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Autor: P. Miguel Ángel Fuentes, V.E. | Fuente: El Teólogo Responde ¿Cómo responder ante los comentarios sobre las riquezas del Vaticano?
Una vieja crítica que muchas sectas lanzan contra la Iglesia católica
¿Cómo responder ante los comentarios sobre las riquezas del Vaticano?
A muchas personas se les oye decir lo siguiente:
"¿Por qué el Vaticano no vende todas sus riquezas en
edificios y obras de arte para darle de comer a
los pobres?"
¿Cuál es la respuesta a esa popular acusación?
¿Cómo responder
con total fundamento y seguridad ante los comentarios sobre las
riquezas del Vaticano?
Esta es una vieja crítica que muchas sectas
lanzan contra la Iglesia católica. Hay que contestar en varios
puntos:
1. No se puede comparar las necesidades económicas de
la Iglesia en nuestros tiempos con las necesidades económicas del
pequeño grupo de los apóstoles reunidos en torno a Jesús.
Algunos hacen dialéctica sobre este punto: Jesús nació pobre en
Belén y el Papa, en Roma, vive en un rico
palacio.
El mismo Jesús comparó a su Iglesia con
un grano de mostaza que una vez sembrado se convierte
en un gran árbol que cobija entre sus ramas a
todas las aves del cielo (cf. Mt 13,31-32). Jesús, por
su ministerio itinerante y el reducido número de sus discípulos,
no necesitaba casas ni posesiones. Sin embargo, necesitaba de la
generosa colaboración de algunas personas, las cuáles lo seguían y
ayudaban con su dinero: Le acompañaban los Doce, y algunas
mujeres... que les servían con sus bienes (Lc 8,1-3).
Por otra parte, Jesús hablando muchas veces del mal uso
de las riquezas y del bien de la pobreza, nunca
profirió ninguna palabra en contra de la riqueza y esplendor
del Templo de Dios; por el contrario, expulsó enérgicamente a
los vendedores que profanaban la santidad del mismo (cf. Mt
21,12; Mc 12,42). En el Antiguo Testamento es el mismo
Dios quien determina la rica ornamentación de la Tienda de
Reunión y luego del Templo divino. Esto nos manifiesta cómo
el Evangelio enseña no se debe escatimar en ornamentar la
casa de Dios. Y así lo han entendido los grandes
santos, como el santo cura de Ars, quien viviendo para
sí en la extrema pobreza, nunca fue mezquino en gastos
para la casa de Dios.
2. Cuando se habla de
“las riquezas del Vaticano” no hay que perder de vista
que se está hablando de bienes culturales que son patrimonio
de la humanidad, y de los cuales la Iglesia no
es más que la custodia segura. El Vaticano, fuera de
sus templos, es un gigantesco museo, bibliotecas, etc. Si el
Papa tuviese que vender esos bienes para ayudar a los
pobres, con mayor razón tendrían que vender cada nación y
estado sus propios museos y bibliotecas y patrimonios culturales para
ayudar a los pobres de sus propios países. Se trata
de una ridiculez y un sinsentido, pues el hacer pasar
estos bienes a personas particulares (que podrían comprarlos) sería privar
a todos los estudiosos y personas de todas las creencias
religiosas que se benefician con ellos, al ser puestos a
la disposición general por la Santa Sede que los custodia.
Allí acuden innumerables personas del mundo entero para conocer parte
del patrimonio científico, filosófico, teológico y artístico de la humanidad.
Además, es evidente que ésta no sería ninguna solución
para la pobreza en el mundo, la cual pasa por
la conversión del corazón de los gobernantes y magnates de
la tierra. Hay estadísticas según las cuales si se vendiese
todo el Vaticano sólo se daría de comer a los
pobres durante tres días.
Hay que ser conscientes de
que esto no es más que un sofisma que busca
desacreditar a la Iglesia.
