Autor: P. Miguel Ángel Fuentes, V.E. | Fuente: El Teólogo Responde La pereza ¿pecado mortal o venial?
Los autores espirituales la consideran madre de todos los vicios
La pereza ¿pecado mortal o venial?
Qué gravedad tiene el pecado de pereza? Considero
que soy perezoso en el cumplimiento de mis obligaciones, no
obstante que me gradué de la universidad con muy
buenas notas; no me he titulado y de esto hace
ya más de un año y no he buscado trabajo
todavía, aunque por mi posición económica no lo requiero de
inmediato y no hay nadie que dependa de mí. Pero
estoy perdiendo el tiempo. Me he tratado de enmendar y
estoy avanzando en mi tesis, pero a ritmo muy lento
y de una forma no muy diligente aunque me empeño
en romper este vicio. Pero como no lo he vencido,
me mantiene muy intranquilo. No se habla mucho sobre la
pereza; ¿qué tipo de pecado es: mortal o venial? ¿cómo
medir su gravedad? ¿cómo tener un criterio cierto y no
laxo, ni escrupuloso, para juzgarme?
La pereza es la tendencia a
la ociosidad o por lo menos a la negligencia y
al entorpecimiento en la acción. Se llama acedia cuando se
refiere a la pereza respecto del procurar la amistad con
Dios y los bienes espirituales, a causa de los esfuerzos
exigidos para su conservación. En este caso se aproxima a
la tibieza espiritual.
La gravedad se mide, por lo general, por
la importancia de las obligaciones que ella hace descuidar. Puede,
por tanto, ser leve o grave, según las omisiones o
negligencias que suscite.
La acedia llega a rechazar el gozo que
viene de Dios y a sentir horror por el bien
divino. Se opone a la caridad porque hace que el
hombre no encuentre placer en Dios y considere las cosas
que se refieren a Dios como cosa triste, sombría y
melancólica.
Cuando se trata de una simple tentación o estado involuntario
de abatimiento y desgano no es pecado. Pero cuando se
trata de una positiva y voluntaria resistencia a las cosas
divinas constituye un pecado grave contra la caridad para con
Dios.
En cuanto a los pecados que este vicio engendra, los
autores espirituales lo consideran madre de todos los vicios.
Los remedios
que deben prescribirse para vencerla serán:
1º Convencerse de la necesidad
de producir fruto, de la gravedad de las omisiones que
pueden resultar de la pereza; del peligro del hábito de
pereza; de la gravedad que implica al ponernos en ocasión
de todos los pecados.
2º Contemplar el ejemplo y las enseñanzas
de Cristo y los santos.
3º Trabajar la voluntad y el
carácter, habituándose a superarse en pequeños esfuerzos, hasta adquirir la
firmeza y constancia en el obrar.
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