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Autor: Alfonso Aguiló | Fuente: Conoze.com No tengo tiempo
El riesgo de caer en agotadoras disquisiciones teóricas no debe hacernos desdeñar la buena y sana teoría de las cosas
No tengo tiempo
Un hombre trabaja serrando árboles en un bosque. Pone mucho
empeño y, sin embargo, está angustiado por el bajo rendimiento
que obtiene de su prolongado esfuerzo. Cada día le lleva
más tiempo acabar su tarea, de modo que le sorprende
la noche cuando aún le quedan bastantes troncos por serrar.
En su
afán por trabajar cada día más, no se da cuenta
de que esa lentitud se debe a que tiene muy
gastado el filo de la sierra. Un buen día se
le acerca un compañero y le pregunta:
- Oye, ¿cuánto
tiempo llevas con este árbol? - Más de dos horas.
- Es raro que lleves tanto tiempo si trabajas a
ese ritmo..., ¿por qué no descansas un momento y afilas
la sierra? - No puedo parar, llevo mucho retraso.
-
Pero luego irás más deprisa y pronto recuperarás los pocos
minutos que supone afilar la sierra. - Lo siento, pero
tengo mucho trabajo pendiente y no puedo perder ni un
minuto.
Y
así concluyó aquella conversación.
Algo muy parecido a este diálogo se repite
con frecuencia en el interior de muchas personas preocupadas por
problemas que afectan seriamente a sus vidas. Se plantean que
quizá deben mejorar su preparación profesional, que deben aumentar su
cultura, que tienen que formarse, que necesitan una renovación personal
que les saque de su fatigosa y rutinaria monotonía...; pero
al final concluyen que no tienen tiempo, que tienen tanto
trabajo que no pueden perder ni un minuto en teorías.
Es cierto que en muchos casos la formación
que a uno le ofrecen o le han ofrecido parece
muy teórica y que no resuelve los problemas que tiene
la gente. La solución entonces es procurarse una formación que
no sea tan teórica y se adapte a las propias
necesidades, pero no renunciar a la formación.
El riesgo de caer en
agotadoras disquisiciones teóricas no debe hacernos desdeñar la buena y
sana teoría de las cosas. Es preciso encontrar un equilibrio,
porque muchas veces, cuando alguien dice que la teoría no
le interesa, que ya se la sabe, lo que probablemente
le suceda es que esté confundiendo la teoría con una
vaga y soporífera verborrea, puesto que no hay nada más
práctico que una buena teoría. Y a bastantes que aseguran
no querer ni oír hablar de teorías lo que quizá
les falle es precisamente la teoría (en el buen sentido
del término). O, visto de otra manera, lo que les
pierde es una teoría de segundo grado: lo que les
pierde es la teoría del desprecio por la teoría.
Atender con esmero
a la propia formación es decisivo para la mejora del
carácter y, en general, para alcanzar una vida lograda. El
problema es que casi todas las actividades encaminadas a mejorar
nuestra formación son de esas actividades importantes pero no urgentes
que, por no apremiarnos en el día a día, muchas
personas suelen dejarlas para un hipotético momento futuro que luego
nunca llega.
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