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Autor: Jesús de las Heras Muela - Director de ECCLESIA | Fuente: www.revistaecclesia.com El libro del futuro
La Biblia es un texto auténtico, capaz de presentar valores importantes, difíciles, pero alcanzables
El libro del futuro
Al igual que la Iglesia vive de y para la
Eucaristía, la Iglesia -es decir, el conjunto de los discípulos
y seguidores de Jesucristo- vive de y para la Palabra.
Escribía hace medio siglo el Papa beato Juan XXIII -entonces
cardenal Roncali, patriarca de Venecia- que el Libro y el
Cáliz son el alfa y la omega de toda la
vida cristiana.
El Libro -la Biblia es el Libro de los
Libros- nos lleva y nos descubre la Eucaristía porque solo
la Palabra nos muestra al verdadero Jesús, al Jesús Eucaristía.
De hecho, en la estructura litúrgica de la Eucaristía, parte
fundamental de la misma es la llamada liturgia de la
Palabra: la proclamación de los textos bíblicos y su adecuada
e incisiva predicación.
La Biblia es un texto auténtico, capaz de
presentar valores importantes, difíciles, pero alcanzables. Las páginas bíblicas no
son hermosas pero abstractas, sino concretas y realizables. La lectura
de la Palabra de Dios -si se hace correctamente- se
convierte en camino espiritual que lleva a la conversión y
a la plegaria. La Palabra de Dios es la fuente
primera e insustituible de la oración y del apostolado. Luego
su lectura ha de hacerse en clave orante, en apertura
del alma y de la mente para que la Palabra
nos transforme. A ello ayuda notablemente la praxis de la
llamada "lectio divina" (la lectura espiritual de la Biblia, iluminada
por el testimonio de los Santos Padres y de los
grandes conocedores de la Escritura) y las Escuelas Bíblicas y
del Evangelio. Si se ha escrito y con razón que
debe ser el alma de la Teología, la Escritura debe
ser también el alma de toda la vida y actividad
cristiana.
Escribía en 1959 el citado Juan XXIII: "si es verdad
que todos los desvelos del ministerio pastoral ocupan nuestro corazón
y lo apremian, sentimos también el deber de fomentar por
encima de todo y con continuidad de acción el entusiasmo
por toda manifestación del Libro Divino, hecho para alumbrar el
camino de la vida desde la infancia hasta la edad
más madura".
Si siempre ha sido igualmente necesario, hoy más que
nunca urge proponer y desarrollar una verdadera y nueva "devotio":
la devoción bíblica, la devoción a las Sagradas Escrituras con
el fin de que se conviertan, en la práctica, en
el libro de todos y cada uno de los cristianos.
Cada cristiano debe tener "su" propia Biblia, para que le
acompañe por doquier. De este modo, la Biblia se convertirá
en el Libro del futuro, en el libro de cabecera
que nos ayude a todos a acercarnos más a Dios
y a servir desde El mejor al prójimo.
Recordadlo, amigos,
hemos de hacer de la Biblia el Libro del futuro,
el libro de cabecera.
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