas del acontecimiento de
la muerte y resurrección de Cristo.
Dice así: "Es un acontecimiento real, sucedido en
nuestra historia, pero absolutamente singular: todos los demás acontecimientos suceden
una vez, y luego pasan y son absorbidos por el
pasado. El misterio pascual de Cristo, por el contrario, no
puede permanecer solamente en el pasado, pues por su muerte
destruyó a la muerte, y todo lo que Cristo es
y todo lo que hizo y padeció por los hombres
participa de la eternidad divina y domina así todos los
tiempos y en ellos se mantiene permanentemente presente. El acontecimiento
de la Cruz y de la Resurrección permanece y atrae
todo hacia la Vida" (n. 1085). Todo esto sucede por
la acción de Cristo "y por el poder del Espíritu
Santo" (n. 1084).
Con
ello nos situamos en el corazón mismo de la liturgia.
"La liturgia –señala el Concilio– es la cumbre a la
que tiende la acción de la Iglesia y, al mismo
tiempo, la fuente de donde mana toda su fuerza" (SC,
n. 10).
En octubre
de 2005 se celebró el Sínodo universal de los obispos
sobre el tema "La Eucaristía, fuente y culmen de la
vida y de la misión de la Iglesia". De él
surgió, como fruto maduro, la Exhortación sobre la Eucaristía como
Sacramento de la caridad (22-II-2007), firmada por Benedicto XVI.
La
formación litúrgica
3. Ahí se señalan
los aspectos principales de la formación litúrgica, tarea decisiva en
la nueva evangelización. Ante todo, el sentido auténtico de la
liturgia, no reducible a meros ritos o ceremonias. En consecuencia,
cómo debe ser la verdadera participación litúrgica: interna (unión con
Dios) y externa (respuestas, lecturas, cantos, etc.).
La liturgia eucarística tiene un brillo especial el domingo,
día en que la Iglesia, familia de Dios, celebra la
resurrección del Señor, celebración que ha de centrar el estilo
de la vida cristiana, sobre todo ese día: la oración,
la atención a la familia, el descanso, la atención a
los más necesitados.
En la
celebración misma, es importante fomentar la actitud de asombro y
atención ante la acción divina; el cuidado y el interés
que deben ponerse en manifestar la belleza del lugar sagrado
y de la celebración (ornamentos, imágenes, etc.), la armonía entre
palabras y cantos, gestos y silencios; la adecuada disposición del
espacio litúrgico (altar, crucifijo, tabernáculo, ambón, sede), la presencia de
imágenes adecuadas.
El sentido
de las palabras se capta al comprender que ahí se
proclama la Palabra de Dios (lecturas de la Escritura, sobre
todo del Evangelio), y se reza en unión con el
Papa y los Obispos de cada lugar. Los ministros explican
a los fieles (homilía) el sentido de esa Palabra, de
modo que la hagan vida de su vida. En la
misa dominical se les prepara así para que se unan
a las ofrendas de la creación (pan y vino), para
que se unan a la plegaria de la Iglesia en
torno a Cristo y para que (si están bien dispuestos,
con la conciencia libre de pecado grave; en caso contrario
deberán confesar previamente los pecados), comulguen con el cuerpo del
Señor.
Una adecuada catequesis y
formación permanente de los cristianos ha de explicar el significado
de los ritos y de los signos de la liturgia,
así como la importancia de la adoración a la Eucaristía
también fuera de la misa (visitas, bendiciones, procesiones). Y todo
ello, como cumbre de la vida cristiana (donde se manifiesta
máximamente la unión con Dios y con los demás) y
como fuente de esa misma vida cristiana (donde crece el
amor a Dios y al prójimo).
Desde el punto de vista de las celebraciones litúrgicas,
además de la misa, la santificación del tiempo se completa
con el "Año litúrgico" (compuesto de diversos ciclos o "tiempos":
adviento, navidad, cuaresma, pascua, tiempo ordinario) y con la "liturgia
de las horas", que el Catecismo denomina "oración de la
Iglesia".
La formación litúrgica tiene
como objetivo explicar lo que el Señor, rodeado de sus
discípulos, realizó en la última Cena (dejarnos el "memorial" de
su pasión y de su resurrección), y disponernos a participar
en su acción salvadora que da vida al mundo.
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EN VERDAD, QUE POCO SABEMSO DE LSO SACRAMENTOS, Y LO GRANDE QUE ES LA EUCARISTIA, BIEN DICE UN SANTO, UNA SANTA MISA BIEN OIDA, VALE MAS, QUE TODAS LAS QUE ME MANDEN HACER POR MI, DESPUES DE MUERTO.! LA "MISA", EL GRAN MILAGRO Y LO IGNORAMOS,
ALABADO SEA XTO.
es bueno el comentario lo otro seria bueno ir explicando paso a paso de la misa desde el momento de entrada hasta el saludo de envio para un mejor entendimiento desde ya que dios los bendiga