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Autor: P. Clemente González | Fuente: Catholic.net Y... ¿qué ganan los muertos?
¿Por qué las misas de difuntos? ¿por qué el luto? ¿de que le sirve al muerto que yo vaya a "verlo" al cementerio?
Y... ¿qué ganan los muertos?
En este nuevo siglo XXI, que nos ha sido
dado conocer, nos damos cuenta de cómo se mezclan cristianismo
y paganismo, y no sólo eso, también notamos que el
cristianismo comienza a considerarse como un mito antiguo, algo ya
pasado de moda que se está superando y que el
paganismo es lo actual, lo moderno, lo "adecuado" para nuestra
época...
Esta mezcla de cristianismo-paganismo se hace patente en la celebración
del día de los difuntos. Cada cultura tiene sus tradiciones y sus costumbres, y los católicos tenemos las
propias, que aunque las llevamos a cabo, en ocasiones no
estamos tan familiarizados con ellas como lo estamos con fiestas
como Halloween. Por esto algunas veces nos preguntamos: ¿por
qué las misas de difuntos? ¿por qué el luto? ¿de
que le sirve al muerto que yo vaya a "verlo"
al cementerio?
Hay celebraciones de naturaleza popular, como las que
se realizan en las afueras de los cementerios, que tienen
un carácter festivo y suelen ser una forma de mitigar
el dolor que implica la pérdida de un ser querido;
otro tipo de celebración consiste en la visita individual o
colectiva al cementerio para entregar un homenaje póstumo al difunto
o sencillamente demostrar el inolvidable cariño hacia su persona.
Las celebraciones
de naturaleza religiosa se basan también en la rica experiencia
acerca de la muerte que tiene nuestra cultura y en
la larguísima tradición de la Iglesia a través de la
historia.
Mencionaremos las más comunes y así sabremos el por qué
de las mismas y "qué ganan los muertos" con ellas.
Preparación
cristiana para la muerte
El cristiano se prepara para la muerte
durante la vida, mas cuando en una casa llegan los
avisos de la muerte, es obligación grave así como costumbre
cristiana y deseo ferviente, tanto por parte de quien muere
como de sus deudos, que alguna persona de la familia
o vecino cercano se encargue de avisar a la parroquia
para que vayan a darle los últimos sacramentos al enfermo
o, como suele decirse, el santo óleo o extremaución y
en el lenguaje popular, "santolio".
Este sacramento, la Unción de los
enfermos, está especialmente destinado a reconfortar a los atribulados por
la enfermedad; se administra en caso de grave enfermedad, antes
de una operación importante, o a las personas de edad
avanzada cuyas fuerzas se debilitan . Se celebra en forma
litúrgica y comunitaria, teniendo lugar en familia, en el hospital
o en la iglesia, para un solo enfermo o para
un grupo de enfermos. Catecismo de la Iglesia Católica (1499-1523).
Y...
¿qué gana el enfermo con este sacramento?
1. Un don particular del
Espíritu Santo que da al enfermo la gracia de consuelo,
de paz y de ánimo, renovando en él la fe
y confianza en Dios y fortaleciéndolo contra las tentaciones, especialmente
de desaliento y angustia ante la muerte. Con esta gracia
el Señor, por la fuerza del Espíritu, quiere conducir al
enfermo a la curación del alma, pero también la del
cuerpo, si es voluntad de Dios.
2. El enfermo recibe la fuerza
y el don de unirse a la Pasión de Cristo
y el sufrimiento recibe un sentido nuevo.
3. Una gracia eclesial en
la que la Iglesia , por medio de la comunión
de los santos, intercede por el bien del enfermo, y
el enfermo, a su vez, contribuye a la santificación de
la Iglesia y el bien de todos los hombres.
4. Una preparación
para los que están a punto de salir de esta
vida que ofrece un escudo para defenderse en los últimos
combates y entrar en la Casa del Padre. Catecismo de
la Iglesia Católica (1499-1523).
