Autor: P. Carlos M. Buela, IVE | Fuente: www.iveargentina.org ¿Hay condenados en el infierno?
Una eternidad sin nadie que, de hecho, se haya condenado ni se vaya a condenar, es una eternidad frívola, no seria, es un infierno “light”
¿Hay condenados en el infierno?
El infierno "vacío"
Hoy día algunos pretenden que el infierno
está deshabitado. Piensan que no hay condenados de hecho. Los
textos que hablan del infierno no serían más que amenazas
que nunca se realizarán. Orígenes admitía condenados temporales, ahora se
niega la existencia misma de condenados.
En el Concilio Vaticano II
un Padre pidió que se declarase que había, de hecho,
condenados en el infierno, porque si no, el infierno sería
una mera hipótesis (67). La Comisión teológica juzgó que no
era necesario introducir esa declaración porque los textos neotestamentarios citados
en el documento conciliar tienen forma gramatical futura (68); no
son verbos en forma hipotética o condicional, sino en forma
futura. “Irán” supone, como cae de maduro, que alguien irá
(69).
Las explicaciones de la Comisión teológica son el presupuesto de
las votaciones y constituyen la interpretación oficial del texto. Si
algún Padre no hubiese estado de acuerdo con la interpretación
hubiese votado “non placet”. De modo tal que estamos frente
a la interpretación oficial de cómo entiende el Concilio Vaticano
II esos pasajes bíblicos y lo entiende en el sentido
de que hay y habrá condenados de hecho, excluyendo la
interpretación meramente hipotética del infierno.
Una vez más comprobamos que algunos
que se creen los adalides del Concilio Vaticano II son
los que más ignoran sus textos y la interpretación correcta
de los mismos.
La fe católica afirma sin ambages que hay
condenados en el infierno y que no fue destruido por
Jesucristo. Como dice el Catecismo de la Iglesia Católica, citando
enseñanzas anteriores del Magisterio de la Iglesia: “Jesús no bajó
a los infiernos para liberar de allí a los condenados
(70) ni para destruir el infierno de la condenación (71),
sino para liberar a los justos que le habían precedido”
(72). Por eso enseña Mons. José Capmany Casamitjana, Obispo Director
Nacional de las Obras Pontificias Misionales de España: “Lo cierto
es que el infierno existe y que allí hay y
habrá condenados” (73),y los que tienen un mínimo de sentido
común deducen: “Y yo puedo ser uno de ellos. Pondré
todos los medios para evitarlo”.
Ciertamente que la Iglesia no tiene
poder para declarar quienes son los que se han condenado.
No existe una suerte de canonización al revés. Más aún,
la incapacidad que tiene la Iglesia para señalar quien está
en el infierno, es salvífica. En la Iglesia, nadie tiene
poder para destruir, sino sólo para construir: “...conforme al poder
que me dio el Señor para edificación nuestra y no
para destruir” (cf. 2 Cor. 13,10).
Se cuenta de San
Vicente Pallotti que un día el santo sacerdote acompañaba al
suplicio a un asesino del peor género, que rehusaba obstinadamente
arrepentirse, se mofaba de Dios y blasfemaba hasta en el
cadalso. El P. Palotti había agotado ya todos lo medios
de conversión: estaba en el tablado al lado de aquel
miserable; bañado de lágrimas el rostro, se había echado a
sus pies, suplicándole que aceptase el perdón de sus crímenes,
mostrándole el anchuroso abismo en que iba a caer. A
todo esto, el criminal había respondido con un insulto y
una blasfemia, y su cabeza acababa de caer al golpe
de la fatal cuchilla. En la exaltación de su fe,
de su dolor e indignación, y también para que aquel
horrible escándalo se trocase para la muchedumbre de los asistentes
en saludable lección, el piadoso eclesiástico se levanta, toma por
los cabellos la ensangrentada cabeza del ajusticiado y presentándola a
la multitud: “¡Mirad!, exclamó con voz atronadora; ¡mirad bien!; ¡he
aquí la cara de un condenado!” Se dice que este
sólo hecho basto para retardar el proceso de beatificación. ¡Hasta
tal punto la Iglesia es misericordiosa! (74).
