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Autor: Jorge Enrique Mújica | Fuente: Catholic.net En busca de la unidad perdida: 100 años de ecumenismo
¿Qué ha sucedido en estos 100 años en materia de las relaciones entre los cristianos?
En busca de la unidad perdida: 100 años de ecumenismo
Se escucha hablar con cierta frecuencia del tema del ecumenismo
relacionándolo erróneamente con humanismo o relativismo eclesiológico, simplificándolo, cuando no
ignorándolo. Pero, ¿en qué consiste realmente el ecumenismo?, ¿cuál
es su significado y sentido? ¿Por qué existe el ecumenismo
y para qué es necesario?
El ecumenismo (del griego οἰκουμενικός
y/o del latín oecumenĭcus, que se extiende a todo el
orbe) es la tendencia o movimiento promovido por la Iglesia
católica que intenta la restauración de la unidad entre todas
las iglesias cristianas. Por tanto, ecumenismo no se debe confundir
con diálogo inter-religioso; éste va encauzado hacia los adeptos a
religiones no cristianas mientras que el ecumenismo es propia y
exclusivamente cristiano.
El fin del ecumenismo, la búsqueda de la unidad
entre los cristianos, nos remite a un hecho histórico real
fácilmente constatable: en un inicio la Iglesia estaba unida totalmente
y, con el pasar de los años por motivos diversos,
se fueron dando cismas, separaciones y nacimientos de nuevos grupos
cristianos al margen de esa primera piedra angular sobre la
cual el fundador había construido su Iglesia. Al echar la
mirada a la realidad actual, nos damos cuenta de que
hay diferentes denominaciones cristianas tales como ortodoxos, anglicanos, pentecostales, baptistas,
luteranos, calvinistas, etc.
¿Qué hay de común entre todos y qué
les aparta de la Iglesia católica? Es común la creencia
en Cristo como Hijo de Dios. Las diferencias radican en
su concepción o rechazo del primado del Papa, la comunión
de los santos, la sucesión apostólica, la aceptación de todos
los Sacramentos, la virginidad de María, la eclesiología y pocos
elementos más.
En noviembre de 2007, el cardenal Walter Kasper, presidente
del Pontificio Consejo para la promoción de la unidad de
los cristianos, hizo una relación sobre la situación ecuménica actual
para los cardenales reunidos en Roma con el Papa en
ocasión del último consistorio para la creación de nuevos cardenales
(Cfr. “Reflexiones sobre la situación ecuménica actual”, L´osservatore RomanoNo. 48,
2007, p. 13). En esa relación, el cardenal Walter Kasper
distinguió los pasos dados en el diálogo a partir de
tres campos de trabajo.
1. Las antiguas Iglesias orientales y
las Iglesia ortodoxas del primer milenio
A éstas se les reconoce
como Iglesias puesto que han mantenido la fe y la
sucesión apostólica. Con ellas, el trabajo ecuménico se ha dividido
en tres fases.
En la primera fase (1980-1990) se logró superar
antiguas controversias cristológicas surgidas en torno al Concilio de Calcedonia
(año 451) y al de Éfeso (año 381); la
segunda fase se ha subdividido a su vez: por un
lado el diálogo con las antiguas Iglesias de tradición apostólica
que se concentró en el concepto de comunión eclesial (de
hecho está programado, del 27 de enero al 2 de
febrero de este año, un encuentro en Damasco para discutir
y aprobar un documento sobre la naturaleza, constitución y misión
de la Iglesia); y por otro, el diálogo con las
antiguas Iglesias ortodoxas de tradición bizantina, siriaca y eslava iniciado
oficialmente en 1980. Con este grupo se han dado pasos
que van desde el histórico encuentro entre el Papa Pablo
VI y el Patriarca Atenágoras, pasando por las puntualizaciones y
realce de los elementos comunes (sobre todo la Eucaristía, el
ministerio episcopal y sacerdotal), hasta las importantes aclaraciones de Balamand
(1993), Baltimore (2000), Belgrado (2006) y Rávena (2007).
