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Autor: Sandro Magister Y se hizo la noche. La verdadera historia del pecado original
El pecado original es uno de los dogmas más descuidados y negados. Pero para Benedicto XVI es de una evidencia aplastante
Y se hizo la noche. La verdadera historia del pecado original
Benedicto XVI ha insistido tres veces en ocho días en
un dogma que casi ha desaparecido de la predica común
y que es negado por los teólogos neomodernistas: el dogma
del pecado original.
Lo ha hecho el lunes 8 de
diciembre en el Angelus de la fiesta de la Inmaculada;
el anterior miércoles 3 en la audiencia semanal con miles
de fieles y peregrinos; y una vez más en la
audiencia general del miércoles 10.
En el Angelus de la
Inmaculada el Papa Joseph Ratzinger se expresó de la siguiente
manera:
"El misterio de la Inmaculada Concepción de María, que
hoy solemnemente celebramos, nos recuerda dos verdades fundamentales de nuestra
fe: ante todo el pecado original, y luego la victoria
de la gracia de Cristo sobre él, victoria que resplandece
en modo sublime en María Santísima.
"La existencia de aquello
que la Iglesia llama pecado original es lamentablemente de una
evidencia aplastante, con sólo mirar alrededor nuestro y antes dentro
de nosotros mismos. La experiencia del mal es de hecho
tan consistente que se impone por sí misma y suscita
en nosotros la pregunta: ¿de dónde proviene? Especialmente para un
creyente la interrogante es aún más profunda: si Dios, que
es Bondad absoluta, ha creado todo, ¿de dónde viene el
mal? Las primeras páginas de la Biblia (Gen 1-3) responden
precisamente a esta pregunta fundamental que interpela a cada generación
humana, con el relato de la creación y de la
caída de los padres: Dios ha creado todo para que
exista, en particular creó al ser humano según su propia
imagen; no ha creado la muerte, sino que ésta entró
al mundo por la envidia del diablo que rebelándose a
Dios, atrajo con el engaño también a los hombres, induciéndoles
a la rebelión (cfr. Sb 1, 13-14; 2, 23-24). Es
el drama de la libertad, que Dios acepta hasta el
final por amor, pero prometiendo que habrá un hijo de
mujer que aplastará la cabeza de la antigua serpiente (Gen
3, 15).
"Desde el principio, pues, ´el eterno consejo´ –
como diría Dante (Paraíso, XXXIII, 3) – tiene un ´final
establecido´: la Mujer predestinada a ser madre del Redentor, madre
de Aquel que se humilló hasta el extremo para llevarnos
nuevamente a nuestra original dignidad. Esta Mujer, a los ojos
de Dios, tiene desde siempre un rostro y un nombre:
´llena de gracia´ (Lc 1, 28), como la llamó el
Ángel visitándola en Nazaret. Es la nueva Eva, esposa del
nuevo Adán, destinada a ser madre de todos los redimidos.
Así escribía san Andrés de Creta: ´La Theotókos María, el
común refugio de todos los cristianos, ha sido la primera
en ser liberada de la primitiva caída de nuestros padres´
(Homilía IV sobre la Navidad, PG 97, 880 A). Y
la liturgia de hoy afirma que Dios ha preparado una
digna morada para su Hijo y, en previsión de la
muerte de Él, la ha preservado de toda mancha de
pecado´ (Oración Colecta).
"Queridísimos, en María Inmaculada contemplamos el reflejo
de la belleza que salva al mundo: la belleza de
Dios que resplandece en el rostro de Cristo".
Pero en
la audiencia general del miércoles 3 de diciembre el Papa
ha ido más al fondo sobre el pecado original.
Cada
miércoles, desde que se ha iniciado el Año Paulino, Benedicto
XVI dedica sus catequesis semanales a ilustrar la vida, los
escritos, la doctrina del apóstol Pablo. Esta era la decimoquinta
catequesis de la serie. En las dos anteriores el Papa
había explicado la doctrina de la justificación y el nexo
entre la fe y las obras. Esta vez, en cambio,
el tema de partida era la analogía entre Adán y
Cristo, desarrollada por Pablo en la primera carta a los
Corintios y más aún en la carta a los Romanos.
Recorriendo esta analogía, Pablo evoca el pecado de Adán para
dar la mayor relevancia a la gracia salvadora donada por
Cristo.
Como generalmente ocurre en las catequesis de los miércoles,
Benedicto XVI se ha valido de un texto escrito por
expertos colaboradores. Pero como ha pasado en otras ocasiones, se
ha salido del mismo. Esta vez más de lo usual.
Del tercer acápite en adelante se ha dirigido directamente a
los presentes, improvisando.
Ha hecho lo mismo en la audiencia
del miércoles siguiente, 10 de diciembre. Tenía en la mano
un texto escrito, pero habló casi totalmente improvisando. Y en
la parte inicial volvió sobre el pecado original de la
siguiente manera:
"Queridos hermanos y hermanas, siguiendo a san Pablo
hemos visto en la catequesis del miércoles pasado dos cosas.
La primera es que nuestra historia humana desde los inicios
está contaminada por el abuso de la libertad creada, que
intenta emanciparse de la voluntad divina. Y así no encuentra
la verdadera libertad, sino que se opone a la verdad
y consecuentemente falsifica nuestras realidades humanas. Falsifica sobre todo las
relaciones fundamentales: la relación con Dios, la relación entre hombre
y mujer y aquella entre el hombre y la tierra.
Hemos dicho que esta contaminación de nuestra historia se difunde
a todo su tejido y que este defecto heredado ha
ido aumentando y hoy es visible por todas partes. Esta
era la primera cosa. La segunda es esta: hemos aprendido
de San Pablo que existe un nuevo inicio en la
historia y de la historia en Jesucristo, Aquel que es
hombre y Dios. Con Jesús, que viene de Dios, comienza
una nueva historia formada por su sí al Padre, fundada
por tanto no sobre la soberbia de una falsa emancipación,
sino sobre el amor y sobre la verdad.
"Pero ahora
se pone la cuestión: ¿cómo podemos entrar nosotros en este
nuevo inicio, en esta nueva historia? ¿Cómo llega a mí
esta nueva historia? Con la primera historia contaminada estamos inevitablemente
unidos por nuestra descendencia biológica, perteneciendo todos nosotros al único
cuerpo de la humanidad. ¿Pero cómo se realiza la comunión
con Jesús, el nuevo nacimiento para entrar a ser parte
de la nueva humanidad? ¿Cómo llega Jesús a mi vida,
a mí ser? La respuesta fundamental de san Pablo, de
todo el Nuevo Testamento es: llega por obra del Espíritu
Santo. Si la primera historia se inicia, por decirlo así,
con la biología, la segunda se inicia en el Espíritu
Santo, el Espíritu de Cristo resucitado. Este Espíritu ha creado
en Pentecostés el inicio de la nueva humanidad, de la
nueva comunidad, la Iglesia, el Cuerpo de Cristo".
Estas improvisaciones
son un indicio importante para entender el pensamiento de Benedicto
XVI. Estas hacen notar las cosas que más le interesan,
las que quiere imprimir más en las mentes de los
oyentes.
El pecado original, este dogma que hoy está tan
descuidado, es una de estas verdades que el Papa Ratzinger
siente la necesidad de darle nuevo vigor.
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