Del Santo Cura de
Ars solamente se cita un caso en el cual pareció
temer por la suerte eterna de un difunto. “Una persona
recién llegada de París o de sus alrededores -refiere Hipólito
Pagés- le preguntó donde estaba el alma de uno de
sus parientes recientemente fallecido. Recibió esta respuesta, sin comentario alguno:
‘No quiso confesarse a la hora de la muerte’. Desgraciadamente,
era muy cierto: el moribundo había rechazado al sacerdote. El
Cura de Ars no podía saberlo de antemano” (75).
Ni del
mismo Judas se puede afirmar con seguridad, a pesar de
que hay varios textos bíblicos que parecieran abonar la hipótesis
de su condenación. De hecho, San Vicente Ferrer afirmaba que
se había salvado (76).
En nombre de la misericordia divina
Hacia el
420 San Agustín (77) indica distintas teorías sobre el infierno,
actuales en aquel entonces:
1- Algunos creían que todos los pecados
eran expiados en vida o después de morir;
2- Otros sostenían
que Dios no condenaría a nadie por la intercesión de
los santos;
3- Otros sostenían que ningún bautizado, ni aún los
herejes, se condenarían;
4- Había quienes limitaban la salvación a todos
los bautizados en la Iglesia católica, que aunque cayesen en
idolatría y ateísmo no se condenarían para siempre;
5- Otros decían
que los que perseveraran en la fe, aunque cayesen en
pecados graves, se salvarían;
6- Algunos afirmaban que sólo se condenarían
los despiadados.
Ideas todas que fueron defendidas en nombre de la
misericordia divina, como pasa ahora también. Todos los hombres y
mujeres estarían confirmados en gracia.
San Agustín refutó todas esas teorías:
“Después del juicio final unos no querrán y otros no
podrán pecar... Los unos viven en la vida eterna una
vida verdaderamente feliz, los otros seguirán siendo desventurados en la
muerte eterna, sin poder morir: ni unos ni otros tendrán
fin... La muerte eterna de los condenados no tendrá fin
y el castigo común a todos consistirá en que no
podrán pensar ni en el fin, ni en la tregua,
ni en la disminución de sus penas” (78).
Ya hemos visto
cómo en nombre de la misericordia divina Schillebeeckx niega el
infierno. Pero hay otros teólogos católicos, no “infernalistas” como dice
uno de ellos, que pareciera que, de hecho, creen que
el infierno está vacío, como Teilhard de Chardin, Rahner y
von Balthasar (79), que consideran el infierno como una posibilidad
real de desastre final pero, al mismo tiempo, insisten en
el deber de “esperar para todos”, según R. Gibelli (80).
A primera vista pareciera que la postura de Schillebeeckx es
más grave, sin embargo, este último es más peligroso engaño.
Una
eternidad sin nadie que, de hecho, se haya condenado ni
se vaya a condenar, es una eternidad frívola, no seria,
es un infierno “light”. No vale la pena luchar por
evitarlo, si de hecho se evita; por tanto tampoco vale
la pena esforzarse por ganar la otra eternidad, que nos
es dada sin esfuerzo. La propuesta del infierno progresista es
una propuesta autoritaria y demagógica. Autoritaria, porque todos, aunque no
quieran, se salvan; demagógica, porque como los políticos actuales hacen
promesas fáciles de eterna salvación, que luego no cumplirán, muchos
se enterarán cuando ya sea tarde, y ¿a quién reclamarán?
Un
infierno vacío no es un infierno salvífico; por el contrario,
un infierno habitado, sí, es salvífico. Por eso está revelado:
“...irán...”, y como toda revelación sobrenatural, es una revelación salvífica.
Negar
el infierno -en alguno o en todos sus elementos- es
una forma de univocar el ser, de homogeneizarlo, lo cual
es típico de todo sistema gnóstico. El infierno “light” es,
en el fondo, un infierno hegeliano, es decir, una idea
del infierno, no un infierno real, concreto, de hecho; es
un “flatus vocis”, no un acontecimiento. Digamos que a la
pastoral del “flatus vocis”, corresponde un infierno que es un
“flatus vocis”. Los que afirman que no hay condenados en
el infierno, se inscriben en la misma línea ideológica de
los que niegan la transmisión por generación del pecado original,
o niegan la Encarnación verdadera y real de nuestro Señor,
o su resurrección corporal (81), o la integridad biológica de
la Virgen María, o la presencia física de Cristo en
la Eucaristía. Algunos no niegan descaradamente el infierno, ni el
pecado original, ni la Encarnación del Verbo, ni la resurrección,
ni la virginidad de María, ni la Eucaristía; pero sí
niegan aquello que verifica, sustenta, a modo de preambula fidei
la realidad del infierno, del pecado original, de la Encarnación,
de la resurrección, de la virginidad, de la presencia real
en la Eucaristía. Es decir, imitan la actitud inconsciente de
quien serrucha la rama donde está sentado. Este infierno de
ficción es una pamplinada más del progresismo. Es un infierno
vano y nimio, como repulgo de empanada.
