Autor: Giovanni Maria Vian | Fuente: L´Osservatore Romano Casi una pequeña encíclica
El mensaje del Papa para la Jornada Mundial de la Paz: Bienaventurados los que trabajan por la paz
Casi una pequeña encíclica
Por la amplitud de su mirada, es tentador definir el
mensaje para la Jornada Mundial de la Paz como una
pequeña encíclica. El fondo del texto lo aportan dos acontecimientos
de hace medio siglo: el inicio del Concilio Vaticano II,
abierto el 11 de octubre de 1962, y la Pacem
in terris del 11 de abril de 1963, la última
encílica de Juan XXIII que indicó los cuatro fundamentos -verdad,
libertad, amor, justicia- para una convivencia pacífica.
El contexto mundial está
marcado por conflictos y vientos de guerra, causados o reforzados
por fenómenos varias veces denunciados no sólo por la Santa
Sede, y de nuevo enumerados: desde el desordenado capitalismo financiero
hasta el terrorismo, los fundamentalismos y los fanatismos que desfiguran
el rostro auténtico de la religión. Pero no hay que
resignarse a la dureza inspirados por criterios de poder o
de beneficio, subraya otra vez el Papa, quien relanza y
renueva un eslogan de los más eficaces de Pablo VI,
perfecto para un tuit: "La paz no es un sueño,
no es una utopía: la paz es posible".
Precondición de la
paz es el reconocimiento de la ley moral natural, herida
por tendencias que quieren codificar arbitrios como los pretendidos derechos
al aborto y a la eutanasia, que en cambio son
amenazas al derecho fundamental a la vida. De igual manera
los intentos de hacer jurídicamente equivalentes a la estructura natural
del matrimonio distintas formas de unión de hecho lo desestabilizan
y perjudican su insustituible papel social.
Explícitamente el texto papal
declara que estos principios no son verdades de fe ni
se derivan del derecho primordial a la libertad religiosa, sino
que están inscritos en la naturaleza humana, reconocibles con la
razón y por lo tanto comunes a toda la humanidad.
Así que la acción de la Iglesia al promoverlos no
es confesional, "sino que se dirige a todas las personas,
prescindiendo de su afiliación religiosa".
El énfasis no es ciertamente
nuevo, pero se presenta muy significativo hoy y se oye
como una confirmación evidente de la línea de los católicos
que en diversos países han sido capaces, y lo son,
de favorecer, en esta batalla cultural de apoyo a los
principios comunes a todos, la convergencia de creyentes y no
creyentes de distintas pertenencias religiosas e ideales. Es lo que
está sucediendo en Francia, donde alrededor de la postura de
la Iglesia católica, contraria al matrimonio homosexual, se están encontrando
ortodoxos y protestantes, judíos, musulmanes e intelectuales laicos.
En este
sentido ayuda a la construcción de la paz también el
reconocimiento del principio de la objeción de conciencia frente a
leyes que introducen atentados a la dignidad humana, como el
aborto y la eutanasia, mientras que la libertad religiosa -tema
también especialmente querido para las Iglesias hermanas de la ortodoxia,
como subrayó en la fiesta de san Andrés el Patriarca
Bartolomé- se debe promover no sólo como libertad de constricciones
de cualquier tipo, sino, desde un punto de vista positivo,
como libertad de expresión pública de la religión.
Junto a los
temas biopolíticos y los referidos a la indeleble dimensión social
de la fe, Benedicto XVI sitúa la crítica al liberalismo
radical y a la tecnocracia, y la defensa del derecho
al trabajo. Para desear que temas como la estructuración ética
de los mercados y la crisis alimentaria continúen en el
centro de la agenda política internacional. Pero con la convicción
de que el papel de la familia y el de
la educación siguen siendo fundamentales. En un tema, la paz,
que de verdad nos afecta a todos.
Todos los servicios de Catholic.net son gratuitos.
Sólo nos mantenemos gracias a los donativos que, voluntariamente, nos hacen algunos de nuestros visitantes.
Necesitamos de tu ayuda para continuar anunciando el mensaje de Cristo a través de la Red.
Ayúdanos, Dios te lo recompensará. DA CLICK AQUÍ PARA DONAR