La tercera fase
parte de un documento muy importante como lo es “Consecuencias
eclesiológicas y canónicas de la naturaleza sacramental de la Iglesia”,
fruto del encuentro en Rávena de 2007. En él, los
ortodoxos (a excepción de la Iglesia ortodoxa rusa) han admitido
dos puntos nodales: un nivel universal de la Iglesia y
un Primado que sólo puede ser el obispo de Roma.
Así, el tema que se abordará en la próxima sesión
plenaria será “El papel del obispo de Roma en la
comunión de la Iglesia del primer milenio”. La Iglesia ortodoxa
rusa merece una mención aparte puesto que con ella se
han tenido momentos de tensión. Sin embargo, ahora mismo parece
haber un momento de mayor cercanía. Un encuentro entre Benedicto
XVI y Aléxis II está por verse.
2. Las relaciones
con las comunidades eclesiales surgidas directa o indirectamente de la
reforma del siglo XVI
Con prácticamente la totalidad de ellas
se mantiene el diálogo y se ha alcanzado amplio consenso
en el ámbito de las verdades de fe, sobre
todo respecto a las verdades fundamentales de la doctrina de
la justificación. Algunas líneas generales de esta relación –retos y
problemas– son:
1) la discusión de temas clásicos controversiales como
la eclesiología y los ministerios eclesiales;
2) que ambas partes
entiendan por ecumenismo el mismo concepto y su finalidad;
3)
divergencias en el campo ético relativo a la defensa de
la vida, al matrimonio, a la familia y a la
sexualidad humana pues, por un lado, están algunos grupos que
coinciden con las católicas (si bien el área teológica,
de los sacramentos, de la exégesis bíblica, la eclesiología y
la comprensión de la tradición suelen diferir), y por otro,
grupos que se oponen frontalmente;
4) el nacer de “Iglesias”
autodenominadas como independientes en África y la aparición de grupúsculos
agresivos que no es más que un reflejo de la
situación pluralista de la sociedad postmoderna que a menudo lleva
a un relativismo religioso.
Ciertamente es ponderable el bien que han
supuesto los grandes encuentros de los movimientos cristianos, católicos y
no católicos, en Stuttgart 2004 y 2007, así como la
asistencia a las grandes asambleas plenarias del Consejo Mundial de
las Iglesias (Porto Alegre 2007), el “Global Christian Forum” y
la “Asamblea ecuménica de Europa” (Rumania 2007).
3. Las
relaciones con el movimiento carismático y pentecostal surgido a inicios
del siglo XX
Autoconsideradas como el fruto de un nuevo pentecostés
y con cerca de 400 millones de fieles en el
mundo, ocupan el segundo lugar entre las comunidades cristianas desde
el punto de vista numérico, además de seguir en crecimiento.
Al no tener una estructura común son muy diversas entre
sí.
Con los pentecostales clásicos ha sido posible entrar en diálogo
mientras que con los demás hay dificultades debidas a su
agresividad misionera. A través de cursos y seminarios para sacerdotes
y obispos católicos en diversas partes del mundo, se les
ha instruido para que sepan cómo llevar con ellos el
ecumenismo.
La semana de oración por la unidad de los
cristianos
Ya en 1894 el Papa León XIII había exhortado a
la cristiandad a la celebración de una semana de oración
por la unidad de los cristianos pero no fue sino
hasta 1908 que los frailes Franciscanos de la Expiación la
hicieron efectiva con el apoyo del Papa Benedicto XV.
Este año
se celebra un siglo de esa semana de oración cuya
finalidad está contenida en el nombre. Una semana que ya
no únicamente permanece en el ámbito católico sino que también
han abrazado numerosas Iglesias ortodoxas, comunidades eclesiales y grupos carismáticos.
Es verdad que quizá aún estemos lejos de la unidad
plena, pero, como dijo el cardenal Kasper en la relación
a la que hemos hecho referencia, el ecumenismo primeramente debe
ser un ecumenismo de la oración pues la unidad sólo
es don de Dios y es Él quien la dará.
Es
cierto que se deben consolidar las bases, y justamente eso
es lo que se busca cuando se parte del patrimonio
común de fe para dar testimonio a un mundo cada
vez más secularizado.
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