¡Qué diferencia! Antes se
decía que había un cartel en la entrada del infierno:
“Los que entráis aquí abandonad toda esperanza”; ahora cambiaron la
leyenda del cartel por: “Prohibido entrar”. Antes: “Aquí no hay
salvación”; ahora: “Se alquila. Desocupado”. Antes los malos iban al
infierno; ahora si hay infierno Dios es malo.
Mucho tiempo atrás
ya advertía San Alfonso María de Ligorio, Doctor de la
Iglesia, sobre los misericordiosistas: “Pero ¡Dios es tan misericordioso! Sí;
es misericordioso, pero no es tan estúpido que vaya a
obrar irracionalmente; ser misericordioso con quienes quieren continuar ofendiéndole no
sería bondad, sino estupidez de Dios. Dice el Señor: ¿Ha
de ser malo tu ojo porque yo soy bueno? (Mt
20,15) Y porque yo soy bueno, ¿tú quieres ser malo?
Dios es bueno, pero también es justo, y, por tanto,
nos exhorta a observar su santa ley si queremos salvarnos:
Si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos (Mt
19,17). Si Dios fuera misericordioso con todos los hombres, buenos
y malos; si concediera a todos la gracia de convertirse
antes de morir, sería ocasión de pecado hasta para los
buenos; pero no, que cuando llega el término de sus
misericordias castiga y no perdona más. Y mis ojos no
se compadecerán de ti ni me apiadaré (Ez 7,4); por
lo que nos avisa: Rogad que vuestra fuga no sea
en invierno ni en sábado (Mt 14,20). En el invierno
no se puede actuar por el frío ni en el
sábado por la ley; lo que significa que para los
pecadores impenitentes vendrá tiempo en que quisieran darse a Dios
y se verán impedidos de hacerlo por sus malos hábitos”
(82).
Sabias palabras que hay que sopesar atentamente:
- Dios es
misericordioso, pero no estúpido;
- Dios es misericordioso, pero su misericordia
es regulada por su sabiduría (83);
- Dios es Amor, pero
no obra irracionalmente;
- Dios es bueno, pero no para que
nosotros seamos malos; si Dios fuese bueno para que nosotros
seamos malos, Dios no sería bueno;
- Dios es bueno, pero
es justo (84);
- Si Dios salvase a todos, si quisiese
con voluntad eficaz la salvación de todos los hombres, sean
buenos o sean malos, Dios sería ocasión de pecado aún
para los buenos, o sea, que si no castigase a
los malos induciría a los buenos a que se hiciesen
malos, ya que sería lo mismo. Ese absurdo, que en
Dios no se da, sí se da en predicadores, catequistas
o formadores que niegan el infierno por el motivo que
fuese -niegan la pena de daño, o la de sentido,
o la eternidad, o lo vacían-: ellos sí, de hecho,
son ocasión de pecado aún para los buenos. Dios quiere
con voluntad antecedente la salvación de todos los hombres, pero
con voluntad consecuente, luego del pecado no retractado, quiere castigar
a algunos. Sugiero que en nuestras Congregaciones religiosas se invite,
tempestivamente, a quienes nieguen cualquier aspecto del infierno, a que
salgan de nuestra familia religiosa. Que no nos pase, lo
que ha pasado con tantos otros. Tápense los oídos cuando
alguien hable negando la terrible realidad del infierno, esos son
retoños del Maligno que trabajan para él. Son lobos con
piel de oveja.