3. Hemos dicho que la Iglesia
ha crecido enormemente desde los tiempos de Cristo. Hay que
tener presente, por eso, que, como ha explicado monseñor Sergio
Sebastiani, presidente de la Prefectura de los Asuntos Económicos (Zenit
8 de julio de 1999), aún siendo una institución cuya
tarea es estrictamente espiritual, necesita dinero para cumplir con su
labor. La mayor parte de los gastos de la Santa
Sede se destinan a mantener lo que se llaman «actividades
institucionales», una voz del presupuesto vaticano que abarca todos los
organismos de la Curia Romana: las congregaciones, los consejos, los
tribunales, el Sínodo de los Obispos, las Oficinas, etc. En
total, estas instituciones cuentan con 2.581 empleados. Se trata de
todas aquellas personas que asisten más de cerca al Santo
Padre en su ministerio al Servicio de la Iglesia en
el mundo. Estos organismos están llamados a ofrecer servicios que
no producen entradas económicas.
Incluso hay obras que sólo
ocasionan pérdidas económicas, pero que se mantienen por el valor
apostólico que representan, como el periódico L´Osservatore Romano que actualmente
tiene 36 mil suscriptores, y Radio Vaticano que ahora transmite
en 47 lenguas (Zenit 23 de junio de 2000).
4.
Por otra parte, la Santa Sede, así como muchas instituciones
de la Iglesia ayudan económicamente de manera fue importante a
las personas pobres. Para tener una idea, en los años
1998-1999, sólo “Caritas italiana” distribuyó 34,5 millones de dólares destinados
a 69 países de los cinco continentes (Zenit 18 de
enero de 2000).
Y en cuanto a la caridad
personal del Papa, él destina para las obras de caridad
y para sostener las Iglesias más necesitadas, lo que se
denomina el “Obolo de San Pedro”, que es fruto de
las ofertas de los fieles para ayudar al Papa
en su fin caritativo. En el año 1999, estas ofertas
ascendieron a 55.313.587 dólares, que luego el Papa destinó a
obras caritativas (Zenit 23 de junio de 2000), como son
escuelas, leproserías, hospitales, centros de asistencia especiales, zonas azotadas por
grandes calamidades (terremotos, sequías, hambre, etc.).
La Santa Sede
también ayuda al sostenimiento de los Lugares Santos y de
las Obras misionales.
No se puede acusar a la
Iglesia de que no ayude a los necesitados por el
hecho de que no venda sus bienes culturales. Por el
contrario, las grandes obras de misericordia que ennoblecen la humanidad
han sido invento e iniciativa de la Iglesia. Ella inventó
los hospitales, los orfanatos, los cotolengos, los hogares para discapacitados,
las mismas universidades. Si hoy podemos asistir a una universidad
es gracias a la Iglesia; si hoy podemos acudir a
un hospital es gracias a la Iglesia.
5. En cuanto
a la vida personal del Papa, él vive modestamente, sin
propiedades personales. Don Bosco cuenta que cuando fue a visitar
a Pío IX, al papa no le quedaba ni un
centavo para sus gastos personales, y que su habitación era
tan pobre y sencilla como la de los chicos que
él juntaba por la calle. Un periodista narra que el
Papa Pío XII murió en su habitación que era sumamente
sencilla, recostado en una pobre cama de hierro; su comida
diaria consistía en unas pocas verduras. El médico de San
Pío X, asistiéndolo en su enfermedad, quedó desconcertado al comprobar
que el gran Papa llevaba puesto debajo de su blanca
sotana, unos pantalones remendados como los de cualquier pobre del
pueblo. El Papa al morir, ni siquiera deja a sus
familiares sus bienes personales; sólo su enseñanza y buen ejemplo.
Vive y muere pobre como Jesús.
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Padre Miguel Angel Fuentes.
Tengo necesidad de conocer la doctrina de la iglesia sobre el milenarismo de Cristo o quiliasmo, para realizar un trabajo de apologética en mi comunidad.
Mil gracias. Que Dios lo bendiga.