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Autor: Rodrigo Ramírez | Fuente: Equipo Gama Una moral para todos
Si lo propio de cada religión se deja de lado para evitar conflictos, ¿qué sucederá cuando haya que juzgar sobre temas éticos en conflicto?
Una moral para todos
Una de las asignaturas pendientes de las sociedades globalizadas es
la ética. Los problemas que surgen de las diversas posiciones
llevan a debates más o menos encendidos donde se ha
aplicado sin más la ley de la mayoría sea por
medio de referéndum sea por las así llamadas mayorías parlamentarias.
Así ha ocurrido y sigue ocurriendo en temas como el
divorcio, el matrimonio, las parejas de hecho, el aborto, la
eutanasia, etc. Hay quienes aún así contestan las legislaciones y
se amparan en la «objeción de conciencia». Otros afirman que
no es deber de la legislación positiva el tratar varios
de esos temas. Finalmente hay quienes consideran que temas tan
delicados de la ética no se deberían llevar a consultas
populares ni depender de decisiones mayoritarias.
Así el fenómeno más generalizado
en tiempos de globalización es que en temas éticos no
nos ponemos de acuerdo. Tanto la filosofía como la ciencia
no parecen buenos puntos de partida para lograr el tan
deseado consenso. Por eso se afirma que es la religión
–más bien las religiones– la llamada a intervenir para lograrlo.
Y es que las religiones proclaman de sí mismas que
son un modo de establecer relación con la divinidad pero
también desembocan en un comportamiento adecuado, en una ética. Y
aunque sea por pura ley del número, las religiones terminan
siendo instancias morales que ofrecen motivaciones mucho más fuertes para
el comportamiento ético de la mayoría de las personas.
Entonces, ¿cómo
poner de acuerdo a las religiones en materia ética? Seguramente
no aceptarán ser asimiladas en una religión mundial, ni siquiera
por el bien mayor de la paz entre los hombres.
Levantar una torre de Babel religiosa sólo sería promesa de
nuevos conflictos entre quienes no se dejarán absorber.
Tampoco se puede
esperar mucho consenso en la medida en que cada religión
considere ser la única instancia válida y crea que el
diálogo surge sólo tras la conversión del interlocutor...
Entonces se
podría pedir a las religiones que al menos dejen de
lado sus posibles conflictos religiosos para ponerse de acuerdo –por
medio de la elaboración de criterios éticos universales– en una
moral proponible a todos. Ese es, en pocas palabras, el
ideal del proyecto de ética global.
¿Qué pensar de esta idea
que va tomando cuerpo en nuestros días? Creo que introduce
un criterio que va a dar muchos dolores de cabeza
y que en sustancia no resuelve el problema. Porque si
lo propio de cada religión se deja de lado para
evitar conflictos, ¿qué sucederá cuando haya que juzgar sobre temas
éticos en conflicto? Es posible que en gran parte de
los problemas esos criterios éticos universales nos permitan llegar a
un consenso. Pero en los que realmente haya diferencias, ¿se
van a dejar de lado de nuevo? Julián Marías recordaba
hace años que el avestruz seguía siendo el animal totémico
de buena parte de nuestra tribu: Esconder la cabeza o
no considerar los temas conflictivos no es el mejor modo
de resolverlos. Es como dejar enemigos vivos y sueltos en
la retaguardia: tarde o temprano se arman y te disparan
por la espalda.
Y entonces, alguno me preguntará ¿qué alternativas ofreces?
Parecerá simplista pero la evangelización sigue siendo la respuesta. El
cristiano tiene el mandato de ir y bautizar. En la
medida en que viva la caridad de Cristo su testimonio
y su mensaje se hará creíble. Por tanto, no es
un esperanto de religiones lo que salvará al mundo de
sus problemas éticos, sino los santos, la santidad vivida y
realizada en cada cristiano. Se ha de reflexionar y dar
razón de la propia fe a quienes busquen luz sobre
ella, se ha de mostrar el dorso de la moral
cristiana para quien quiera oírla pero el deber fundamental sigue
siendo vivir el evangelio sin glosa y predicarlo a los
demás.
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