Si Dios quisiese con voluntad eficaz la salvación
de todos los hombres, ¿para qué la Encarnación de su
Hijo?, ¿para qué la muerte en cruz?, ¿para qué la
Iglesia?, ¿para qué el Papa, los obispos, los sacerdotes y
diáconos?, ¿para qué la nueva evangelización?, ¿para qué las Conferencias
Episcopales, las Curias, el CELAM y todos los demás organismos?,
¿para qué los sacramentos?, ¿para qué la liturgia?, ¿para qué
la Palabra de Dios, la Biblia?, ¿para que la predicación?,
¿para qué evangelizar la cultura?, ¿para qué la misión ad
gentes?, ¿para qué tratar “sobre la Iglesia en el mundo
actual”?, ¿para qué el diálogo, con los otros cristianos, con
los que creen en Dios, con los que no creen
en nada?, ¿para qué trabajar en el areópago de los
medios de comunicación?, ¿para qué...?
El infierno se puebla más
con la “misericordia” que con la justicia. El progresismo es
antifrástico -como al gordo que le dicen flaco-: quieren un
infierno vacío y lo único que logran es poblarlo más.
Son los colonizadores del infierno. Un infierno deshabitado es un
infierno fatal para los hombres.
Es también San Alfonso el que
enseña: “Cierto autor indicaba que el infierno se puebla más
por la misericordia que no por la justicia divina; y
así es, porque, contando temerariamente con la misericordia, prosiguen pecando
y se condenan. Dios es misericordioso. ¿Pero, quién lo niega?
Y, a pesar de ello, ¡a cuántos manda hoy día
la misericordia al infierno! Dios es misericordioso, pero también justo,
y por eso está obligado a castigar a quien lo
ofende. Él usa de misericordia con los pecadores, pero sólo
con quienes luego de ofenderle lo lamentan y temen ofenderlo
otra vez: Su misericordia por generaciones y generaciones para con
aquellos que le temen (85), cantó la Madre de Dios.
Con los que abusan de su misericordia para despreciarlo, usa
de justicia. El Señor perdona los pecados, pero no puede
perdonar la voluntad de pecar. Escribe San Agustín que quien
peca con esperanza de arrepentirse después de pecar, no es
penitente, sino que se burla de Dios (86). El Apóstol
nos advierte que de Dios no se burla uno en
vano: De Dios nadie se burla (87). Sería burlarse de
Dios ofenderlo como y cuanto uno quiere y después ir
al cielo” (88).
Leí un artículo muy ambiguo: “Díme cómo es
tu infierno y te diré quién es tu Dios” (89),
lo cual vale también para saber cómo es la persona
que opina sobre el infierno. Si tu infierno está vacío,
tu dios es estúpido y vos lo mismo. Si tu
infierno es “light”, tu dios es “light”, y vos sos
un hombre “light”.
Los infernovacantistas lo único que han dejado vacíos
son los conventos, los seminarios y los noviciados. Muchos se
quejan de que no tienen vocaciones, pero si no creen
en la eternidad, ¿cómo podrán convencer a los jóvenes que
vale la pena entregarlo todo por Cristo? En toda decisión
vocacional a la vida consagrada está presente la dimensión escatológica.
Cuando ésta falta, falta la motivación para hacer algo que
valga la pena. Sin eternidad es imposible que haya vocaciones
a la vida consagrada: “...es constante la doctrina que la
presenta como anticipación del Reino futuro. El Concilio Vaticano II
vuelve a proponer esta enseñanza cuando afirma que la consagración
‘anuncia ya la resurrección futura y la gloria del reino
de los cielos’ (90). Esto lo realiza sobre todo la
opción por la virginidad, entendida siempre por la tradición como
una anticipación del mundo definitivo, que ya desde ahora actúa
y transforma al hombre en su totalidad” (91).
Los infernovacantistas disminuyen
la grandeza del misterio pascual y transforman la necesidad y
urgencia de la nueva evangelización en una suerte de nuevo
proselitismo. Son los agoreros de “los cielos nuevos y la
tierra nueva” profetizados y prometidos (Is 65, 17 y cf.
66, 22; 2Pe 3, 13).
67
“Unus Pater vult aliquam sententiam introduci ex que appareat reprobos
de facto haberi (ne damnatio ut mera hypotesis maneat”. Schema
Constitutionis dogmaticae de Ecclesia, Modi VI, cap. 7, nº 40,
p. 10. 68 “Ceterum in n. 48 Schematis citantur verba evangélica
quibus Dominus ipse in forma grammaticaliter futura de reprobis loquitur”
(ibid., nota anterior). 69 Prescindimos en este trabajo de la cuestión
si son muchos o pocos los que se salvan. No
entra dentro de nuestro intento ocuparnos de esa cuestión. 70 Cf.