El viático
La Iglesia ofrece como viático,
en el momento del paso hacia la muerte, la Comunión
de Cuerpo y la Sangre de Cristo, siendo así la
Eucaristía el sacramento de paso de la muerte a la
vida, de este mundo al Padre. Catecismo de la
Iglesia Católica (1524-1525)
El día de la muerte
El día de la
muerte inaugura para el cristiano, al término de su vida
sacramental, la plenitud de su nuevo nacimiento comenzado en el
bautismo. La Iglesia, que ha llevado al cristiano en su
seno durante su peregrinación terrena, lo acompaña al término de
su caminar para entregarlo “en las manos del Padre”. La
Iglesia lo ofrece a Dios y deposita en la tierra,
con esperanza, el germen del cuerpo que resucitará en la
gloria. Esta ofrenda se celebra plenamente en el sacrificio eucarístico.
Catecismo de la Iglesia Católica (1681-1683). La Eucaristía es el
centro de la vida cristiana y en cuanto a sacrificio
es ofrecida también en reparación de los pecados de los
vivos y los difuntos, y para obtener de Dios beneficios
espirituales o temporales.
La agonía: la devoción a la Virgen
del Carmen y la práctica del Santo Rosario
Durante la agonía
de una persona, cuando ha sido devota de la Virgen
del Carmen, el uso del Escapulario de
la Virgen, que encierra las promesas de morir en gracia
de Dios y salir del purgatorio lo antes posible, y
el rezo del Santo Rosario como el medio más conveniente
y eficaz para obtener la ayuda maternal de la Virgen,
son devociones que ayudarán al enfermo a tener una buena
muerte, siempre y cuando él mismo se encuentre sin pecado
grave y con disposición para recibir estas gracias, pudiendo ganar
la indulgencia plenaria. El Papa Pío XI, en su lecho
de muerte, deja como testamento el rezo del Rosario por
ser "un Evangelio compendiado y dará a los que lo
rezan los ríos de paz de que nos habla la
Escritura; es la devoción más hermosa, más rica en gracia
y gratísima al corazón de María".
Indulgencias por los difuntos
Todo
pecado lleva una culpa y una pena. La culpa se
perdona en la confesión. La pena hay que expiarla en
esta vida o en la otra. La Iglesia tiene el
poder de expiar esta pena por medio de las indulgencias.
La indulgencia es parcial o plenaria, según libere en parte
o del todo de la pena temporal debida por los
pecados. Nadie puede aplicar la indulgencia que adquiere por personas
que viven aún, pero pueden aplicarse por los difuntos a
modo de sufragio.
La indulgencia plenaria se puede adquirir solamente una
vez al día, salvo "In articulo mortis", es decir, que
si no hay un sacerdote que pueda administrar los sacramentos
y la bendición apostólica con la indulgencia plenaria adjunta, la
santa Iglesia concede al moribundo, dispuesto convenientemente, la indulgencia plenaria,
con tal de que el interesado, durante su vida, haya
recitado habitualmente algunas oraciones.
La religiosidad popular
El sentido religioso de los
cristianos, ha encontrado su expresión en formas variadas de piedad
en torno a la vida sacramental. Estas expresiones prolongan la
vida litúrgica de la Iglesia pero no la sustituyen.
Las
exequias expresan el carácter pascual de la muerte cristiana y
responden a las situaciones y las tradiciones de cada región.
En ellas se expresa la comunión eficaz con el difunto
por parte de la Iglesia y de la asamblea reunida,
a la que se le anuncia la vida eterna.
La visita
a los cementerios con la oración, aunque solo sea mental,
por los difuntos, y aplicada solamente a las almas del
purgatorio, del día 1 al 8 de noviembre, tiene indulgencia
plenaria.
Otras prácticas como son la mortaja, el velatorio, el entierro
o cremación, y el luto, son costumbres determinadas por la
cultura y la sociedad, que llevadas a cabo con un
sentido religioso y esclareciéndolas a la luz de la fe,
la Iglesia favorece por enriquecer a la vida cristiana.
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