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Autor: Deal Hudson 10 mitos sobre la pedofilia de los sacerdotes
La Iglesia debe discernir si un candidato a sacerdote es verdaderamente digno y apto mental, física y espiritualmente
10 mitos sobre la pedofilia de los sacerdotes
CRISIS MAGAZINE 4 de abril Deal Hudson
Reporte especial: Diez mitos
sobre la pedofilia de los sacerdotes
Mito 1: Es más probable
que sacerdotes católicos, en comparación con otros grupos de hombres,
sean pedófilos
Esto es simplemente falso. No existe evidencia alguna de
que los sacerdotes estén más inclinados a abusar de los
niños que otros grupos de hombres.
El uso y abuso de
los niños como objeto de gratificación sexual por parte de
los adultos es epidémico en todas las clases sociales, profesiones,
religiones y grupos étnicos alrededor del mundo, según lo demuestran
claramente las estadísticas acerca de la pornografía, el incesto y
la prostitución infantil. La pedofilia (el abuso sexual de niños
preadolescentes) entre los sacerdotes es extremamente rara, pues afecta solamente
al 0.3% del clero. Esta cifra, citada en el libro
Pedophiilia and Piresthood (Pedofilia y Sacerocio), escrito por el estudioso
no-católico Philip Jenkins, está tomada del estudio más amplio que
existe hoy día sobre este tema. Concluye que solamente uno
de entre 2,252 sacerdotes que formaron parte del estudio a
lo largo de un período de más de 30 años,
se ha visto afectado por la pedofilia. En los escándalos
recientes de Boston, solamente 4 de entre más de los
80 sacerdotes etiquetados por los medios de comunicación como "pedófilos"
son en realidad culpables de abusar de niños pequeños.
La pedofilia
es un tipo particular de desorden sexual compulsivo en el
cual un adulto (hombre o mujer) abusa de niños preadolescentes.
La gran mayoría de los escándalos sexuales del clero que
están saliendo a la luz ahora no entran propiamente en
la categoría de pedofilia. Más bien, se deben calificar como
efebofilia o atracción homosexual hacia adolescentes. Aunque el número total
de sacerdotes que cometen abuso sexual es mucho más alto
que el de los que son culpables de pedofilia, la
cifra total queda aún por debajo del 2% que es
semejante al porcentaje que se da entre hombres casados (Jenkins,
Pedophilia and Priests).
Con ocasión de la crisis actual en la
Iglesia, otros grupos religiosos e instituciones no religiosas han admitido
tener problemas semejantes tanto de pedofilia como de efebofilia entre
las filas de su clero o personal. No hay evidencia
de que la pedofilia sea más común entre el clero
católico, que entre los Ministros protestantes, los líderes Judíos, los
médicos, o miembros de cualquier otra institución en la que
los adultos ocupen posiciones de autoridad sobre los niños.
Mito 2.
El estado célibe de los sacerdotes conduce hacia la pedofilia
El
celibato no es causa de ninguna adicción sexual desviada, entre
las que se cataloga la pedofilia. De hecho, en comparación
con los sacerdotes, es tan probable que los hombres casados
abusen sexualmente de los niños (Jenkins, Pedophilia and Priests). Entre
la población general, la mayoría de los transgresores son hombres
heterosexuales reincidentes que abusan sexualmente de las niñas. También hay
mujeres que cometen este tipo de abusos sexuales. Aunque es
difícil obtener estadísticas exactas sobre el abuso sexual de los
niños, los rasgos característicos de los que repetidamente cometen abuso
sexual con niños han sido bien descritos. El perfil de
los abusadores sexuales de niños nunca incluye adultos normales que
se sienten atraídos eróticamente hacia los niños como resultado de
la abstinencia (Fred Berlin, Compulsive Sexual Behaviors, in Addiction and
Compulsion Behaviors [Boston: NCBC, 1998]; Patrick J. Carnes, Sexual Compulsion:
Challenge for Church Leaders, in Addiction and Compulsion; Dale O´Leary,
Homosexuality and Abuse).
Mito 3. Si los sacerdotes se casaran, desparecerían
la pedofilia y otras formas de conducta sexual desviada
Algunas personas
incluyendo algunos disidentes católicos que suelen expresar su disconformidad en
público se están aprovechando de esta crisis para promover sus
propios intereses. Como respuesta a los escándalos, algunos están exigiendo
que el clero sea casado, como si el matrimonio hiciera
que "ciertos" hombres dejasen de molestar sexualmente a los niños.
