La cantidad de $170,000 que Catholic.net necesita alcanzar dividida entre los 250,000 usuarios diarios del portal corresponde a un importe de menos de ¡0.70 dólares por cada uno!
En la práctica es imposible recibir 0.70 dólares de cada uno de los 130,000 usuarios, ¡pero quizá sí es posible recibir 50 dólares de 3,400 de ustedes! ¿Podría usted formar parte de ese "grupo de los 3,400" de cuya generosidad depende la sobrevivencia y el desarrollo de Catholic.net? ¡Por favor, piénselo! ¡Envíe su donativo hoy mismo!
Autor: Cardenal Paul Poupard | Fuente: Consejo Pontificio de la Cultura La cultura de la indiferencia religiosa
La globalización ha influenciado grandemente la no creencia, mediante un paradigma de felicidad norteamericano, que relativiza la relación con el Trascendente
La cultura de la indiferencia religiosa
Una locución, quizá no tan usada en el lenguaje ordinario
de las sociedades contemporáneas es el de la indiferencia religiosa.
Delante del fenómeno de la secularización que predecía la desaparición
del ámbito religioso en la sociedad moderna, se ha comprobado,
que lejos de desaparecer, el horizonte religioso ha crecido con
nuevo vigor, aunque si bien con una orientación diversa.
La
secularización del contexto moderno ha dejado una expresión religiosa de
tipo subjetivista; despreciando cualquier clase de institucionalización de la esfera
religiosa que pretenda proponer la verdad absoluta de su credo.
Para algunos, el único canal de supervivencia de la religiosidad
se encuentra en la presentación de contenidos religiosos evolutivos y
polifacéticos, cualquier clase de desarrollo dogmático tradicional conduciría a la
petrificación religiosa y a su anacronismo. Otros observan que la
religiosidad permanecerá vigente en la medida que pueda ofrecer, una
propuesta seria sobre al sentido de la vida, al que
la modernidad no ha podido responder.
Por otro lado, los
derechos del hombre vienen defendidos, pero sin referencia al Trascendente
Personal. Estamos delante de un nuevo humanismo, un humanismo auto
idolátrico, narcisista [17]. “Yoísta”, del concreto individuo, no del género
humano, como lo fueron el renacimiento, el racionalismo, el idealismo
alemán o el marxismo, ni siquiera del tipo reflexivo existencialista,
sino de la absoluta subjetividad hermética de cada individuo.
La decepción
de la razón y su acelerada caída, han afirmado en
la nueva religiosidad una ruptura entre creencias profesadas y regla
moral. Cualquier pretensión de norma viene visto como atentado [18]
a la autonomía moral del individuo.
El hombre ya no es
centro de todo, sino el “yo”. El hombre es solo,
de ahí que busque una disolución de su soledad en
la naturaleza [19], con la cual forma un solo elemento,
pero que paradójicamente explota y destruye para lograr el confort,
que constituye el valor absoluto de bondad.
Desde el ámbito fenomenológico
la increencia no se presenta como corriente de pensamiento ateo,
mucho menos como fenómeno claramente manifiesto, sino como un dato
extendido en la realidad occidental, que no es rechazado por
la sociedad, ni contestado por los creyentes. Aparece pues, como
una corriente envolvente, una mezcla de apatía, relativismo y tolerancia
con respecto a la realidad trascendente. Hablar o no hablar
de Dios, es realmente indiferente improductivo. El ateísmo teórico ha
sido tan efectivo en las décadas pasadas, que se transformado
en un estilo asimilado de vida [20], donde la fe,
viene suplantada por el sentimiento religioso, expresión emotiva de la
inmanencia. El ateísmo no necesita ya combatir la trascendencia de
Dios, hoy se vive el sepelio de Dios en la
cripta sentimentalista de la yo [21].
El paradigma dominante [22] de
bienestar, propone la felicidad como autosuficiencia y bienestar individual en
materia económica, se erige como el único horizonte creíble de
realización humana, para lo cual es preciso renunciar a la
identidad histórica, la pertenencia familiar, la memoria regional, el marco
de valores tradicionales y todo aquello que suponga un obstáculo
a la uniformidad industrial de producción y a la generación
económica. Las tradiciones son vistas como mero atavismo ancestral que
impide la realización personal, por ello han de ser superadas
por nuevas tradiciones, no comunitarias, sino individuales, ligadas a momentos
"mágicos" de sentimiento. De este modo se intercambia la dimensión
histórica de la fe y los sacramentos cristianos, con la
expresión hermética de la propias formulaciones religiosas basadas en la
emoción y la mágica fuerza de los amuletos personales.
