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Autor: Eulogio López | Fuente: Hispanidad.com Los diez mandamientos del relativismo
El único velo capaz de ocultar la incoherencia es la locura
Los diez mandamientos del relativismo
Para dialéctica de altura la del siglo XIX y
primera parte del XX. Desde entonces, desde el fin de
la II Guerra Mundial hasta ahora, vivimos de prestado.
Los tratados se han convertido en eslóganes y la
búsqueda de la verdad en búsqueda de la búsqueda: en
definitiva, en la turbadora tentación de que la verdad
no existe, por lo que el conocimiento no merece
la pena: lo único que merece la pena es la
divagación eterna e infructuosa sobre las formas de conocimiento.
La cosa empezó a torcerse con Descartes, pero en
el siglo XX alcanzó su plenitud, es decir, alcanzó
el desastre. Es como si la razón hubiera sido recluida
en una prisión y con ella la libertad. Recluida,
claro está en nombre de la libertad de pensamiento.
El progreso intelectual de la civilización occidental ha degenerado
en un círculo oriental, del que es imposible salir.
En Occidente le llamamos relativismo, pero en el fondo el
relativismo no esconde más que la anulación del hombre como
ser racional y, con ello, la anulación de su
libertad. Vivimos en el universo de la contradicción permanente.
Analicemos la situación en unos pocos aforismos, que son lo
mandamientos vigentes.
El primero y más importante de todos,
que los engloba a todos, que los resume y abarca
a todos, es el siguiente:
1. “Nada es verdad ni
nada es mentira, todo depende del color del cristal con
que se mira”. Ahora bien, la frasecita de Campoamor,
que revela como ninguna otra el fin de las
verdades absolutas, es la que incurre en la primera
contradicción flagrante: nada es verdad ni nada es mentira…
menos esta frase, este principio, este dogma aniquilador.
2. “Prohibido
prohibir”, tradujeron los del mayo francés, una generación
que continúa sin abandonar el poder. Ahora bien, si prohibimos
prohibir, ya hay algo que sí está prohibido: prohibir.
3. “Todo es opinable”, aseguran los hombres de la
sociedad de la comunicación. Sí, todo es opinable; todo
menos justamente eso: que todo sea opinable.
4. “Los
dogmas son inadmisibles”. Salvo justamente el que a acabo
de enunciar, indemostrable pero de aplicación forzosa. En cualquier
caso, el hombre siempre parte de un dogma para
concluir, tanto en el pensamiento deductivo como en el
inductivo.
5. “Libertad de pensamiento”. Muy cierto, pero dos más
dos sólo son cuatro en base 1 y por
definición. Nadie comienza pensar desde cero, sino desde un
eje de coordenadas que le viene dado. El pensamiento humano
está sometido a reglas estrechas, que componen lo que
se conoce como la ciencia de la lógica: no
damos para más y no es para avergonzarse de ello.
A fin de cuentas, mal de muchos...
6. “Toda idea,
principio o creencia es tan respetable como otra”. ¿Todas?
No, porque la que acabo de escribir vale mucho más
que cualquier otra y es acreedora del mayor de
los respetos.
7. “Eduquemos en libertad”. Pero eso es
imposible: si concedemos libertad al alumno para someterse o
rechazar la educación, seguramente optará por la libertad de
no educarse, sobre todo si piensa en el sometimiento y
el esfuerzo que implica el hacerlo. Lo único que
importa es la tolerancia, no las ideas que se
toleran. Es más, la misma libertad de expresión es un
atentado contra la libertad ajena, en cuanto pude influir
en el interlocutor.
8. “No acepto aquello que
no sea demostrable”. Pero ni tan siquiera puedo demostrar
nuestra existencia. Lo empíricamente demostrable no alanza ni el
0,1% e lo conocimientos humanos. Tampoco puedo dar razón de
mi existencia.
9. “Lo que se ve, existe, y
lo que no se ve, no existe”. Pero nuestros
sentidos nos engañan. Además, de esta forma no existirían la
lunas de Júpiter, ni el amor, ni el dolor,
ni la belleza, ni el arte, ni la literatura…
Además, ¿estamos seguros de que la vida no es sueño
y ensueño no es la verdadera vida?
10. “Nadie
puede decir lo que está bien o lo que
esta mal”. Pero esta política de no injerencia es
buena en sí misma, así como sus numerosos desarrollos
en forma de juicios morales, esos juicios que constantemente
estamos pronunciando. Es más, si en algo creemos es en
nuestras críticas al próximo o en nuestros halagos (en
ésos menos, dado que resultan menos numerosos).
No me
extraña que el hombre actual esté mareado. Sufre de
vértigo intelectual y sus síntomas son: falta de personalidad,
acentuada inseguridad en sus talentos. O sea, que el
relativismo le ha llevado al complejo de inferioridad, a la
tristeza: Porque el hombre puede ser bueno o malo, sabio
o ignorante, pero lo que su propia naturaleza racional
no puede aceptar jamás sin romperse en pedazos es
vivir en la contradicción. El único velo capaz de ocultar
la incoherencia es la locura. Y ésa es, precisamente, la
meta lógica de todo relativismo.
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