Esta afirmación se desmiente con las estadísticas mencionadas antes sobre
el hecho de que, comparados con los sacerdotes célibes, es
igualmente común que los hombres casados abusen sexualmente de los
niños. (Jenkins, Pedophilia and Priests).
Dado que ni el ser católico
ni el ser célibe predispone a una persona a caer
en la pedofilia, el clero casado no resolvería el problema
(Doctors call for pedophilia research, The Hartford Currant, March 23).
No hay más que mirar a las crisis en otras
religiones, sectas o profesiones para ver este punto con claridad.
El
hecho es que hombres heterosexuales sanos no suelen caer en
la atracción erótica hacia los niños como resultado de su
abstinencia.
Mito 4. El celibato sacerdotal fue una invención medieval
Mentira. En
la Iglesia católica de Occidente, el celibato se practicó ya
universalmente a partir del siglo IV, comenzando con la adopción
que S. Agustín hizo de la disciplina monástica para todos
sus sacerdotes. Además de las muchas razones prácticas para adoptar
esta disciplina se suponía que era un buen medio para
evitar el nepotismo el estilo de vida célibe permitía a
los sacerdotes ser más independientes y disponibles. Este ideal era
también una oportunidad para que los sacerdotes dieran también testimonio
del mismo estilo de vida que sus hermanos los monjes.
La Iglesia no ha cambiado las normas del celibato, porque
con el paso de los siglos se ha dado cuenta
del valor práctico y espiritual que posee (Pablo VI, carta
encíclica sobre El celibato sacerdotal, 1967). De hecho, incluso en
la Iglesia católica del Este que admite también la posibilidad
de tener sacerdotes casados los obispos son elegidos solamente entre
los sacerdotes no casados.
Cristo reveló el verdadero valor y significado
del celibato. Los sacerdotes católicos, desde S. Pablo hasta el
presente le han imitado en la total donación de si
mismos a Dios y a los demás viviendo célibes. Aunque
Cristo elevó el matrimonio al nivel de sacramento que revela
el amor y vida de la Santísima Trinidad, él fue
también testigo vivo de la vida futura. Los sacerdotes célibes
son para nosotros testigos vivos de esta vida futura en
la cual la unidad y el gozo del matrimonio entre
un hombre y una mujer son sobrepasados por la perfecta
y amorosa comunión con Dios. El celibato entendido y vivido
adecuadamente libera a la persona para amar y servir como
Cristo lo hizo.
En los últimos cuarenta años, el celibato ha
sido un testimonio todavía más poderoso del sacrificio amoroso de
hombres y mujeres que se ofrecen a si mismos para
servir a sus comunidades.
Mito 5. Mujeres sacerdotes ayudarían a solucionar
el problema
No hay en absoluto ninguna conexión lógica entre el
comportamiento desviado de una pequeña minoría de sacerdotes varones y
la inclusión en sus filas de las mujeres. Aunque es
verdad que según muestran la mayoría de las estadísticas sobre
abuso de niños es más común que los hombres abusen
de ellos, el hecho es que también hay mujeres que
molestan sexualmente a los niños. En 1994, el National Opinion
Research Center demostró que la segunda forma más común de
abuso sexual de niños era el de mujeres que abusaban
de niños varones. Por cada tres varones abusadores sexuales de
niños, hay una mujer abusadora. Las estadísticas sobre las mujeres
que abusan sexualmente de otros son más difíciles de obtener
porque el crimen es más oculto (entrevista con el Dr.
Richard Cross, "Una cuestión de carácter", National Opinion Research Center;
cf. Carnes). Además, es más imporbable que sus víctimas más
frecuentes, los niños, reporten los abusos sexuales, especialmente cuando el
abusador es una mujer (O´Leary, Child Sexual Abuse).
Hay razones por
las cuales la Iglesia no puede ordenar sacerdotes a las
mujeres (como Juan Pablo II ha explicado en numerosas ocasiones).
Pero esto nos sacaría ahora del tema. El debate sobre
la ordenación de las mujeres no está para nada
relacionado con el problema de la pedofilia ni con otras
formas de abuso sexual.
Mito 6. La homosexualidad no está conectada
con la pedofilia
Esto es simplemente falso. Es tres veces más
probable que los homosexuales sean pedófilos que los hombres heterosexuales.
Aunque la pedofilia exclusiva (atracción hacia los preadolescentes) es un
fenómeno extremo y raro, un tercio de los varones homosexuales
sienten atracción por los adolescentes (Jenkins, Priests and Pedophilia). La
seducción de adolescentes varones por parte de homosexuales es un
fenómeno bien documentado. Esta forma de comportamiento desviado es el
tipo más común de abuso obrado por sacerdotes y está
directamente relacionado con el comportamiento homosexual.
