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Autor: Lucrecia Rego de Planas | Fuente: Catholic.net ¿Existe realmente el infierno?
El pecador que no se arrepiente está despreciando a Dios y el sacrificio de Cristo
¿Existe realmente el infierno?
¿Qué es el infierno?
El infierno es un estado que corresponde,
en el más allá, a los que mueren en pecado
mortal y enemistad con Dios, habiendo perdido la gracia santificante
por un acto personal, es decir, inteligente, libre y voluntario.
¿En
verdad existe el infierno?
Jesucristo habla del infierno muchísimas veces en
el Evangelio y expresa claramente su carácter de castigo
doloroso y eterno.
¿Crees que si no existiera el infierno, Jesús
hubiera empleado su tiempo, que Él sabía muy valioso, hablando
de una mentira, algo ficticio, sólo para asustar a los
hombres?
Jesucristo sabía lo que es el infierno y por eso
vino al mundo: a librarnos de ese castigo, a enseñarnos
el camino para llegar al Cielo.
Por otra parte, si el
infierno no existiera, ¿qué sentido tendría la salvación? ¿A qué
hubiera venido Jesús al mundo? ¿A salvarnos de qué?
No podemos
escapar de creer que el infierno es algo real. Debemos
tomar en serio la posibilidad de ser desgraciados para siempre.
La existencia del infierno y de que es eterno, fue
definido dogma de fe en el IV Concilio de Letrán.
¿Cómo
es posible que exista el infierno si Dios es infinitamente
misericordioso?
"Dios quiere que todos los hombres se salven" nos lo
dice San Pablo en la primera carta a Timoteo. Esto
nos puede llevar a pensar que si Dios quiere que
todos nos salvemos entonces no debería existir el infierno. Pero
el apóstol nos dice que Dios "quiere", no que Dios
"afirma" que todos los hombres se salvarán. Es como si
yo dijera: "quiero aprobar mi examen final", ese "quiero" no
significa que aprobaré. De mí depende el que pase o
no.
Muchas veces se oye entre estudiantes: "El profesor me
reprobó". Pero no es verdad, el profesor no le reprobó,
él se reprobó a sí mismo al no estudiar lo
suficiente para pasar el examen. Y así sucede con Dios.
Él no nos condena. Respeta nuestra libertad. De nosotros depende
si queremos prepararnos para el examen final o seguir tan
campantes esperando aprobarlo sin tocar un libro. Dios cuando nos
crea, nos crea para que nos salvemos, puso dentro de
nosotros unas leyes que debemos respetar y nos mandó a
su Hijo para enseñarnos cómo respetarlas, pero no puede hacer
nada si nosotros no queremos colaborar.
Si a un automóvil
no le cambiamos el aceite, si en vez de ponerle
gasolina le ponemos alcohol o agua, si no le revisamos
el motor... seguramente se descompondrá. Lo mismo sucede con el
hombre, si no respeta las leyes inscritas en su naturaleza,
no podrá cumplir con su fin último que es la
salvación eterna. Ojalá que todos nos preparemos para pasar el
examen final, el más importante que haremos en toda nuestra
vida, ante el tribunal de Dios, pues si lo pasamos
podemos decir que nuestra vida ha tenido un sentido.
¿En qué
consistirán las penas del infierno?
Así como en el Cielo disfrutaremos
plenamente como hombres formados de cuerpo y alma, en el
infierno también habrá dos elementos de sufrimiento:
El sufrimiento del
alma por no poder ver a Dios, llamado pena de
daño. Este sufrimiento se deriva de que los que fueron
condenados ya vieron a Dios, con toda su belleza y
grandiosidad, en el día del juicio y… ya no lo
podrán ver jamás. Es el sufrimiento ocasionado por sentirse irresistiblemente
atraídos hacia Dios sabiéndose eternamente rechazados por Él.
El sufrimiento
del cuerpo o pena de sentido. Aquí se trata de
un elemento material que causa un daño físico, un dolor
intensísimo en el cuerpo. Para significar este gran sufrimiento, Cristo
habla en el Evangelio de "fuego", y aunque no necesariamente
es un fuego como el que conocemos en la Tierra,
ésta es la imagen que comúnmente tenemos de las penas
del infierno.
¿Puede un condenado arrepentirse?
¡Ojalá pudiera, pero ya no tiene
esta posibilidad! El hombre que ha rechazado en su
vida la amistad con Dios, ya no es admitido a
ella.
En el momento de la muerte, el alma separada, por
ser espíritu puro, queda fija para siempre en la posición
a favor o en contra de Dios que tenía en
el último momento de vida. Dios rechaza eternamente al condenado,
pero no porque lo odie, pues su amor es siempre
fiel, sino porque el condenado está eternamente cerrado a recibir
el perdón. ¿Cómo poder perdonar a alguien que no quiere
ser perdonado?