Concilio de Roma, año 745: DS, 587: “...Clemens, qui per
suam stultitiam sanctorum Patrum statuta [scripta] respuit vel omnia synodalia
acta [parvipendit], /.../ insuper et dominum Iesum Christum descendentem ad
inferos omnes [!] pios et impios exinde praedicat [simul inde]
abstraxisse...” (“...Clemente, quien por su estulticia rechazó los escritos de
los Santos Padres o (tuvo en poco) las actas sinodales,
/.../ dijo también que el Señor Jesucristo descendiendo a los
infiernos extrajo a todos los píos y a los ímpios”). 71
Cf. Benedicto XII, libelo Cum dudum: DS, 1011: (“ ...sed
dicunt, quod Christus propter salutem hominum est incarnatus et passus,
quia per suam passionem filii Adam, qui dictam passionem praecesserunt,
fuerunt liberati ab inferno, in quo erant non ratione originalis
peccati quod in eis esset, sed ratione gravitatis peccati personalis
primerum parentum. Credunt etiam, quod Christus propter salutem puerorum qui
nati fuerunt post eius passionem, incarnatus fuit et passus, quia
per suam passionem destruxit totaliter infernum...”. (“Pero ([los armenios] dicen
que Cristo se encarnó y padeció por la salvación de
los hombres, porque por su pasión los hijos de Adán
que a dicha pasión precedieron fueron liberados del infierno, en
el cual estaban no en razón del pecado original que
en ellos había sino en razón de la gravedad del
pecado personal de los primeros padres. Creen también que Cristo
se encarnó y padeció por la salud de los niños
que nacieron después de su pasión, porque por su pasión
destruyó totalmente el infierno”.); Clemente VI, c. Super quibusdam: DS,
1077: “Quod Christus non destruxit descendendo ad inferos inferiorem infernum”
(“Cristo descendiendo a los infiernos no destruyó el infierno inferior”). 72
Nº 633. 73 Gran Enciclopedia Rialp (GER), t. 12, p. 710. 74
Cf. Mons. de Segur, El Infierno, Iction, Buenos Aires, 1980,
pp. 150-151 75 La declaración consta en el Proceso del Ordinario,
p. 449. 76 Cf. Henri Gheón, Vicente Ferrer y su tiempo. 77
La Ciudad de Dios, cap. 21, sec. 17, 22. 78 Enchiridion,
cap. 29, sec. 111 y 113. 79 Por ejemplo, afirma: “Il
Crocifisso non soffre semplicemente l’inferno meritato dai peccatori; egli soffre
qualcosa che é al di lá e al di sotto
de essi: un abbandono da parte di Dio in pura
obbedienza de amore, cui egli soltanto é capace in quanto
é il Figlio, e che abbraccia da sotto qualitativamente ogni
possibile inferno. Ció elimina in un modo ancora piú radicale
la simmetria giudiziaria veterotestamentaria” (TeoDrammatica. L’Ultimo Atto, V. 5, ed.
Jaca Book, 1986, p. 237 ). “Previamente si deve avvertire che
tutte le parole del Signore indicanti la possibilitá di una
eterna dannazione sono prepasquali” (idem, p.238). “Il Signore non é morto
soltanto per i buoni che subito si aprono a lui,
ma anche por i cattivi e gli si negano. Egli
ha tempo di aspettare fino a che anche i dispersi
figli de Dio siano raggiunti dalla sua luce. Giacché anche
il cattivo non é fuori dalla zona del suo potere,
e la dispersione del Signore abbraccia e supera anche la
dispersione dei peccatori” (idem, p. 239). “Nella passione egli deve soffrire
per tutti coloro che senza di lui avrebbero meritato l’inferno.
