Autor: P. Clemente González | Fuente: Catholic.net ¿Qué es el purgatorio?
¿No se supone que se nos perdonan todos los pecados en la confesión?
¿Qué es el purgatorio?
Es indudable que muchos católicos nos cuestionamos qué será eso
tan misterioso que llamamos Purgatorio, porque lo hemos escuchado de
pequeños en la catequesis, en casa, en algunas oraciones, etc.
Respondiendo en pocas palabras, el Purgatorio es el estado en
el que van todas las almas, que, aún muriendo en
gracia de Dios, no han llegado en su vida a
purificar el daño que han ocasionado con sus pecados.
Pero... ¿De
qué hay que “purgarse”? ¿No se supone que se nos
perdonan todos los pecados en la confesión?
Con la confesión
quedan perdonados nuestros pecados y quedamos libres del castigo eterno
que nos merecíamos. Pero la confesión no repara el daño
que hemos ocasionado. Ése, debemos repararlo nosotros con nuestras buenas
obras o con nuestro sacrificio.
Entenderlo es tan fácil como pensar
que rompimos un vidrio de la casa del vecino. Corremos
a su casa y le pedimos perdón. Nuestro vecino nos
perdona de todo corazón y seguimos siendo tan amigos como
antes. Pero... ¡el vidrio sigue igual de roto!
Los que aún
estamos vivos, podemos reparar el daño que hemos ocasionado con
los grandes medios que nos ofrece la Santa Madre Iglesia
como los sacramentos, la oración diaria a Dios, las obras
de misericordia, la predicación de la Palabra de Dios, las
indulgencias plenarias, la vida de caridad y de santidad.
El otro
modo, que es la forma menos recomendable para reparar la
pena temporal, es pasar por el Purgatorio.
Cuentan de santos
que han tenido la visión del Purgatorio que hubiesen preferido
sufrir lo más terrible de esta vida por mil años,
que estar un solo día en el Purgatorio. Allí se
va para una purificación en profundidad, una limpieza que cuesta
grandes pesares y malestares, pero necesaria para nuestra buena salud.
El purgatorio existe, debe existir porque nadie entra a las
Bodas del Reino de los Cielos con la piel y
la ropa llena de mugre. Es necesario entrar con el
mejor vestido. Y en donde se nos lava hasta el
punto de quedar dignos para el paraíso y con el
traje adecuado, es en el Purgatorio. Nadie nos obligó a
ensuciarnos, lo hicimos por libre disposición. Pero si queremos ser
buenos invitados, no se nos ocurrirá entrar indignamente presentados, desearemos
estar limpios, muy limpios, como se merece el Esposo de
las Bodas.
El Purgatorio, por tanto, existe y es más que
un lugar, es un estado de purificación, con un fuego
que nos arrancará nuestros errores de raíz y los disolverá
en su fuego, con el dolor de los que se
sanan de una herida.
No es para nada igual que el
Infierno, pues en el Infierno reinan el odio y la
desesperación eterna y en el Purgatorio reinan el amor y
la esperanza, la firme convicción de la salvación eterna. Todo
allí será sufrir pero sólo para lograr amar verdaderamente al
Señor que nos esperará con los brazos abiertos en su
eterno Convite Celestial.
Si tienes alguna consulta utiliza
este enlace para escribirle al P. Joaquim Meseguer García.
Especialista en temas escatológicos, es decir, de la Teología del
más allá: la muerte, el Juicio final, la resurrección, el
Cielo, el Purgatorio, el Infierno
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