Esta conciencia de no admisión y el saber que
ya no tiene remedio, que ya no hay posibilidad de
conversión, hace que surja en el condenado el odio y
el endurecimiento. Sufren por no estar con Dios, pero ese
sufrimiento se transforma en envidia y en odio. Se convierten
en enemigos de Dios.
Santa María Magdalena de Pazzi oyó
una vez la voz de Dios que le dijo: Entre
los condenados reina el odio, pues cada uno ve ahí
a aquél que fue la causa de su condenación y
lo odia por haberlo llevado ahí. De esta manera, los
recién llegados aumentan la rabia que ya existía antes de
su llegada.
¿Podemos imaginar el infierno?
Si hacemos la operación inversa a
pensar en el Cielo podemos darnos una idea aproximada acerca
de cómo podrá ser el infierno, aunque será una analogía,
pues el cuerpo resucitado no será un cuerpo como el
que ahora tenemos, sino diferente, que ya no estará sujeto
al espacio y al tiempo.
Para hacerte una idea de lo
que es el infierno, imagina el lugar más horrible que
puedas, quítale lo poco bello que le quede y llénalo
de las cosas más repugnantes y aterradoras. Imagínate haciendo lo
que más aborreces, sufriendo unos dolores indecibles en todo el
cuerpo: contemplando imágenes espantosas; escuchando sonidos estridentes y desafinados; experimentando
los sabores más amargos; sufriendo con los olores más desagradables
y sintiendo en tu corazón los peores sentimientos: envidia, celos,
remordimiento, rencor, odio. Después, rodéate de las personas más abominables
que te puedas imaginar: orgullosas, envidiosas, egoístas, criticonas, sarcásticas, sádicas
y degeneradas. Y lo peor de todo… te sientes irresistiblemente
atraído hacia Dios y sabes que nunca podrás llegar a
estar con Él. Piensa que en ese lugar estás aprisionado
para siempre, sin posibilidad alguna de escapar. Esta puede ser
una imagen semejante al infierno, pero debes tener la seguridad
de que cualquier cosa que te imagines será mínima frente
a la realidad, pues nuestra condición humana nos hace
incapaces de imaginar un sufrimiento sin límites.
¿Hay alguien que realmente
esté en el infierno?
Eso no lo podemos afirmar. Sabemos que
existe el infierno con tanta certeza como sabemos que existe
el Cielo. La Iglesia nos asegura que hay gente en
el Cielo y que son aquellas personas que han sido
canonizadas, pero nunca se ha hecho una "canonización al revés",
que nos asegure que cierta persona está en el infierno.
Sin
embargo, hay muchos santos a quienes Dios les ha concedido
una visión del infierno y que nos han dicho: Ví
almas que caían al infierno como hojas que caen en
el otoño.
¿Puedo salvarme si me arrepiento en el último momento?
Es
demasiado arriesgado pensar que puedes vivir como quieras y arrepentirte
en el momento de la muerte, pues ese momento será
muy difícil para ti.
Como dice la Madre Teresa: En
el momento de la agonía, el hombre sufre tanto, que
es muy fácil que se sienta invadido por la desesperación
y la angustia, y estos sentimientos lo vuelvan incapaz de
arrepentirse y recibir el perdón de Dios.
Será muy difícil que
en el último momento tengas la fuerza y la valentía
para arrepentirte, si viviste toda tu vida lejos de Dios.
Sin embargo, si te empeñas en arriesgarte, es verdad que
Dios te da la posibilidad de arrepentirte hasta el último
instante de vida y puedes salvarte con ese único acto
de arrepentimiento.
Algunas citas evangélicas sobre el infierno:
Mt 5,22:
...y quien dijere a su hermano "insensato", será reo de
la gehena del fuego. Mt 10,28: No temáis a los
que matan el cuerpo… temed más bien a los que
pueden arruinar el cuerpo y el alma en el fuego
eterno. Mc 9,43-48: ...más te vale entrar manco al Cielo, que
entrar con las dos manos a la gehena, al fuego
inextinguible. Mt 13,50: ...y los echarán al horno de
fuego; allí llorarán y les rechinarán los dientes. Mt 25,41:
Apartaos de mi malditos al fuego eterno. Mt 22,13:
...atadlo y echadlo fuera a las tinieblas, donde habrá llanto
y crujir de dientes. Mt 25,30: ...y el siervo inútil será
arrojado a las tinieblas. Lc16,28: ...para que no vengan también
ellos a este lugar de tormento… Mt 25,46: ...e irán estos
al tormento eterno.
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