Cosí la tenebra dei peccati rimane recinta dalla tenebra dell’
amore, come la patisce il Figlio nell’abbandono di Dio” (idem,
p. 241). “Nell’inferno rimarrebbe, come realtá dannata difinitiva il peccato staccato
dal peccatore mediante l’opera della croce, una realtá non assolutamente
nulla a causa della forza in essa investita dall’uomo. I
peccati vengono rimessi, divisi da noi, da noi distolti. Vengono
rinciati lá dove é tutto ció che Dio non vuole
a che condanna: nell’inferno. Questo é il loro luogo. Che
un luogo simile ci sia é, nella storia che va
dal peccato originale alla redenzione, molto piú importante che se
non ci fosse, perché é la permanente testimonianza della remissione
dei peccati. In questo censo l’inferno é addirittura un regalo
della grazia divina” (idem, p.269). 80 La teología de XX secolo,
Queriniana, Brescia 1992, p. 368: “...lo stesso Von Balthasar, che
prospettano l’inferno come una reale possibilita del fallimento finale, ma
insieme insistono sul dovere di ‘sperare per tutti’”. 81 Cf. mi
artículo La resurrección, ¿mito o realidad?, Mikael, año 2, nº
6. 82 Obras Ascéticas, Sermón 34, De la impenitencia, t. II,
B.A.C., 1954, p. 749. 83 Cf. S. Th., Suppl., 99, 2,
ad 1. 84 Que Dios sea bueno nos da esperanza, que
evita la desesperación; que Dios sea justo nos infunde temor,
que evita la presunción (cf. SantoTomás, Ad Rom. 11, 22). 85
Lc 1, 50. 86 “Irrisor est, non poenitens” (Ad. Fr. in
er., s. ), cit. en San Alfonso, ver nota 87. 87
Gal 6, 7. 88 Sermón 32, Ilusiones del pecador, op. cit.,
pp. 731-732. 89 Boletín salesiano, agosto 1993, nº 510, p.10 y
ss. 90 Constitución dogmática Lumen gentium, 42. 91 Exhortación apostólica post-sinodal Vita
consecrata, nº 26.
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Creo que los catolicos debemos apegarnos a loque nos enseña el Evangelio, el Catecismo, Cielo, Infierno, Purgatorio. "En casa de mi Padre hay muchas moradas..." Dios es infinitamente sabio, misericordioso, justo, etc., etc.," nuestra humana y pobre capacidad no puede siquiera ponderar o calcular los designios ni el pensar de Dios..."mis caminos no nos vuestros caminos..." "Maetro, entonces quièn se salvarà? Lo que para vosotros parece imposible, para Dios nada es imposible".
Publicado por: Enrique
Fecha: 2009-11-14 16:33:33
Aqui se narra lo que dice San Agustin: "El que peca con esperanzas de arrepentirse despues de que peca no es penitente sino que ofende a Dios". Que pasa con la persona que pasa por esas circunstancias si hace una confesion verdadera y realmente se arrepiente del pecado cometido?
Publicado por: Raquel Desalvo
Fecha: 2009-11-13 08:50:46
La Sma. Virgen le enseño el infierno a los Pastorcitos de Fátima. Jesús mismo se lo enseñó a Santa Faustina...... y tantos otros... entonces son mentira las apariciones???? En Medugorje la Virgen habla del infierno....
Publicado por: Pilar
Fecha: 2009-11-11 11:32:36
si existe el infierno y existen los ocndenados... entonces, de que misericordia estamos hablando?... estoy total y absolutamente en contra de este articulo.
Publicado por: JOSE DE LEON
Fecha: 2009-11-10 16:20:09
Con la gracia que Dios les ha concedido de ayudar a evangelizar por este medio, quiero agradecerles por el gran esfuerzo que hacen y la sabiduria que nuestro Señor Jesucristo les ha dado, quiero pedirle a donde es posible en cuanto se pudiera que en estos temas para mi es necesario que siempre existan algunas citas biblicas para poder compartir la misma a otros hermanos, pero dependiendo lo que de ustedes me proporcionaran.
Muy agradecido que Dios les bendiga.
Publicado por: Orpam Saretnoc Laverz
Fecha: 2009-11-10 11:32:36
He leído el último apartado sobre el infierno. Desde luego porque soy quien soy estoy escribiendo ahora.
¿Quién es el autor de este apartado? Antes de definirme más en concreto añado esta frase (de 82)"que cuando llega el término de sus misericordias castiga y no perdona más".
Para Dios ¿hay término de su misericordia?
Creo, por lo que he estudiado, no soy ignorante total en referencia a Teología, que esa frase no es precisamente indicativa del "bien que se desea para todo el que lea aquí".