Como Michael Ross muestra en
su libro, Goodbye!, Good Men ((Adiós, hombres buenos!), hay una
activa sub-cultura homosexual dentro de la Iglesia. Esto se debe
a varios factores. La confusión que se ha dado en
la Iglesia como resultado de la revolución sexual de los
años 60, el tumulto posterior al Concilio Vaticano II, y
una mayor aprobación de la homosexualidad por parte de la
cultura. Todo esto hizo que se creara un ambiente en
el cual homosexuales varones activos fueron admitidos y tolerados en
el sacerdocio. La Iglesia se ha apoyado también más en
la psiquiatría para valorar la idoneidad de a los candidatos
al sacerdocio y para tratar a los sacerdotes que tenían
problemas. En 1973, The American Psychological Association (Asociación Psicológica Americana)
dejó de considerar la homosexualidad como una orientación objetivamente desordenada
y la suprimió de su Manual Diagnóstico y Estadístico (Nicolosi,
J., Reparative Therapy of Male Homosexuality, 1991; Diamond, E,. Et
al. Homosexuality and Hope, documento no publicado de la CMA).
Lógicamente, el tratamiento de comportamientos sexuales desviados se vio afectado
por este cambio de actitud.
Mientras la actitud de la Iglesia
hacia quienes tienen problema de atracción homosexual se ha caracterizado
por la compasión, también ha sido firme y constante en
sostener el punto de vista de que la homosexualidad es
objetivamente desordenada y que el matrimonio entre un hombre y
una mujer es el único contexto propio para el ejercicio
de la actividad sexual.
Mito 7. La Jerarquía católica no ha
hecho nada para solucionar la pedofilia
Aunque todos estamos de acuerdo
en que la jerarquía no ha hecho lo suficiente, esta
afirmación es, sin embargo, falsa. Cuando el Código de Derecho
Canónico fue revisado en 1983, se añadió un pasaje importante:
El
clérigo que comete cualquier otra ofensa contra el sexto mandamiento
del decálogo, si la ofensa fue cometida con violencia o
amenazas, o públicamente o con un menor de 16 años
(ahora se ha extendido hasta los 18), debe ser castigado
justamente, sin excluir la expulsión del estado clerical (CIC c.
1395,2*).
Pero ciertamente, no es lo único que la Iglesia ha
hecho. Los obispos, comenzando con el Papa Pablo VI en
1967, publicaron una advertencia dirigida a los fieles sobre las
consecuencias negativas de la revolución sexual. La encíclica papal Sacerdotalis
coelibatus (sobre el celibato sacerdotal), trató el tema del celibato
sacerdotal en medio de un ambiente cultural que exigía mayor
"libertad" sexual. El Papa volvió a reafirmar el celibato al
mismo tiempo que apelaba a los obispos para que asumieran
responsabilidad por "los hermanos sacerdotes afligidos por dificultades que ponen
en peligro el don divino que han recibido". Aconsejaba a
los obispos que buscaran ayuda para estos sacerdotes, o, en
casos graves, que pidieran la dispensa para los sacerdotes que
no podían ser ayudados. Además, les pidió que fuesen más
prudentes al juzgar sobre la aptitud de los candidatos al
sacerdocio.
En 1975, la Iglesia publicó otro documento llamado Declaración
sobre ciertas cuestiones sobre la ética sexual(firmado por el
cardenal Seper y el arzobispo Hamer) que trataba explícitamente, entre
otros asuntos, el problema de la homosexualidad.
Tanto el documento
de 1967 como el de 1975 tratan el tema de
las desviaciones sexuales, incluso la pedofilia y la efebofilia, que
son especialmente frecuentes entre los homosexuales.
En 1994, el Ad hoc
Committee on Sexual Abuse (Comité sobre abuso sexual de la
Conferencia Episcopal Americana) publicó unas orientaciones dirigidas a las 191
diócesis de Estados Unidos para ayudarles a crear unas líneas
de acción para tratar el problema de abuso sexual de
menores. Casi todas las diócesis redactaron sus propias directrices (USCCB
document: Guideliness for dealing with Child sexual Abuse, 1993-1994). En
estas fechas la pedofilia se reconocía ya como un desorden
que no podía ser curado, y como un problema que
se estaba agravando debido al aumento de la pornografía. Antes
de 1994, los obispos siguieron la opinión de los psiquiatras
expertos que creían que la pedofilia podía ser tratada con
éxito. Los sacerdotes convictos de abuso sexual eran enviados a
uno de los establecimientos especializados de los Estados Unidos. Los
obispos frecuentemente se basaban en los juicios de los expertos
para determinar si los sacerdotes estaban listos para volver al
ministerio. Esto no mitiga la negligencia por parte de algunos
miembros de la jerarquía, pero por lo menos ayuda a
entender mejor la cuestión.