La
globalización como instrumento de propagación de este modelo atomizador, ha
influenciado grandemente la no creencia, mediante un paradigma de felicidad
norteamericano, que relativiza la relación con el Trascendente, recluyéndolo aún
más en el ámbito subjetivo, igualando así las diversas formas
de valores culturales y reduciendo el impacto y continuidad de
la transmisión de la fe.
El resurgimiento religioso parece orientarse en
dos direcciones precisas y diversas del desarrollo previo:
1) La
negación de la objetividad de la realidad Trascendente, que por
lo tanto no puede ser administrada u ofrecida por ninguna
clase de institución religiosa; implicando así el desprecio por la
dimensión histórica y Reveladora de la fe.
2) El rechazo o
indiferencia a lo que signifique alteridad, la divinidad no puede
ser “Personal”, ello implicaría diversidad, Autoridad y Obediencia. La vivencia
colectiva sólo tiene valor en cuanto los otros sienten lo
mismo que yo. La iniciación es válida para estas nuevas
formas religiosas en la medida que permite sentirse o reconocerse
como protagonista de esta acción o cuando permite tener emociones
“fuertes”. Ello explicaría el auge occidental del modelo asiático monista
de trascendencia lo humano y lo divino identificados y disueltos
[23].
La opción religiosa o de creyente es asunto meramente
subjetivo, de elección personal, cuyos efectos son también subjetivos y
objetivamente en nada distintos de los que un no creyente
experimenta. No hay diferencia entre creer y no creer. La
creencia de fe no aporta ningún beneficio o privilegio objetivo,
cualquier clase de razonamiento que intente mostrar que la fe
da respuestas a lo que el no creyente no tiene,
se ve observado como anticuado, iluso y autoritario. Esta situación
proviene de la aceptación legal en que los no creyentes
poseen valores propios, dignos de respeto e iguales a los
cristianos. El impacto y las modalidades de secularismo y el
relativismo presentes en la mentalidad hodierna de los católicos, podría
requerir diversos convenios sobre el argumento, en esta ocasión será
presentado por el Profesor Pedro Morandé, como uno de los
rasgos culturales que configuran la actual sociedad tecnócrata.
Solamente cuando la
fe es puesta como respuesta histórica al mensaje de Jesucristo,
viene vista como objetivamente distinta a los valores de los
no creyentes, pero precisamente por ser histórica, pero no viene
valorada como opción de superioridad antropológica, sino sólo como una
misión en la historia, no diversa del determinismo.
Así cualquier expresión
radical de la fe es vista como sectaria. Hacer presente
la fe en lo cotidiano se vuelve rareza. Del mismo
modo la afirmación sin ambages de identidad católica es criticada
como fundamentalismo, del mismo modo que la pertenencia a una
experiencia comunitaria eclesial se denuncia como integrismo o gueto. Y
esto, no por las demás religiones, sino por los mismos
católicos que ha fuerza de contemporizar con el secularismo, ha
generado una propuesta católica “light”.
¿Será que la insatisfacción de
la experiencia religiosa de la fe católica en nuestras sociedades,
es el resultado de una vivencia intensa de la fe,
descubierta como fraude? ¿No será más bien el rechazo a
formas ingenuas, corrompidas y superficiales de una religiosidad popular “light”,
de moralismo legalista e ignorancia histórica? ¿La indiferencia no estará
invocando de alguna manera una forma más radical de experiencia
del Trascendente precisamente en la historia y una vivencia más
intensa y personal de la vida comunitaria [24]?
EMMO. Y
RVMO. SR. CARDENAL Paul Poupard Presidente del Consejo Pontificio de la
Cultura
La misión de los Centros Culturales Católicos, un servicio al
Evangelio que refuerza la identidad católica
Todos los servicios de Catholic.net son gratuitos.
Sólo nos mantenemos gracias a los donativos que, voluntariamente, nos hacen algunos de nuestros visitantes.
Necesitamos de tu ayuda para continuar anunciando el mensaje de Cristo a través de la Red.
Ayúdanos, Dios te lo recompensará. DA CLICK AQUÍ PARA DONAR