Como respuesta a los escándalos recientes, algunas
diócesis están creando comisiones especiales para afrontar los casos de
abuso de menores, y también están creando grupos de defensa
de las víctimas; y están reconociendo oficialmente que se debe
atender inmediatamente cualquier legítima acusación.
Mito 8. La enseñanza de la
Iglesia sobre moralidad sexual es el verdadero problema, no la
pedofilia
La enseñanza de la Iglesia sobre la moralidad sexual se
basa en la dignidad de la persona humana y en
la bondad de la sexualidad humana. Esta enseñanza condena el
abuso de los niños en todas sus formas, lo mismo
que condena otros crímenes sexuales reprensibles como la violación, el
incesto, la pornografía infantil y la prostitución infantil. En otras
palabras, si estas enseñanzas se vivieran, no existiría el problema
de la pedofilia.
La creencia de que esta enseñanza conduce a
la pedofilia se basa en un concepción falsa o en
una deliberada falsa interpretación de la moral sexual católica. La
Iglesia reconoce que la actividad sexual sin el amor y
compromiso que se da solamente en el matrimonio, disminuye la
dignidad de la persona humana y a fin de cuentas
es destructiva. En lo que se refiere al celibato, siglos
de experiencia han probado que hombres y mujeres pueden abstenerse
de la actividad sexual al mismo tiempo que se realizan
plenamente viviendo una vida sana y llena de sentido.
Mito 9.
Los periodistas católicos han ignorado el problema de la pedofilia
Como todo lector de CRISIS sabe, esta afirmación es claramente
falsa. Nuestro artículo de portada de octubre de 2001 se
titulaba así: The High Price of Priestly Pederasty, (El
alto precio de la pederastia de los sacerdotes), una exposición
del escándalo que saldría a la superficie en el resto
de la prensa tres meses después. Puedes leer nuestro artículo
haciendo click sobre el título.
Y nosotros no fuimos los únicos
que hemos seguido el problema de pedofilia/pederastia. Charles Sennot, autor
de Broken Covenant, Rod Dreher de la National Review, el
cofundador de CRISIS, Ralph McIncerny, Maggie Gallagher, Dale O´Leary, The
Catholic Medical Association, Michael Novak, Peggy Noona, Bill Donohue, Dr.
Richard Cross, Philip Lawler, Alan Keyes, and Msgr. George Kelly
han cubierto este tema ampliamente.
El hecho de que el resto
de los medios de comunicación haya ignorado nuestro trabajo, no
significa que no lo hayamos hecho.
Mito 10. El requisito del
celibato limita el número de candidatos al sacerdocio, con el
resultado de que haya un número alto de sacerdotes sexualmente
desequilibrados
Primero de todo, no existe un "alto número de
sacerdotes sexualmente desequilibrados". De nuevo afirmamos que la gran mayoría
de los sacerdotes son normales, sanos y fieles. Cada día
demuestran que son dignos de la confianza de aquellos cuyo
cuidado se les ha confiado.
En segundo lugar, quienes no se
sienten llamados a una vida de celibato están ipso facto
excluidos de poder ser sacerdotes católicos. De hecho, la mayoría
de los hombres no está llamada a ser célibe. Sin
embargo, algunos están llamados, y de entre ellos algunos están
llamados por Dios al sacerdocio.
La vocación sacerdotal, como el matrimonio,
requiere el mutuo y libre consentimiento de ambas partes. Por
tanto, la Iglesia debe discernir si un candidato es verdaderamente
digno y apto mental, física y espiritualmente para comprometerse a
una vida de servicio sacerdotal. El deseo que un candidato
tenga de ser sacerdote no constituye de por sí una
vocación. Los directores espirituales y vocacionales conocen ahora mejor que
nunca las deficiencias de carácter que hacen que un candidato,
en otros campos cualificado, no sea apto para el sacerdocio.
Copyright
(c) 2001 by Crisis Magazine http:// www.crisismagazine.com
Para profundizar en el
tema puedes leer otros artículos relacionados:
- Reflexión del Rev. Richard John Neuhaus acerca del
daño que pueden ocasionar las difamaciones a los sacerdotes Plumas de escándalo
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